Parodia de Corpus Christi

El peronismo desempolva su eterna alianza con la Iglesia, aquella que supo romperse a mediados de los ‘50 en oposición al laicismo que proponía el gobierno, algo similar a lo que se vio el sábado.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

El 11 de junio de 1955 pasó a la historia como el punto en el que la oposición al peronismo terminó de materializarse en la procesión de Corpus Christi, a la que convocó la iglesia para visibilizar el rechazo a las medidas progresistas que había tomado el gobierno como parte de la pelea que los había involucrado a ambos.
El divorcio vincular, la legalización de los prostíbulos o la enseñanza laica habían tensado la relación entre los antiguos socios, enfrentados por el cambio de balance en el poder. El peronismo estaba dispuesto a quitarle la clientela a la iglesia, lo que enojó a los que estaban acostumbrados a monopolizar la ayuda social.
Por la fatal dispersión de los partidos de oposición, aquella vez la iglesia abandonó su habitual mesura y rosca oculta para pasar a la acción, algo que pocas veces hace. Saben que es más rentable mover hilos que poner la cara, aumentando su capacidad de despegarse de las cosas.
El sábado pasado el Frente Sindical encolumnado detrás de Hugo Moyano celebró una misa por “Pan, Paz y Trabajo”, una consigna que parece arrancada de los estandartes soviéticos de la Revolución Rusa, aunque fuese defendida por el arzobispo de Luján, un jerarca clerical de innegable vínculo con su superior en la nueva Puerta de Hierro.
Si se suponía que Bergoglio estaba más cómodo con el gobierno anterior, esto termina de confirmarlo. Aunque el arzobispo salió rápidamente a hacerse cargo de la decisión, la realidad indica que el hombre que viste de blanco prefiere a los que han cultivado su poder en la oscuridad de los negocios en negro.
Por el lado de la iglesia, el debate por la legalización del aborto terminó de dinamitar la poca relación de Bergoglio con Macri, resentida desde que el actual presidente decidió permitir que se celebrara un matrimonio igualitario en sus tiempos de Jefe de Gobierno porteño. Entienden que, pese a ser un egresado de un colegio católico, Macri está más cerca del laicismo que de la religión.
Moyano, por su parte, ve avanzar las causas en su contra. Tal como enumera Hugo Alconada Mon, el sindicalista está implicado en ocho causas, vinculadas a lavado de activos, el manejo de OCA, evasión impositiva, adulteración de medicamentos y administración fraudulenta.
Además del rechazo al gobierno, el otro punto en común que tienen unos y otros es aquel tema que hoy está en el olvido, el de la red de prostitución infantil en las divisiones inferiores de los clubes de fútbol, que se desató en el club que hoy preside Moyano.
La problemática es la eterna mancha de la iglesia en Argentina, con más de 60 curas acusados por abuso infantil en el país. Ese sería el hilo rojo que en silencio une a los que hipócritamente salieron el sábado a pedir por la gente.
La cercanía entre ambas corporaciones (históricamente fuertes en el armado peronista, en cuya genética está grabado el nacionalismo católico por el que Perón llegó al poder) parece haberse intensificado ahora que han identificado un enemigo en común. Su capacidad de movilizar gente es un activo importante para atacar a un gobierno que está en sus niveles de popularidad más bajos.
La fuerte presencia kirchnerista en el acto contrasta con el discurso progresista que siempre defendieron: ¿cuál es el límite de un armado cuando está atravesado por cuestiones tan fuertes?. El intento de Moyano de conservar la libertad se suma a la necesidad del peronismo de encontrar la unidad, pero parece olvidar que en política hay sumas que restan.
El reclamo por un mundo más justo en boca de los representantes de la debacle argentina del siglo XX es hilarante. La relación amor-odio de los sectores más conservadores del país los pone hoy del mismo lado, de la vereda opuesta a la de un gobierno que (como aquel incómodo peronismo de mediados de los ‘50) ha puesto sobre la mesa la discusión sobre el rol de las religiones y los límites a la iglesia en la construcción de una democracia occidental, sólida, liberal y moderna.
Algunas veces los ciudadanos debemos agradecer y celebrar la capacidad que tienen ambas corporaciones para elegir siempre el lado de todo lo que está mal. Nos hacen mucho más fáciles las cosas.



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