Bienvenidos a Latinoamérica, la montaña rusa mais grande do mundo

Somos una porción del continente americano que enfrenta ciclos constantemente. Esto es, cambios radicales que nos obligan a comenzar prácticamente desde cero.

Por Fernando Ruiz-Olalde

Los extremos nunca pueden ser buenos. En contraposición existen la mesura, el equilibro o prudencia.
Como buenos latinoamericanos y en honor a nuestra sangre caliente, vehemencia y profundos rasgos pasionales, lograr que seamos moderados es como pretender que un simio opere drones.
Por definición, podemos postular que ejecutamos acciones motivados de forma instintiva e impulsiva, y desde la concepción cognitiva hasta su exteriorización representada por el hecho conductual en sí mismo, no media un espacio reflexivo acorde. Los desenlaces se pueden apreciar en distintos ámbitos: deportivo, social y político entre otros.
Lo que hoy es blanco, mañana será negro. Lo que ayer venerábamos, hoy lo detestamos.
Somos una porción del continente americano que enfrenta ciclos constantemente. Esto es, cambios radicales que nos obligan a comenzar prácticamente desde cero. Hace pocos años en lo político, la tendencia era el socialismo o izquierda, con relatos cargados de heroísmo, libertad, revolución y nuevos despertares cual ave fénix. Las políticas aislacionistas, proteccionistas y expropiadoras tuvieron un importante auge, nacionalizando así recursos, capitales y comprometiendo la confianza a través de la disolución de los poderes que caracterizan a una república. No es mi intención profundizar sobre aciertos o desaciertos de determinados gobiernos y sus políticas implementadas; hoy sólo pretendo dejar en claro en este aporte que los resultados que obtenemos, están directamente relacionados con lo que hacemos, decimos y pensamos. Y no por obra divina, metafísica o aspectos paranormales, fortuitos o azarosos.
Cuando comprendamos y afrontemos nuestra responsabilidad crucial frente a los procesos, tal vez seamos bien recibidos por el andarivel del medio, y esto nos permita circular a una velocidad segura, con paso firme y perseverante, evitando así vuelcos y maniobras estrepitosas. Lo que inevitablemente germinará en políticas de estado, tan fundamentales para la paz y progreso, pero de las que seguimos careciendo.



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