Los dos tiempos de Carrió y el ministro

Las fuertes declaraciones de Carrió para salir al cruce del ministro Garavano han encendido las alarmas en muchos intérpretes del gobierno, que creen ver un quiebre en puerta.

Por Javier Boher
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La política es el arte de lo posible. Al menos algo así nos han hecho creer que dijeron ciertos personajes importantes de la historia. La belleza de la frase radica en ese equilibrio que nos convence de que la política es una herramienta para alcanzar objetivos muy ambiciosos, pero también de que es construir sobre lo poco que se puede hacer. La política es ambición y restricción al mismo tiempo.
En ese sentido, el malestar de Elisa Carrió con el Ministro de Justicia Germán Garavano se enmarca en la primera acepción que le damos a la frase. La chaqueña parece haber encontrado el argumento perfecto para romper con el gobierno. En base a una interpretación algo caprichosa de los dichos del ministro, está en condiciones de armar sus valijas y abandonar el barco.
Carrió, quien siempre ha tenido la habilidad de erigirse como la brújula moral de la República, pretende que el gobierno acelere a fondo en la lucha contra la corrupción y ataque al mayor símbolo del kirchnerismo, la ex presidenta Cristina Fernández, pero desde el núcleo duro de Cambiemos saben que acelerar a fondo puede terminar de la peor manera.
En ese sentido se inscriben los dichos de Garavano que (lejos de querer impunidad para los integrantes del gobierno anterior) pretende aplicar la segunda acepción de la frase. No se trata de ir por todo y quedarse con las manos vacías, sino más bien de ir progresivamente acumulando pequeñas victorias que permitan, al final del recorrido, ganar la guerra.
Es indudable que los dichos de Carrió obedecen más a una puja interna que a cuestiones reales de lucha contra la corrupción. Incluso sirven para contener a los votantes oficialistas que no terminan de digerir la libertad de la ex presidenta (siempre que no se materialice la fractura).
Por más que se sienta la representación viva del orden republicano, también es real que Carrió es una tiempista de la política, sabiendo cómo subirse el precio y salir fortalecida de las negociaciones. Por eso, ¿qué mejor que amenazar con un pedido de juicio político al ministro?
Es difícil saber a ciencia cierta cómo va a continuar esto, pero desde el Ejecutivo dejaron entrever que pretenden que ambos se mantengan dentro del gobierno. Simplemente ocurre que la diputada cree que ya ha llegado el momento de pasar a la ofensiva y lo ha dejado claro sin consultar a nadie. Quizás hable en serio, pero también puede ser que simule en la búsqueda de un relato de escape (para ella o para todos).
La figura de la ex presidenta es un imán para la atención pública. Todo lo referido a su persona gana espacio en los medios y en las redes. Ponerla en el centro de la escena y lograr que todos estén pendientes de ella (esa quimera que persiguen los que la quieren presa, esa perseguida para los que no soportarían verla tras las rejas) facilitó el trabajo de negociación para lograr otros objetivos.
Esa ilusión de la política como la aspiración por lo irrealizable que refleja Carrió en su ofensiva es lo que ha permitido los pequeños logros posibles por los que han trabajado todos (incluyendo a Garavano).
La ley del arrepentido, Boudou condenado e inhabilitado, la presión sobre sindicalistas y ex funcionarios por causas que avanzan lento pero que igual se mueven son algunas muestras de que mientras todos esperan con impaciencia ver la imagen de Cristina denigrada como una rea, por detrás se gana terreno sigilosamente.
La política es el arte de lo posible, la combinación de aquello que estamos en condiciones de hacer tanto como de lo que parece irrealizable. Es la vehemencia de Carrió, pero también la cautela de Garavano. Es fogonear ilusiones y construir realidades, en tiempos y formas que varían ampliamente según las condiciones que se presentan.
La realidad hoy impone que éste sea el juego, con una coalición de nuevo tipo que hasta ahora siempre ha parecido al borde de la fractura pero ha logrado sostenerse con solidez. Eso es lo que hace atrapante a la política y a los mejores juegos: saber que no siempre se juega igual, no siempre se usan las mismas estrategias y no siempre vemos los mismos resultados, ya sea para construir una coalición o para encarcelar a una ex presidenta.



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