Renovar las esperanzas sin renovar el plan

Sorprende la persistencia del kirchnerismo, que presentó un esbozo de programa de gobierno para recuperar el poder en 2019. ¿Se puede ganar proponiendo lo mismo de siempre?.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Es notable cómo seguimos parados en el mismo lugar aunque pase el tiempo. No sé si se ha percatado, amigo lector, de que el kirchnerismo ha presentado un boceto de lo que sería su programa de gobierno para un tercer mandato de la Aforada de Recoleta. Aunque está más gastado que chiste de suegra, los tipos insisten en ir por el mismo camino de siempre.
Mientras pensaba en la insistencia de la mujer para ir por el récord de años al frente del ejecutivo no podía dejar de pensar en quien detenta el privilegio de haber conducido nuestros destinos durante poco más de 10 años, Carlos Saúl I de Anillaco. Todavía recuerdo aquel spot de la campaña de 2003 que cerraba con “La tercera presidencia. La histórica”. No me diga que no se le pone la piel de gallina.
Toda la campaña de aquel año fue igual: en mi gobierno se comía asado barato; en mi gobierno se compraba en cuotas; en mi gobierno te pusieron el teléfono y todas cosas así, básicamente lo mismo que ahora, solo que ahora el teléfono sería un celular.
Mientras recorría la lista de propuestas dejaba llevar mi mente a lugares insospechados, tratando de pensar en cómo sería un tercer mandato de la viuda del Nestornauta. ¿Sería capaz de reinterpretar los cambios históricos o seguiría insistiendo con una receta más ignorada que los folletos de los que te tocan el timbre para llevarte la palabra del señor?
Como hay que meter algo de punch, arrancan con una declaración de intenciones tan real como decir “desde el lunes peso 5kg menos”. Los campeones del dibujo de estadísticas ponen primera con la idea de que hay que subir los sueldos, aunque con la economía más frenada que bici con dínamo eso está más complicado que conseguir un taxi en día de lluvia.
Como el bolsillo en estos tiempos de inflación está más flaco que vegano de San Marcos Sierras, es lógico que la gente se sienta atraída por una propuesta como esa, que se complementa con retrotraer tarifas a 2016, subir planes y asignaciones y proteger a los deudores hipotecarios. Prometer que la gente tenga más plata siempre es un buen camino electoral, especialmente cuando en el gobierno tratan a los contribuyentes como si fuesen jugadores de backgammon de algún selecto club inglés, no como personas que para ganar el mango sufren más que maratonista con calzoncillo chico.
A mí me gusta cuando se ponen líricos y van a fondo con las consignas de adolescente progre de centro de estudiantes. Expulsar a los soldados norteamericanos y suspender los pagos al FMI debe venir impreso en la carátula de algún apunte que te dan en comunicación social o en filosofía, porque lo repiten como si a Donaldo se le despeinara el jopo rubio cada vez que ellos hacen su proclama revolucionaria.
Pese a todo ese rejunte de lugares comunes -que se complementa con gravar la renta financiera o reincorporar a los empleados públicos despedidos- lo más interesante viene al último. Con el cinismo que los caracteriza, y negando todo lo que hicieron durante su gestión, los muchachos salen a pedir que el gobierno deje de entrometerse en la Justicia para perseguir opositores.
Le juro que no soy yo el que lo inventa, amigo lector. Los compañeros que fundaron “Justicia Legítima”, que intentaron hacer una reforma para que los jueces se elijan por voto popular, que hicieron renunciar a un par de ministros de la Corte que eran amigos del Sultán de Anillaco y sobre los que pesa la sospecha de la gran incógnita del fiscal Nisman dicen que ahora sí, que esta vez no quieren que nadie se entrometa en la Justicia.
Usted sepa disculparme, amigo lector, pero con lo último ya desbarrancan más que cualquier mortal después de su primer curda con ginebra. Para que no queden dudas de que están más desesperados que pata e´ lana que se olvidó la billetera en la casa de la infiel, meten la de eliminar la figura del arrepentido.
¡Se nota demasiado, compañeros! Esas cosas no se dicen. Es como cuando te presentan a los suegros nuevos: no hay que decir las cosas escabrosas que se pretenden hacer -o se hacen- con la pareja en cuestión, porque lo importante es que piensen “que buen chico, parece trabajador”. Una vez que se logra eso ya es más fácil tomarles la cerveza o comerles la picada acomodado en el sillón para ver la tele. La cosa está en cerrar el trato.
Ya le digo estimado, que estos tipos son menos innovadores que técnico de Belgrano. Allá en 2003, con una elección más difícil de adivinar que sexo de bebé de chupete blanco, con un discurso renovador lograron destronar al que las encuestas decían que iba por “La histórica”. Hoy son ellos los que están en ese mismo lugar.
Los nostálgicos del kirchnerato harían bien en recordar cómo terminó aquel intento, en el que el hombre record en la presidencia terminó bajándose de un ballotage para no perder con un ignoto gobernador patagónico. Aunque hoy el escenario es como una cocina de pobre, en la que no se puede descartar nada, ¿Cristina se arriesgaría a perder una cuarta elección consecutiva y dejar de existir en el mapa? Seguramente usted sabrá.



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