A quince años de una gestión sin obras

Las cintas que consiguió cortar Luis Juez durante su mandato -el nudo vial Cardeñosa y la refuncionalización de la Avenida Cruz Roja- las heredó, paradójicamente, de la gestión anterior.



Por Pablo Esteban Dávila

La efeméride señala que hoy se cumplen 15 años de la elección que consagró a Luis Juez como intendente de la ciudad de Córdoba. Fue el debut de la nueva política cordobesa en un cargo ejecutivo.
El experimento juecista no resultó bien. El nuevo intendente dilapidó energías culpando de todo a su antecesor, Germán Kammerath, y enfrentando al entonces gobernador José Manuel de la Sota, con el confeso propósito de sucederlo en el próximo turno electoral. En el medio, se olvidó de gobernar.
Tal es así que, sin exageraciones, puede decirse que Juez inauguró un extenso período de intendentes con cero obras. Las cintas que consiguió cortar durante su mandato -el nudo vial Cardeñosa y la refuncionalización de la Avenida Cruz Roja- las heredó, paradójicamente, de la gestión anterior. En efecto, fue Kammerath quien, continuando con un crédito del BID negociado inicialmente por Rubén Martí, aseguró los fondos y los estudios requeridos por el organismo para efectuar los desembolsos correspondientes. Incluso la escalera de emergencias del Palacio 6 de Julio fue financiada de esta manera, sin que tampoco en esta ejecución el intendente tuviera que preocuparse de minucias presupuestarias.
Esta orfandad no se debió a ninguna crisis. Por el contrario, su mandato fue beneficiado por un momento particularmente expansivo de la economía nacional. Además, su alianza “transversal” con el presidente Néstor Kirchner le aseguró recursos en abundancia para no tener que pasar ningún mal trago.
Sin embargo, y lejos de aprovechar semejante viento de cola, Juez lo aprovechó para hacer populismo, al estilo de sus benefactores kirchneristas. Demagógicamente congeló impuestos y tarifas de servicios públicos y, en una deriva de particular irresponsabilidad, nombró a miles de nuevos agentes municipales, seleccionándolos entre los familiares del SUOEM y del equipo de fútbol en donde militaba.
Vale decir que, tras cuatro años de bonanza, Juez entregó el municipio a Daniel Giacomino–luego devenido en enemigo personal de su mentor–casi en peores condiciones de las que las recibiera de parte de Kammerath, con la diferencia de que el liberal hubo de vérselas con la peor crisis que azotó al país en 200 años. El hecho que Juez casi lograra, escándalo mediante, la gobernación en 2007 ocultó por algunos meses lo gravoso que resultó su gestión para el futuro de la ciudad.
Después de todo el tiempo transcurrido y de los conocidos avatares ideológicos del personaje, las circunstancias vuelven a combinarse de manera tal que aquel exintendente K pueda, en la actual coyuntura, especular con su regreso al municipio, reciclado ahora como candidato del presidente Mauricio Macri.
Suena a delirio, pero así es la nueva política. Todo le es permitido y nadie se pone colorado. Lo cierto es que, sin la posibilidad de reelección de Ramón Mestre, Cambiemos se encuentra sin un candidato de suficiente volumen como para asegurarse el municipio. El actual intendente no tiene un sucesor de su riñón y el PRO parece confiar su suerte en Felipe Lábaque que, en rigor y a despecho de ser el viceintendente en ejercicio, se encuentra lejos de ser un dirigente universalmente conocido.
Frente a este panorama, Juez se ilusiona en ser el elegido de la coalición. Muestra, con el fervor de un niño al que acaban de regalarle un juguete nuevo, ciertas encuestas que lo señalan como beneficiario de cierta resiliencia electoral en el distrito. “Mejor malo conocido”, es el argumento que, cuando llegue la hora, blandirá ante sus socios.
Dentro de Cambiemos, Juez es una mala palabra dicha en sordina. Nadie lo quiere sinceramente, con excepción de Mario Negri, dispuesto a perdonarle antiguos agravios a cambio de su apoyo para disputar la gobernación. Es imposible imaginar el grado de indigestión que podría causar su eventual candidatura para los miembros de la entente, especialmente si fuera impuesta por el dedazo presidencial.
Sin embargo, la posibilidad existe. Los números indican que podría haber un nuevo intendente con apenas el 30% de los votos. Tres años atrás, Mestre fue electo con el 32% y el escenario parece haberse afianzado en su dispersión. Sin la necesidad de un balotaje (y, por lo tanto, sin el fantasma del rechazo como factor dirimente) quien se acerque a esta ratio podría aspirar seriamente a gobernar la ciudad, especialmente si contase con el apoyo de la Casa Rosada. ¿Se acercaría Juez a estos valores? Es la gran pregunta que, dentro del oficialismo municipal, la mayoría teme formular.
De darse esta situación, el hombre podría enfrentarse a Olga Riutort, quien fuera su compañera de fórmula en los últimos comicios. Las chances de Riutort de regresar al peronismo han crecido luego de la trágica muerte de José Manuel de la Sota y, con tal retorno, transformarse en la candidata de Schiaretti para ganar el municipio. Si situación es similar a la de Juez y su desempeño electoral (si se exceptúa su malhadada experiencia con él) siempre ha sido más que interesante.
Esta hipótesis, por supuesto, abona la tesis de la inconsistencia del devenir juecista antes que la de Riutort. La exsecretaria general de la gobernación construyó una suerte de peronismo municipal que se mantuvo alejado de las expresiones nacionales que intentaron cooptarlo. No es el caso de Juez, quien pasó fugazmente y sin mayor autocrítica del amor por Néstor a la devoción por Mauricio, esto sin contar con lo deletéreo de su gestión. Hace 15 años de la inauguración de esta calesita ideológica sin legado alguno y, por lo que se advierte, todavía parece con intenciones de seguir girando.



3 Comentarios

  1. La verdad que vomitivo es este diario, la verdad mientras todos tratan de unirse para enfrentar a UPC, ustedes se dedican a tirar caminadas de porqueria, no se olviden que el capitán del perla negra ya no está.

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