De Loredo defendió ventajas de Cambiemos para UCR

Para el nuevo presidente del Congreso Provincial, la alianza es la herramienta para reconciliar al partido con su electorado.

Por Alejandro Moreno
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Rodrigo de Loredo asumió el sábado la presidencia del Congreso Provincial de la Unión Cívica Radical haciendo equilibrio entre el deber de afirmar la identidad del partido y la necesidad de no perder de vista las ventajas electorales de permanecer en la alianza Cambiemos.
El discurso de De Loredo fue una síntesis, no en el sentido de brevedad, sino en el de buscar puntos equidistantes entre tensiones que afectan hoy a la Casa Radical y a su propia imagen de dirigente político.
Muchos radicales viven traumados la relación con el PRO. Consideran que Mauricio Macri los ningunea a la hora de tomar decisiones y, también, en el reparto de espacios en el organigrama; pero reconocen que sin ese acuerdo no compartirían ni una fracción del poder nacional. Admiten que sin el PRO como aliado es imposible vencer al peronismo en la provincia de Córdoba, y quizás tampoco en la ciudad, pero pretenden que las principales candidaturas para las elecciones del año que viene sean de correligionarios. Y, para colmo, Ramón Mestre asumió semanas atrás la presidencia del Comité Central de la Provincia pregonando un “Cambiemos a la cordobesa”, definición intermedia entre los que quieren sostener el acuerdo como está y los que preferirían un radicalismo independiente.

De Loredo buscó una manera de cerrar esa grieta radical entre identidad y pragmatismo: “El espacio de Cambiemos, que nos reconoce como radicales, nos reconcilia con nuestro electorado. El radicalismo, antes de ser un logo, un aparato o una estructura es una expresion de la cultura argentina”. “Cambiemos -insistió- es la herramienta que nos permite reconciliarnos con nuestro electorado”. Visto de este modo, el radicalismo se serviría de Cambiemos, y no al revés. ¿Habrá convencido?
Todo eso fue dicho delante de varios dirigentes del PRO que asistieron como invitados a la asamblea en el salón Macario Carrizo de la Casa Radical. Entre otros, estuvieron Laura Rodríguez Machado y Javier Pretto (precandidatos a gobernador), y Soher El Sukaria (precandidata a intendente). En cambio, no fueron el vecinalista Aurelio García Elorrio y la radical disidente Liliana Montero.
Hubo más. Otra premisa radical es que el PRO es el partido de los CEOs y la UCR el de los políticos. Que Macri y los suyos toman medidas que luego Mario Negri debe defender en el Congreso y en los medios de comunicación, parecen confirmarla. De Loredo encaró de nuevo, dijo que ése era un falso dilema y que la política “no persigue el poder, no persigue la mercancía: la política se satisface con el cariño de la gente”. Hubo aplausos, aunque no pudo discriminarse a qué parte de todo lo que dijo.
Él mismo pareció necesitar una síntesis. De Loredo fue señalado durante algún tiempo por sus enemigos como un dirigente demasiado cercano al PRO, a pesar de haber militado siempre en la UCR alcanzando la presidencia de la Juventud Provincial y una banca en la Legislatura. Como Oscar Aguad, el referente histórico del espacio Marea Radical, fue el primer impulsor de un acuerdo con Macri, aún cuando resultaba una idea indigerible para la mayoría, De Loredo quedó apuntado como muy amigo de los macristas. Para colmo, luego fue uno de los pocos cordobeses premiado con un cargo en el equipo de gobierno nacional.

El primer paso fue sacar a relucir sus escudos radicales; su abuelo, contó, ejerció precisamente la Presidencia del Congreso partidario en la década del 40. Fue sabattinista, aclaró, y bien intransigente; tanto que hasta renunció a la carrera política por divergencias con Eduardo Gamond, uno de los dirigentes más sobresalientes de la época. El segundo paso, consistió en agitar banderas con la mano izquierda, como al recordar que su abuela cantaba el Himno de la Internacional Socialista, o al citar a Pablo Neruda.
Finalmente, De Loredo buscó establecer una última síntesis entre sus aspiraciones electorales y su flamante cargo partidario. Fue un candidato municipal con un discurso provincial. Dijo que había ganado muchas elecciones internas (de paso, refirió a su currículum partidario) pero que ahora quería “ganar una afuera”, lo que no necesitó mayores aclaraciones sobre sus planes 2019. Sin embargo, sus observaciones fueron provinciales. Siempre que habló de los desafíos electorales de la UCR lo hizo enfatizando que es hora de cambiar el manejo del timón de la provincia de Córdoba después de dos décadas de peronismo.
En el salón Macario Carrizo lo escuchaban los dos principales aspirantes a la candidatura a gobernador: Ramón Mestre y Mario Negri.
“Tenemos más pobreza que la media de la República Argentina después de veinte años del modelo Unión por Córdoba”, recalcó. Como en su libro “Salir a flote” explicó que el “modelo” del peronismo se basa en “un esquema tributario regresivo, un endeudamiento en dólares para obras, un gasto social clientelar e ineficiente, y un retroceso institucional”. Puntualmente, sostuvo que el principal problema de los cordobeses es el delito: “la inseguridad es un infierno”, graficó.



Cómo llegó
De Loredo llegó a la Presidencial del Congreso Provincial como resultado del acuerdo Statu Quo, según el cual cada grupo interno conserva para los próximos dos años los mismos cargos que tuvo en el bienio anterior. La silla más importante del Congreso había sido ocupada por Mauricio Cravero, de Marea Radical, ahora este núcleo designó a De Loredo. Igual, la mayoría de la Mesa Ejecutiva responde al grupo Confluencia, que ordena Mestre, e igualmente sucede con la mayoría de los congresales.
Como parte del mismo acuerdo, el mestrismo conserva la mayoría en la Junta Electoral y en el equipo de apoderados, dos espacios clave dentro del partido.



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