William Wheelwright que estás en el bronce (Primera parte)

En febrero de 1877 se inauguraba en Valparaíso la estatua del empresario y contratista, pionero en el desarrollo de la navegación a vapor y el ferrocarril en América del Sur. Muchos juicios de la época lo endiosaban.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Estatua a Guillermo Wheelwright en Valparaíso, inaugurada en 1877 en la plaza de la Aduana.

“La humanidad tiene sus santos como el cielo tiene los suyos”, afirma un artículo de El Progreso en febrero de 1871, refiriéndose a las noticias provenientes de Chile que informaban sobre la próxima inauguración de una estatua a William Wheelwright, empresario y hombre de iniciativas vinculado –tal era la religión del liberalismo– al progreso, es decir a la modernización tecnológica de América del Sud. El juicio de la posteridad sobre el constructor de ferrocarriles sin duda no tiene derecho a dejar de lado que dicho progreso, pudiendo haberse hecho de manera autosustentada ya en los años sesenta del siglo diecinueve, fue llevado a cabo dando intervención al capital imperialista británico y con la consiguiente dependencia de estos países periféricos al capitalismo europeo, un signo de fuego en el adn argentino. Y también en el chileno, ya que el homenaje a Wheelwright era una iniciativa del país trasandino donde el norteamericano había realizado gran parte de su trabajo.
No es de negar la importancia del ferrocarril, ni de la navegación a vapor, dos medios de transporte y comunicación en cuya creación en Sudamérica la figura de Wheelwright tuvo parte fundamental. Pero en la transcripción de periódicos de 1877 (Wheelwright había fallecido en Londres en 1873) que se leerá hay tal nivel de panegírico, próximo a una hagiografía del emprendedor norteamericano, que se vuelve imprescindible cortar de antemano el dulzor del entusiasmo de aquel período ciego a la amargura de la dependencia, con un chorro de realismo crítico en relación a la historia, por más que imperialismo o dependencia sean conceptos de que la memoria general parece haberse desentendido injustificadamente en la era presente.
Erigir una estatua es un acto de memoria, y las memorias no son sino un campo de batallas y disputas por el sentido que decidimos darle al pasado. Para su época, y para su posteridad inmediata, Wheelwright era un héroe civil, un ser de “glorioso recuerdo”, un “hombre ilustre”, “el más grande obrero del progreso”, que llegaba por una impostergable deuda a su representación en el bronce. La estatua del empresario y contratista fue emplazada en Valparaíso, en la Plaza Wheelwright también conocida como Plaza de la Aduana. Al norteamericano que manejó sus exclusivos y poderosos contactos con el tesoro de Inglaterra se lo representa erguido como mirando el horizonte y sostiene en su mano un pergamino. En el pedestal se leen cuatro palabras: “Wheelwright”, “Ferrocarril”, “Telégrafo” y “Navegación a vapor”.
Entre las noticias en torno a la inauguración del monumento tiene peso la palabra de Juan Bautista Alberdi, íntimamente vinculado al Mercurio de Valparaíso, y también a William Wheelwright, de quien fue amigo, abogado de sus empresas y finalmente un verdadero hagiógrafo, cuya elogiosa biografía La vida y los trabajos industriales de William Wheelwright, fue publicada en 1876 en París. Los juicios vertidos por Alberdi coparon la mentalidad de la época y la valoración histórica de Wheelwright.
La primera noticia sobre la estatua que se inauguraría en Valparaíso aparece en El Progreso del 9 de febrero de 1877:
“La estatua de Wheelwright
Se inaugurará el 12 de febrero, según dice el Mercurio de Valparaíso, que acabamos de recibir.
¿Y aquí en Córdoba ni en el Rosario, ni en ningún punto de la República, se hará en ese día ninguna manifestación de gratitud o de simpatía a ese grande conquistador del desierto en favor del progreso y de la civilización, a ese obrero infatigable del adelanto de Sud américa?
La humanidad tiene sus santos como el cielo tiene los suyos.
El Sr. Wheelwright, contratista y constructor del ferro carril de Córdoba al Rosario, ha traído grandes beneficios a este país como lo ha traído en Chile.
Nuestros hermanos de allende los Andes inmortalizan su memoria erigiéndole una estatua, y colocando su retrato en los salones de las municipalidades de la ciudad y campaña.
Si aquí no hacemos algo semejante, consagremos siquiera una manifestación de simpatía y gratitud a su memoria, como un noble estímulo para el obrero del progreso.
Hacemos esta indicación a nacionales y extranjeros, y entre estos, muy principalmente a los compatriotas del Sr. Wheelwright, para reunirse y ofrecer alguna manifestación a su memoria, el día 12 del presente.”
Así, el diario cordobés consideraba que la misma deuda de gratitud hacia Wheelwright existía en Córdoba, cuyo boulevard de la estación Mitre sería bautizado poco después con el nombre del empresario norteamericano.
La siguiente mención la incluye El Progreso el 23 de febrero, con el comprensible atraso de veinte días respecto de la publicación del diario chileno, que era del 3 del mismo mes. Aquí se transcribe la invitación hecha por el Intendente de Valparaíso al acto de inauguración:
“Inauguración de la estatua Wheelwright
El señor intendente ha pasado la siguiente invitación para dicha fiesta, dice el Mercurio.
«Valparaíso, Febrero 3 de 1877.
Está ya terminado el monumento destinado a conservar el glorioso recuerdo de don Guillermo Wheelwright, el incansable obrero del progreso.
Sabe usted cuánto debe Chile, cuánto debe Valparaíso especialmente a ese gran hombre que concibió y llevó a feliz término empresas de tal magnitud e importancia que marcan una época en la historia de la América del Sur.
Colocada ya sobre su pedestal la estatua con que la gratitud de Valparaíso ha querido eternizar la memoria de Wheelwright, intendencia ha creído que debía elegir para descorrer el velo que hasta este momento la cubre una de nuestras grandes fechas históricas, y ha dispuesto que el acto indicado tenga lugar el 12 de Febrero próximo.
Con este fin y seguro de que usted se asociará con gusto a la manifestación que el pueblo de Valparaíso hace en honor de un hombre ilustre en la historia de América, me permito invitar a usted rogándole concurra a los salones del despacho de la intendencia el 12 de febrero próximo, a las 4 p. m., para dirigirse a las cuatro y media a la plaza de la Aduana.
Dios guarde a usted.
E. Altamirano.»”



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