¡Que gobierne Macri!

El presidente volvió a decir que los impuestos son malos y que necesitamos que bajen, sólo para anunciar que se necesita que vuelvan a subir. El estadista que necesita el país.

Por Javier Boher
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MacriHay un viejo chiste en el que el presidente (Kirchner en la versión del Flaco Pailos, pero tantos en la historia) va a visitar una escuela y habla de las bondades de la Argentina. “En Argentina hay trabajo”, “en Argentina no hay corrupción”, “en Argentina hay igualdad”. Los chicos, ilusionados, le suplican al jefe de Estado que los lleve a Argentina.
El chiste no sólo es gracioso por el pedido de los chicos, sino que va a algo mucho más profundo. El humor sólo existe cuando es una válvula de escape para la gente, es el código que comparten los que padecen iguales penurias.
Algo como aquello es lo que pasó en los últimos días con el presidente Macri. El miércoles habló como el candidato en campaña, como el tipo al que se puede votar si se busca un cambio de rumbo. Dijo que los impuestos son altos y que dañan la economía. Gracias presidente, al fin alguien que entiende.
Sin embargo ayer dispararon para otro lado y anunciaron que pagarán ganancias las indemnizaciones de altos salarios y las transferencias de inmuebles. Macri dijo que no queda otra, que hay que hacerle frente al déficit, porque la herencia y esas cosas. Contradicciones relámpago en menos de 24 horas, algo que sólo pensábamos que podían hacer los mismos que gobernaron siempre.
Por esas contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace es que la afirmación del presidente de que los impuestos son malos sufre la misma suerte de los chistes que se hacen para adornar a los poderosos: no conmueve a nadie. ¿Cómo creerle el sufrimiento por los impuestos al que después sale a defender el aumento de tributos porque no pueden hacer cerrar las cuentas?.
Como para arreglar las cosas, como él es de pueblo y sabe ponerse en el lugar del otro, sale a decir que se lo comen los nervios pensando en una final entre Boca y River. Casi los mismos nervios que tiene el padre de familia numerosa que no sabe si llega a fin de mes. Igualito.
La peor parte es que, además de la contradicción exteriorizada por el Jefe de Estado, en la Argentina rige la inequidad. Porque los impuestos son malos y hay que parar el déficit, ya sabemos. Pero parte del gasto que genera el déficit existe para pagar los exorbitantes sueldos de los empleados judiciales… que no pagan impuestos. Sin patronal, decretan sus propios aumentos y nos pasan la factura a los contribuyentes. Un fenómeno.
Se puede decir que aquellos que demoran los trámites, dificultan el acceso a la justicia y protegen sus ingresos son los que obligan a que aumente la presión impositiva sobre los que producen la riqueza -tanto trabajadores como empresarios-. Es difícil entender qué puede ser que estemos haciendo mal.
El año es largo y la campaña va a promover la memoria selectiva, por lo que seguramente Macri y los suyos se mantengan en el poder. Pero es mucho más fácil ganar elecciones que gobernar. ¿Para qué sirve disputar el poder si finalmente no se generan beneficios para los que se cargan en el lomo la responsabilidad de mantener el país a flote?.
No hay dudas de que en Argentina -el país verdadero, no el del chiste- estamos acostumbrados a que los políticos no cumplan con sus promesas. Que van a traicionar a su electorado es casi la única certeza que nos dejan cuando los votamos. Es tan habitual que si nos dijeran que van a hacerlo no les creeríamos.
Aunque los nervios del presidente están de punta por la final de la Libertadores, los que esperamos liberarnos de los impuestos deseamos que alguno finalmente haga la punta. Porque los chistes malos se pasan rápido, pero los gobiernos malos dejan consecuencias que perduran en el tiempo. Tanto, que nos dejan estos líos. Esperemos que este muchacho Macri pueda llegar a ser gobierno y cumplir sus promesas.



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