La crisis y su impacto electoral en Córdoba

Siempre Mestre y Negri podrán escudarse a que no habían planificado este cimbronazo, y tendrán razón.



Por Pablo Esteban Dávila

Ninguna crisis económica es inocua desde el punto de vista electoral. Tampoco la actual lo es, pese a que los analistas todavía duden en atribuirle un significado taxativo de cara a las próximas presidenciales. Si, por ahora, el presidente Mauricio Macri parece tener todavía chances a pesar de las penurias de su gobierno es porque, en la vereda del frente, se encuentra Cristina Fernández. Allende el imperturbable tercio de electorado que la respalda, nadie más quiere saber nada con su eventual retorno al poder.
Tierra adentro, sin embargo, la coyuntura se encuentra mellando las posibilidades de los candidatos cambiemitas. En el caso de Córdoba esto es particularmente notorio. A comienzos de año, al menos tres dirigentes se probaban los trajes de gobernador. Ramón Mestre y Mario Negri por el radicalismo y Héctor “la coneja” Baldassi por el PRO. Tardíamente, la senadora Laura Rodríguez Machado -de raíces ucedeístas- también se sumó al pelotón de candidatos. Pero ahora todo ha cambiado.
Mestre, por caso, parece haber decidido acampar hasta que aclare. Tiene por delante el espinoso tema de las tarifas del transporte urbano. Sin subsidios, la tarifa debería saltar a $40, más o menos el precio en dólares que tenía en 2001. Como la cifra se antoja impopular (un buen número de usuarios no podría afrontarla), el intendente debe imaginar vías alternativas para morigerar el impactoque tendría el aumento del boleto.
No tiene muchas alternativas en el horizonte. Aunque el ministro Frigerio se encuentre negociando un fondo compensador – eufemismo semántico que pretende evitar la palabra “subsidio”- es un hecho que la tarifa deberá subir sensiblemente. Recurrir a fondos municipales para paliar en parte el incremento es impensable: la ciudad a duras penas puede mantener algunos frentes de obra. El resto se reparte entre sus empleados y el servicio de basura que, dicho sea de paso, debutará con nuevos costos en los próximos meses. Sólo queda mirar hacia la provincia.
Es probable que este crudo materialismo dialéctico explique su reciente acercamiento con Juan Schiaretti. No hace mucho tiempo atrás, el intendente buscaba cualquier excusa para confrontarlo, aun las más forzadas. Era claro que se encontraba en modo candidato. Pero, ante la inminencia de su propia versión de la crisis nacional, ha tenido que retroceder al punto de partida y hacer las paces. “Prefiero no criticar a Unión Por Córdoba hoy”, confesó ante el programa Cara y Cruz de Radio Universidad. Es toda una editorial.
Debe recordarse que el gobierno de la provincia influye diariamente sobre el transporte urbano de la ciudad. A través de diferentes programas (boleto estudiantil, adultos mayores, obrero y social), una parte importante de la demanda se encuentra bajo paternal custodia del Centro Cívico. Si Mestre fuera lo suficientemente persuasivo, el gobernador podría extender esta modalidad a nuevos sectores, colaborando a digerir el sinceramiento tarifario que se avecina.
El otro gran candidato de Cambiemos, Mario Negri, tiene sus propias tribulaciones. Sin responsabilidades de gestión, su agenda es mucho más política. Sin embargo, esto no significa que se encuentre exenta de complicaciones.
Dentro del sistema de poder de la coalición, el diputado es uno de los voceros del gobierno. Está particularmente dotado para ese rol. Es locuaz, su verba es enérgica y tiene expresiones combativas contra la oposición peronista, del tipo que jamás podrían ser escuchadas en las atildadas espadas macristas. El presidente, cada vez que puede, lo destaca ante propios y extraños.
Este hecho, que podría haber constituido una fortaleza hasta junio pasado, es ahora un lastre. Su nueva misión es la de ejercer como sofista del ajuste, un racionalizador de la mala praxis de la administración nacional. Alejandra Vigo, la esposa del gobernador y una de las dirigentes que estructura la dinámica del peronismo provincial, no podía dejar pasar por alto el novísimo flanco expuesto del radical.
“Resulta inadmisible que el diputado Negri defienda que los subsidios al transporte queden únicamente para Capital Federal y el área metropolitana de Buenos Aires en contra de los usuarios del interior y de los propios cordobeses” -le espetó la también diputada Vigo. Más allá de la previsible defensa del atacado, la estrategia de Unión por Córdoba ha quedado al descubierto. Y, de prolongarse la recesión que azota al país, podría ser letal para el jefe del interbloque de Cambiemos.
La tregua con Mestre y la súbita fragilidad de Negri contrasta con el bucólico programa político del justicialismo local. Excepto por la trágica desaparición de José Manuel de la Sota, las grandes líneas fueron trazadas tres años atrás y no parecen haber cambiado un ápice. Obra pública, orden administrativo y la reelección de Schiaretti son sus pilares. El gobernador, de invariable sintonía con el presidente, no sufre por esta cercanía el estigma que sí padecen otros allegados a Macri. Su condición de opositor lo blinda de críticas malintencionadas y produce un desconcierto mayúsculo en la dirigencia cambiemita, incapaz de explicar por qué, si tienen ellos tan buenos candidatos, la Casa Rosada parece preferir el estatus quo a cualquier mudanza en el orden provincial.
Es un hecho, por lo tanto, que la crisis ha reforzado la estrategia del peronismo local y generado una parálisis en las expectativas de Cambiemos, incapaz todavía de presentar una grilla competitiva. Con Mestre en un retroceso táctico y con Negri confrontado con su physique du rol oficialista, ambas candidaturas se encuentran frente sus propias disyuntivas. En cualquier caso, y aunque en los próximos meses decidan seguir adelante con sus respectivas ambiciones, habrán perdido un tiempo precioso en el duro arte de convencer al electorado de sus méritos.
Siempre podrán escudarse a que no habían planificado este cimbronazo, y tendrán razón. La culpa siempre es de los otros pero ocurre que, en su caso, es del presidente de la Nación, a quien adhieren y respaldan. Nadie dijo que ser oficialista es fácil, especialmente cuando los hechos se apartan, obstinadamente, del libreto pergeñado por Durán Barba y Marcos Peña.



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