El lugar donde fuimos felices

La semana pasada, cuando se supo que Charles Aznavour había fallecido, no hubo recordatorio en el que no se citara la canción conocida aquí como “Venecia sin ti”. Una pieza a la que el cantante aportó la música, pero cuya letra pertenece a la comediante y novelista francesa Françoise Dorin.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

En 1964, Françoise Dorin tenía 36 años y se esforzaba por hacerse cargo de la herencia artística que había recibido de su padre, el cantante René Dorin. En los años cincuenta, había debutado como actriz junto a intérpretes que luego hicieron una gran carrera cinematográfica. Pero al poco tiempo ya estaba actuando en cabarets como parte del trío femenino Les Filles à Papa (Las hijas de papá), conformado por mujeres cuyos padres eran figuras reconocidas de la escena francesa. Insolentes y rebeldes, traslucían el espíritu de una época en que los cantautores copaban la parada para decir cosas que nunca habían sido dichas hasta ese momento.
A partir de esa experiencia, Françoise le tomó el gustito a la música y dio inicio a una etapa como autora que la llevó a componer algunos de los grandes éxitos de ese tiempo tan prolífico para el cancionero de Francia, que en luego tuvo una gran influencia tanto sobre Europa como sobre América (y, por supuesto, sobre Argentina). Régine, Claude Françoise, Dalida,MireilleMathieu, JulietteGréco, Line Renaud y Patachou fueron algunos de los que cantaron las letras de esta comediante que ya había incursionado en la dramaturgia y que con el tiempo desarrollaría la profesión de novelista.
Pero es muy probable que ninguno de sus escritos haya alcanzado la popularidad mundial que tuvo una canción suya que data justamente de 1964 y que ha recibido traducciones a numerosos idiomas, incluyendo una al español. En su peregrinaje por el ingrato mercado de los editores musicales, ella ofreció su pieza “Que c’est triste Venise” a quienes trabajaban junto al famoso cantante Charles Aznavour. El francés de ascendencia armenia, que ya era toda una estrella, se tomó varios meses para ponerle música al texto de Françoise Dorin, después grabarlo y finalmente lanzarlo al mercado. Había nacido un éxito inmortal.
Premiada a nivel internacional, la obra adquirió rápidamente el carácter de clásico, no sólo del repertorio de Aznavour, sino también del de muchísimos trovadores que apelaban a grabar hits ajenos para imponerse en el mercado. Fue el espaldarazo para el prestigio como compositora de Dorin, quien si bien continuó realizando esa tarea, muy pronto iba a consagrarse como escritora, un rol que iba a depararle un gran reconocimiento y que, a la vez, terminaría opacando esa faceta suya que la había asociado con Charles Aznavour en el que sería, con el correr del tiempo, uno de los caballitos de batalla del músico.
La semana pasada, cuando se supo que Aznavour había fallecido a los 94 años de edad, no hubo recordatorio en el que no se citara a esa canción, que nosotros conocimos como “Venecia sin ti”, aunque su título original era “Qué triste está Venecia”. Y es que ese tema estaba destinado a calar hondo, porque habla de la sensación que nos invade cuando, al volver a visitar un lugar donde fuimos felices, se nos vienen encima los recuerdos y la implacable certeza de que hay momentos que ya nunca más volveremos a vivir.
Sin embargo, por aquí nadie se encargó de evocar la importancia de esos versos de Françoise Dorin cuando se produjo la muerte de su autora, el 12 de enero de este mismo año. Tenía 89 años y llevaba mucho tiempo ya retirada de la actividad pública. La trascendencia de Aznavour y su enorme aporte musical en la composición de “Que c’est triste Venise” están fuera de cualquier duda. Sólo faltaría que la gente que tanto disfrutó y disfruta de esa canción, sepa que la autora fue una mujer que, con su prodigioso talento, tradujo en palabras un sentimiento que ninguno de nosotros hubiera sabido cómo explicar.



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