Crecimiento: la apuesta fuerte es al clima en 2019

Este año, en el mejor de los casos, el PBI terminará 2% abajo. Los privados proyectan un retroceso en el segundo semestre aunque más moderado que entre abril y junio. Todas las miradas están sobre lo que puede aportar el campo.

Nicolás Dujovne


A principio de este año los datos hacían suponer que la economía argentina se encaminaba a romper la maldición de los años pares. Sin embargo, la sequía, el fuerte ajuste de tarifas y la crisis cambiaria derrumbaron las perspectivas de crecimiento.
Tras una caída interanual cercana al 3% interanual en el segundo trimestre, el PBI también arrojará un retroceso en el segundo semestre del año, aunque este sería más moderado por que el impacto de la sequía se diluirá en los próximos meses. Pero el apretón monetario y las tasas en la estratósfera llevarían a un cierre entre 2% y 2,5% abajo del Producto respecto a un año atrás.
La combinación de varios shocks negativos juntos (sequía, ajuste de precios regulados, salto cambiario y política fiscal y monetaria duras) lleva a pensar que la caída de la actividad será incluso mayor a la de los últimos años pares. De hecho, pese al arrastre estadístico positivo que dejó 2017 (+1,3%) y el elevado crecimiento de la actividad económica durante el primer trimestre del año (+3,6% interanual) el impacto de la crisis desatada en abril ahonda la baja.
La consultora Ecolatina entiende que a medida que se consolide la tregua cambiaria las tasas de interés bajarán a niveles más acordes a la dinámica productiva, pero se necesita tiempo para lograr que la confianza y las expectativas se recuperen. Además, la suba de tarifas de servicios públicos afectará el ingreso real de las familias en el segundo semestre: el Ejecutivo tratará de moderar los aumentos pero estos serán elevados por la fuerte suba de costos. Por ello, la consultora espera “brotes verdes” de actividad a comienzos del año que viene.
La actividad volvería a crecer en 2019, impulsada por la recuperación real de las prestaciones sociales (por desaceleración de la inflación), una mejor cosecha agrícola (si no se repite la sequía) y recuperación de sectores transables por la mejora del tipo de cambio real.
“Sin embargo, el crecimiento del año que viene no está garantizado. La economía argentina depende de un clima benigno en el campo, de un contexto internacional (comercial y financiero) favorable, y de la fortaleza electoral del oficialismo en pos de acotar la formación de activos externos privadas típicas de los años de elecciones”, advierte el informe.
Este año –uno más- el consumo masivo también quedó impactado. Según World Panel cerrará 2018 con una baja de 2%. En la gestión Cambiemos nunca mostró recuperación. Otro tema es el consumo en general que arrancó bien el año pero después de la abrupta devaluación, los números dan negativo. Es el relacionado con viajes y compra de bienes durables.
Es obvio que la inflación quita poder de compra y, en el caso de quienes tienen ingresos más altos, la crisis afectó sus expectativas.
La construcción –otro de los motores del crecimiento- ya empezó a sentir el efecto de la volatilidad cambiaria y el recorte de la obra pública (20% cayó la inversión en ese sector en el primer semestre del año). Las empresas líderes que conforman el Grupo Construya (ladrillos cerámicos, cemento portland, cal, aceros largos, carpintería de aluminio, pisos y revestimientos cerámicos, adhesivos y pastinas, pinturas impermeabilizantes, sanitarios, grifería y caños de conducción de agua), marcaron en junio que las ventas de insumos  bajaron 5,4% interanual. Al comparar con mayo, los volúmenes despachados en junio de 2018 registraron una caída del 9,06% desestacionalizado.
En tanto, en los primeros seis meses del año el Índice Construya acumuló un crecimiento de 7,8% en comparación con el mismo período del año anterior.
La apuesta más fuerte para el 2019 es al clima ya que de eso depende que el campo despegue y empuje al PBI; es el único sector que puede afectar la macro por su dimensión y porque es un generador de divisas. De cara al año que viene el economista Juan Manuel Garzón planteó que el escenario base es “bueno” y que el campo logrará superar las restricciones financieras porque atraviesa un momento de alta rentabilidad acompañada de precios internacionales buenos. Las amenazas son que haya una baja abrupta de precios internacionales y que vuelva el atraso cambiario.



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