Tertulia y baile en el Café Central (Tercera Parte)

Concluye la serie de notas dedicadas al evento bailable que despertó en la prensa un tratamiento extenso, en consonancia con la vida tranquila y las pocas novedades que se generaban en la vida social de la ciudad en 1871.



Por Víctor Ramés
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Dos señoritas revisan los compromisos en sus libretas, durante un baile. Carl H. Kuechler, 1882.

“Sin creerme gran conocedor del corazón humano, me atrevería a asegurar en este momento que algún oculto sentimiento agita el alma de esta hechicera mosquetera de luto, N. R.

¡Recuerdos de pasadas horas!

Algo le falta, pero hay alguien que la consuela.

Bien envidiable es la misión.”

La crónica del redactor de El Eco de Córdoba incluía este tipo de apuntes. Si “mosqueteros” eran quienes miraban el baile sin bailar, eso mismo significaba su equivalente femenino: una joven apartada del vértigo de la danza.

Ya en el final de su relato sesgado por la vivencia personal en tanto participante y no sólo como narrador del baile, el redactor de El Eco de Córdoba se había gastado todo el espacio disponible. Al principio había abundado en frases filosóficas sobre el baile, que no hemos transcripto, entre las que decía cosas como: “El baile, en fin, el baile neto tal como los poetas lo colocan en sus soñados paraísos, no aguanta sublimes metamórfosis, es la expresión genuina de la humilde condición humana con todo su séquito de pequeñeces y pobrezas”. Y luego, en la crónica propiamente dicha, se extendió todo lo posible en el detalle de las niñas asistentes y en su propio papel en la pista de danza. De manera que llegaba al final de la hoja sin aportar otras miradas del evento, como él mismo lo reconoce:

“Las respetables matronas que honraron la bonita tertulia del Café Central tenían reservado un preferente lugar en esta concisa revista, pero mi mala estrella se ha interpuesto en contra de tan honestos deseos.”

Y agregaba a continuación otra muy breve mención dedicada a quienes se encargaron de organizar la tertulia del Club Social que, por no tener sede propia –ya que se había formado hacía muy poco–, realizaba sus actividades en el Café Central:

“Una nutrida salva de aplausos a la Comisión, fuerte de Carlos Bouquet, Solano Torres, David Argüello y Fabia Gutiérrez.

Un caluroso hurrah al Sr. D. Guillermo Álvarez.

De ustedes.”

Reencontraremos a la señorita Fabia Gutiérrez, como pieza clave de la tertulia y el baile, en la crónica ofrecida a su vez por el semanario La Carcajada.

Si la nota publicada en El Eco de Córdoba aportaba elementos típicos de la descripción, en particular de las asistentes femeninas al baile, y también vivencias del propio cronista en el salón, registrando su gusto por las jóvenes y bailando con ellas, diferente es el enfoque del mismo evento que hace el redactor de La Carcajada.

Éste prefiere dar pie a la burla más que a su propio disfrute, como era propio de las notas del periódico “jocoserio”. Se trataba, sobre todo, de ridiculizar a la concurrencia masculina, a la cual el cronista anterior englobaba simplemente como “los leones” de la fiesta, y cuya aparición estaba supeditada a su proximidad a las damas. La Carcajada se detiene en estos, de alguna manera sus cómplices sociales, para meter un par de apuntes y mofarse de ellos. Cuando habla de José Echenique, por ejemplo, y hace alusiones a las “X y las S”, se refiere a una larga polémica ventilada por el diario sobre el uso de esas letras en palabras como “estraño” o “estranjero”, que en su momento fue comentada en esta columna.

Citamos esa crónica a continuación, hasta concluir la página y cerrar el tema:

“Todo era animación, contento, felicidad, entusiasmo.

Aquí se veía al joven David Argüello más encorcelado que una vieja que yo conozco; más allá se veía al Guagua Mateo Luque haciendo más requiebros que el Dr. Severo; al muchacho Carlos Bouquet se le veía confundido entre los viejos Héctor Álvarez, Ramón Piojio, Odilón Lamas y demás gente por el estilo; el joven Tomasito Basija se le veía más allá preguntando ¿qué hay de nuevo? y disculpándose por no haber asistido de frac, pues que aún no se lo habían remitido al que había mandado construir en Montevideo;

Aquí se veía al joven José Echenique haciéndole los cocos a la señorita Fabia Gutiérrez y tratando de probarle su pasión por medio de X y S.

El joven Echenique ha estado feliz en su elección aquella noche, pues las Srta. Fabia era la diosa de aquella reunión: ¡Qué peinado! ¡Qué tontillo! Y qué traje tan caprichoso había estrenado en aquella noche; todas las miradas se las absorbía ella.

Dichosa vos, Srta. Fabia, que con tus gracias y tus encantos has conseguido seducir a un joven que hace sus manifestaciones amorosas por un nuevo sistema de X y S.

Aquí se veía a Eduardito de frac, y qué bien le quedaba. Es un Napoleón I con ese traje. Yo en lugar de él, optaría por andar siempre de frac. Conque Eduardito, si no quieres que se diga nada de tu barriguita, adopta el frac como tu traje favorito.

Contemplando estábamos ese cuadro como mosqueteros, cuando se nos presenta un amigo que es sastre, a quien nos dirigimos diciéndole:

–¿De dónde por aquí amigo, qué milagro es este?
–Calle amigo, que estoy con una rabia que me lleva el diablo.

–¿Y por qué? ¿Se le ha frustrado algún proyecto?

–No amigo; es que he trabajado como un tostado causa de este baile y no me han…

–Ya entiendo, ya entiendo. Muchos de los que andan aquí dándose un tono a la Méndez Paz, no le han hecho una manifestación de aprecio después que lo han hecho romperse los pulmones, eh?

–Precisamente, esto es lo que me tiene de mal humor.

–Pero no habrán tenido tiempo y por esto no lo habrán hecho.

–Qué tiempo, ni qué tiempo; es que así nomás son. Mire aquel que pasa allí y que a cada rato se mira en el espejo; como se cuida poco de lo que lleva encima. Ya se ve, como a él no le cuesta, poco importa que yo esté aquí con todos los santos a las vueltas porque no lo aje.

–Lo compadezco amigo, y esto debe servirle de lección para adelante, pues si tan malos ratos le proporcionan una tertulia, ¿qué será cuando sea un baile?

–Le juro, que solo que me hagan manifestaciones antes, los he de servir, de lo contrario, no hay gente.

–Es lo mejor que puede hacer, y diciendo esto nos retiramos pues a la mosquetería no se le convidaba con otra cosa sino con unos bollitos de Frío mezclados con copas de aire, quedando la tertulia y los tertuliantes, en lo mejor de tertuliar.”



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