La Universidad te invita a la próxima usurpación

El diputado nacional Nicolás del Caño sólo recuerda que la toma se concretó con ocasión del paro docente por mejores salarios, pero el documento de los usurpadores incluía diecisiete reivindicaciones, algunas tan desopilantes como la exigencia de un menú vegano en el comedor estudiantil y un cupo laboral “trans” en la Universidad.



Por Daniel Gentile

Se realizó en el salón Regino Maders, gentilmente cedido por la Legislatura provincial, una audiencia pública para repudiar la imputación de veintiocho estudiantes y una abogada por la toma del Pabellón Argentina. Recordemos que la fiscal federal Graciela López de Filoñuk los acusó de usurpación y daños a principios de octubre, unas semanas después de que los invasores abandonaran el establecimiento.
La audiencia contó con el apoyo y la participación de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos; la directora del Museo de Antropología, Fabiola Heredia; la directora del Archivo Provincial de la Memoria, María Eleonora Cristina; los centros de Estudiantes de las Facultades de Filosofía y Humanidades, Sociales y Arquitectura; la Secretaría General de la Federación Universitaria de Córdoba, decenas de docentes universitarios, consejeros, directivos y consiliarios de la UNC, investigadores del CONICET, centros culturales y salas de teatro de la ciudad, comisiones internas y cuerpos de delegados de distintas fábricas y establecimientos, y nuestros infaltables deportistas y artistas, que con tanto placer ponen sus nombres para disfrutar de la mención de los medios en las causas de la izquierda, tan gratas al código de la corrección política.
El adjetivo “insólito” está reservado por la RAE para calificar lo no común, lo desacostumbrado, lo extraordinario. De tal manera, renuncio a ese epíteto para referirme a la actitud de los decanatos de las Facultades de Filosofía y Humanidades y de Ciencias Sociales de la Universidad, que también apoyaron esta audiencia. Habida cuenta de la actitud de tolerancia, de pasividad, casi de complacencia que mostraron algunas autoridades durante la larga humillación a que fue sometida la institución por sus invasores, de ningún modo es insólito que ahora algunos de los decanatos se sumen al voto de repudio a la Justicia por haberse atrevido a aplicarles a los usurpadores el código penal. Insólito es que los comunicados de los decanatos no hayan sido redactados en “lenguaje inclusivo”.
Nicolás del Caño, diputado nacional por el PTS-FIT, que participó de la audiencia, afirmó que la imputación a los que vandalizaron la Universidad “no tiene ningún fundamento legal, y sí el único objetivo de criminalizar la protesta”. Añadió del Caño que “los estudiantes defendieron el salario docente y el ajuste a la educación pública, que quedó comprobado en el presupuesto dictado por el FMI, que aprobaron el oficialismo y los gobernadores la semana pasada en la Cámara de Diputados”.
En realidad, este diputado sólo recuerda que la toma se concretó con ocasión del paro docente por mejores salarios, pero el documento de los usurpadores incluía diecisiete reivindicaciones, algunas tan desopilantes como la exigencia de un menú vegano en el comedor estudiantil y un cupo laboral “trans” en la Universidad.
La toma tuvo una duración exasperante, y si bien los usurpadores fueron desalojados, puede decirse que se prolongó lo que los invasores quisieron, puesto que el lanzamiento se produjo cuando el desgaste la había tornado insostenible.
Tanto los que llevaron adelante este atropello a la Universidad como la prensa hegemónica que los reflejó, pusieron el acento en el carácter “pacífico” de la toma.
No existen las tomas pacíficas. No existen las usurpaciones pacíficas ni las violaciones de domicilio pacíficas. La Universidad, a pesar de la retórica izquierdista, no es de los estudiantes, ni de los docentes ni de los no docentes. La Universidad es del Estado, y como tal de todos los contribuyentes. Quien entra o permanece sin permiso en casa ajena, aunque alguien le haya proporcionado la clave de la cerradura, comete un acto violento. Ello, sin contabilizar los daños lógicos causados por quienes usaron el establecimiento para vivir como quien vive en un prolongado aguantadero.
Unos cuantos jóvenes más o menos exaltados se dieron el gusto durante algunas semanas de tener su propia revolución de juguete. Fueron “pacíficos” porque no mataron a nadie ni se proponían hacerlo, pero el carácter lúdico de su insurrección no la torna inofensiva. No tanto por los perjuicios que causaron a quienes querían estudiar, sino porque la inacción de las autoridades e incluso de la justicia federal, que debió actuar mucho antes, se parecieron demasiado a la complacencia y a la aprobación.
Y ahora, a los Decanatos de Filosofía y Humanidades y Ciencias Sociales, esa aprobación no les parece suficiente. Han considerado necesario sumar su voto de repudio a la pretensión de imputar penalmente a quienes invadieron la Casa de Trejo.
Esto tiene ya todas las características de una invitación. Les están diciendo a sus secuestradores que en realidad los invitan a una nueva usurpación. Serán bien atendidos, serán reporteados por la prensa, y la toma no sólo será gratuita en términos penales, sino que hasta existe la posibilidad de que sus nombres sean incorporados al olimpo de los próceres de la Reforma.
Pero eso sí, hay una condición: Las reivindicaciones de los usurpadores, para gozar de estos beneficios, deben ser de izquierda.
Imaginemos (esto es pura ficción) un grupo de estudiantes que se proponen tomar el Pabellón Argentina, o la Facultad de Derecho o el Rectorado, bajo las consignas “Por una Universidad que respete la libertad religiosa”, o “por la recuperación de la democracia en Cuba y Venezuela”. ¿Podrán durar quince minutos? No lo creo. Antes de que transcurra ese tiempo habrán sido expulsados, y de forma violenta, no sólo por sus propios compañeros y las autoridades universitarias, sino por los funcionarios judiciales actuantes, y de inmediato entregados para el correspondiente escrache a los organismos de derechos humanos y a los medios de comunicación obedientes.



Dejar respuesta