Luz y Fuerza se camufla detrás de marchas anti-presupuesto

El plan de lucha que el gremio lanzó a principios de mes -adaptando su beligerancia a su reducido poder de convocatoria- se quedaría sin el broche final prometido.



Por Felipe Osman

Las negociaciones entre Epec y Luz y Fuerza permanecen congeladas. Después de que la empresa estatal “puenteara” al sindicato decretando un 10 por ciento de aumento a sus empleados por fuera de la mesa de negociación que en ese preciso momento mantenía con su conducción, un acuerdo que conforme a ambas partes parece cada vez más lejano. En su lugar, si se firma la paz, será sólo por la supremacía de un actor sobre el otro.
En este contexto, la audiencia que los representantes de la compañía y el sindicato mantuvieron el pasado martes ante las autoridades del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación, en Buenos Aires, no arrojó ningún avance, y el gremio sigue avocado a recuperar fuerzas para resistir la sanción del “Nuevo Marco Regulatorio para la Energía Eléctrica” que impulsa la Provincia, posicionarse para negociar un nuevo acuerdo paritario e imposibilitar a la empresa modificar su convenio colectivo.
Con estos objetivos en el horizonte, y tomando nota de su deteriorado poder de convocatoria, Luz y Fuerza decidió adaptar su plan de lucha a sus posibilidades, y previendo que difícilmente los trabajadores acompañarían al gremio a un paro prolongado junto las limitaciones que la Ley de Servicios Esenciales opone a este modo de protesta, decidió lanzar un raid de marchas pequeñas, que aún con baja concurrencia de las bases mantuviera su reclamo bajo el foco de la atención pública.
Como cierre a esta seguidilla de movilizaciones menores, eso sí, el gremio prometía una “gran movilización” en la que participarían los tres sindicatos de Luz y Fuerza (de Córdoba, Río Cuarto y Regional de Villa María), junto a otros gremios y varias organizaciones sociales y políticas. Pero hubo un error de cálculo.
Entusiasmados por dar una muestra de fuerza llenando el calendario de protestas, los lucifuercistas fecharon la movilización que les daría una foto de la que enorgullecerse, con las calles repletas de militantes (aunque de otras causas) para el jueves 25 de octubre. Pero en Córdoba, como en el resto del país, los sindicatos y organizaciones sociales y políticas que activamente se oponen a la sanción del proyecto oficial de la Ley Nacional de Presupuesto se manifestarán mañana, para exigir a los diputados votar contra la iniciativa de Mauricio Macri y “el mejor equipo de los últimos 50 años”.
Sostener su movilización para el próximo jueves significaría dar una muestra pura de su capacidad de convocatoria, sin aditivos ni rellenos, pues resultaría en extremo difícil movilizar en dos días consecutivos al resto de los gremios y organizaciones sociales y políticas que ya se habrán movilizado el miércoles. No sería un jugada inteligente.
En su lugar, la conducción que lidera Gabriel Suárez decidió sumar su movilización a las tantas que distintos partidos y organizaciones realizaran mañana. La foto, desde luego, será excelente. Luz y Fuerza podrá mostrar calles repletas de manifestantes.
Y si alguien decidiera achacarle al sindicato que las consignas que reunieron a los miles de manifestantes no son aquellas que postula el sindicato, incluso podrían responderle que se equivoca, ya que en sus comunicados Luz y Fuerza toma la precaución de sumar, entre los motivos reales que movilizan a sus representados –a saber: la oposición al nuevo Marco Regulatorio, la introducción de modificaciones a su convenio colectivo o el reclamo paritario- otros, en extremo generales, como el rechazo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional o las políticas de exclusión social, que le permiten camuflarse en casi cualquier reclamo opositor al Gobierno Nacional.
Aún así, no debería soslayarse este detalle: los trabajadores de Epec gozan de un gran convenio colectivo, que les depara muchas ventajas (incluso algunas ampliamente discutibles que bien podrían ser reputadas como privilegios injustificados), y cobran los mejores salarios entre los empleados públicos. No pertenecen, en absoluto, a sectores excluidos. Más bien forman parte de una clase media acomodada con sueldos alcanzados por el Impuesto a las Ganancias. Ese estrato social que con su voto ungió al actual Gobierno de Cambiemos.



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