La mano del “neo opoficialismo”

Algunos dirigentes han sabido darle una vuelta de tuerca al concepto de “opoficialismo”, tratando de ser críticos pero sumándole algunos puntos a un gobierno que sigue perdiendo popularidad.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

No hace falta ser un cientista social reconocido para percibir que el malestar con el gobierno nacional sigue en aumento. Incluso en un distrito tan oficialista como el nuestro el desencanto y el fastidio se perciben en el aire. Se quejan el empleado, el empresario, el cuentapropista o el desocupado. Es una prueba de fe para los que siguen defendiendo a Cambiemos.
Cuando hace cerca de un año las elecciones de medio término pintaron un panorama muy distinto al que imaginaban todos, algunos analistas no dudaron en sostener que la gente había castigado a los “opoficialismos”, aquellas oposiciones de buena sintonía con el gobierno nacional.
Aunque en la actualidad pasar revista por el peronismo equivale a recorrer la taxonomía de cualquier especie, aquella vez los castigados fueron los candidatos avalados por el peronismo de los gobernadores que hoy entran en el subgénero de “racionales”. Sobre esas espaldas trató el kirchnerismo de imputar las culpas de la derrota.
Aquellos debates se fueron aplacando a medida que la situación económica fue mutando de una llovizna finita a una tormenta tropical que amenaza con destruir todo a su paso. En el medio, como no podía ser de otra manera, las relaciones y los vínculos políticos se fueron transformando, alterando profundamente el panorama para el año que falta.
Cada error del gobierno se factura con más fuerza y cada acierto de la oposición se magnifica en plan de campaña, acentuando la faceta de gestión que la gente está demandando. Pese a eso, ciertos políticos que pretenden afectar al gobierno sólo lo favorecen con sus declaraciones.
Este nuevo grupo de ofendidos con el gobierno serían nuestro “neo opoficialismo”, un conjunto de políticos que pretende debilitar al gobierno con sus declaraciones pero que en realidad sólo lo beneficia. Esta semana Ricardo Alfonsín y Julio De Vido fundaron tan destacado club de políticos que -intentando hacer oposición- le suman algún punto a un alicaído oficialismo.
El heredero del primer presidente de la actual etapa democrática hace rato que viene manifestando su incomodidad de pertenecer a un gobierno que representa a muchos de los sectores que jugaron en contra del gobierno de su padre. Enojado por la irrelevancia de su espacio en las listas (que se condice con lo que se percibe objetivamente en su capacidad de movilizar votantes) sigue esperando el momento de abandonar el barco.
Se sabe que está trabajando por un frente progresista junto al socialismo santafesino, al GEN de Stolbizer y a los radicales socialdemócratas que ya no soportan la gestión presidencial. Con una muestra de coraje y masculinidad declaró que “si esto sigue así, yo me voy de la UCR”.
Si hay algo que le gustaría a los halcones de Cambiemos es no tener que pensar en la gente por objetores de conciencia como Alfonsín. Si la pata sensible y progresista desiste de acompañar al gobierno, seguramente éste podría definir otras políticas para seducir a su electorado conservador cansando del exceso de gasto público y el garantismo. Además, Ricardo se olvida de que no es Lilita.
De Vido, por su parte, declaró que está preso por una decisión política del presidente Macri. ¿Se puede conseguir mejor prensa que esa?. Cuando todos cuestionan que no se avanza en juzgar y condenar la corrupción del gobierno anterior, sale uno de los cabecillas a decir que está preso por voluntad del presidente actual, lo que equivale a decir que si no fuese por Macri él estaría tirándole alpiste a los pajaritos en su casa de country. Increíble.
Qué floja será su defensa que lo único que le queda es victimizarse, justo cuando es imposible que alguien fuera del kirchnerismo hardcore le crea una palabra. Se murieron más de 50 personas por su culpa y sale a decir que está preso porque Macri quiere. Ni Durán Barba lo podía guionar mejor. Además, Julio se olvida de que no es Cristina.
Este nuevo grupo de opositores (internos y externos) trata de atacar al gobierno y le mejora la cara entre su base electoral. Aunque no le alcance para recuperar todos los puntos que va perdiendo por la marcha de la economía, cada punto es importante cuando se dejó de pelear la punta y se pasó a pelear el descenso.



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