Polítiques desorientados

El uso del inclusivo llegó a los medios nacionales desde las escuelas de Córdoba. Todavía no sabemos si es una moda o si se va a quedar, pero los políticos ya no son indiferentes.

Por Javier Boher
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Las ciencias sociales deben lidiar con un objeto de estudio muy particular. Los formados en dichas disciplinas no tenemos la suerte de los astrónomos o los geólogos, que por más que se dediquen a estudiar los astros o las piedras no van a lograr transformarlos. Nuestro objeto de estudio no sólo está vivo, sino que además incorpora y aprende de su entorno, cambiando constantemente.
A principios del siglo XX se fueron delineando diferentes escuelas en cada disciplina, y fue la antropología la que concentró algunos esfuerzos muy interesantes, entre los cuales se encontraban los de aquellos preocupados por estudiar el lenguaje. Básicamente se preguntaban si era posible que se conociera y entendiera el mundo a partir de cada lengua.
La falta de traducción de algunas palabras entre idiomas abonó esta hipótesis. Cualquiera que haya pasado cerca del alemán sabe que es un idioma imposible, con palabras ininteligibles para los desprevenidos traductores que recurren a los diccionarios impresos. Lo mismo pasa si queremos traducir entre inglés y castellano, o con el francés, el italiano o cualquiera. Simplemente hay cosas que no se pueden traducir, lo que condiciona nuestra forma de relacionarnos con el medio y los otros.
La noticia de la incorporación del lenguaje inclusivo en la escuela despertó una polémica que en sólo dos días llegó a los medios nacionales. Ciertamente los que buscaban la viralización por un par de clicks para vender publicidad se están regocijando por cumplir su objetivo.
La moda del lenguaje inclusivo responde a aquello que descubrieron los que adscriben a aquellas teorías de que se entiende el mundo a través del idioma. Así, el universal masculino sería opresor, invisibilizando a la mujer, moldeando la realidad a la medida de los hombres.
Para neutralizar el castellano primero probaron con grafías impronunciables, como la X o la @. Imposible acostumbrarse. Mientras tanto, fustigaban a los que le decían “presidente” a Cristina, “juez” a las magistradas, usaban el universal “concejales” o decían “humanos” para no hablar con el universal “hombres”.
Por supuesto que al común de los mortales aquello les pasaba por al lado como si nada. Hasta que apareció la “E”, que convirtió esa deformación impronunciable en un idioma que puede ser hablado, aunque sea bastante incómodo.
Es difícil creer que eso pueda prosperar, pero ciertamente va a depender del uso que le de la gente. Si no fuese así, el latín no se hubiese transformado en las famosas lenguas romances con las que nos cansaron en la escuela. Media Europa modificó el idioma de “les romanes”, como decía el pizarrón del profesor que levantó aquel conocido medio.
Desde aquel video de una adolescente en una toma de escuela durante una vigilia por la votación de la legalización del aborto voluntario se ha dado un debate más intenso que profundo. La política no está muy preparada para el lenguaje inclusivo, aunque algunos -que advierten de la moda entre jóvenes y no tanto- ya lo quieran usar.
Por eso el tuit de Eduardo Amadeo (oficialista, diputado nacional por Buenos Aires, padre de una estrella juvenil y ligado a posturas más conservadoras) despertó las risas de los usuarios de redes. Con una foto de un banco vandalizado tras la marcha del otro día escribió que allí “se sentaban niñ@s, [email protected], [email protected] hasta que alguienes decidieron destruirlo”.
Ciertamente es llamativo que no pueda unificar criterios, pero peor es que no pueda escribir “algunes” y ponga ese doblemente incómodo “alguienes”. Es casi tan ridículo como la moda de los cincuentones en crisis de tatuarse todos los brazos. No importa que imites a los jóvenes; éstos ya saben que estás viejo.
No importa que les politiques intenten imitar a les jóvenes, ni que les más conservadores se pongan en contra y les critiquen. El uso del inclusivo, aunque a título personal me parezca una payasada, no va a depender de les más viejes, sino de lo que pase en la calle. Cuando el año que viene las encuestas señalen la importancia de su uso para les jóvenes, seguramente veremos algunos afiches con señores mayores pidiéndole el voto a les chiques, porque en política el único idioma que vale es el del triunfo.



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