Acerca de la misión de la Universidad Pública

A 100 años de la Gesta Reformista: “Lo que propongo concretamente, es que reflexionemos sobre la coherencia del accionar de la Universidad Argentina respecto a los Valores Reformistas”

Por Eduardo Dalmasso*

La Universidad es una institución que representa, en el campo del saber, del conocimiento y de la cultura, el largo proceso de desarrollo económico y social del mundo occidental.
La Universidad tuvo como mérito proveer a sus miembros de las competencias necesarias para reflexionar sobre los atributos que los Estados deberían construir y resguardar para el logro de comunidades que acrecentaran su riqueza material y espiritual. De ello: que su primera función era política, dado que integró en sus quehaceres la misión de enriquecer y construir un discurso sobre aquellas normas o leyes universales del espíritu humano que debían ser directrices en el desarrollo político y económico de las sociedades.
De la lectura del Manifiesto Reformista y el conjunto de discursos registrados en la Gaceta: sus postulados bregan por la razón de ser de la enseñanza superior que, en su concepto, es la búsqueda de la elevación intelectual y moral de sus educandos, aunado a la producción de conocimiento científico como un valor que se constituye en un bien social. Esto no implicaba solamente la transferencia de conocimientos en un sentido instrumental, sino más aún la apertura y simbiosis entre la Universidad (como universo del saber) y las aspiraciones legítimas y democráticas de una sociedad que lo demandaba.
Con este postulado, los ideólogos reformistas atribuyen a la reflexión crítica, un valor sustancial en el ámbito universitario. En sus enunciados, la institución debe asumir esta concepción en todo intento de producción de conocimiento, si se quiere que éste contribuya a generar cambios en los modos en que los hombres producen la sociedad y su propia historia. Según los mismos pensadores, y en palabras de ellos, las transformaciones deben provenir desde arriba, porque el cambio se genera solamente en el plano de las ideas.

Los valores de la universidad
Cada sociedad, en su búsqueda de cohesión, construye un imaginario alrededor de lo que debiera considerarse como valioso, aceptable y legítimo . (Charles Taylor. Las fuentes del Yo. La Construcción de la Identidad Moderna) Los valores, al incidir en la construcción de una macro visión común, funcionan como modeladores de la conducta y propician sentido de pertenencia. De ese ideario, según el proceso de hegemonías, surgen y se desarrollan instituciones, en concomitancia a las regulaciones fundamentales que deben cohesionar y regular los distintos ámbitos de un orden social determinado. De lo anterior, en los hechos se van estableciendo los campos sociales que adquieren predominancia y son objeto de desarrollo.
Las instituciones, entre ellas la Universidad, contribuyen a reproducir y ampliar las acciones humanas en busca de la realización social. Sus roles: incorporar, producir y difundir saberes y conocimientos.
El reconocimiento de los valores que surgen de la práctica o forma de cumplir su cometido, permitiría indagar acerca de cómo contribuye la Universidad a determinados comportamientos sociales, a partir de vincular valores y conductas. En su momento, la Reforma fue un grito de rebeldía dentro de un discurso de pleno carácter intelectual y de plena consciencia, según su concepción del rol que le cabe en el quehacer del Estado.
Intuimos que en el cómo se construye el conocimiento crítico, y éste se hace parte de la cultura universitaria, se definen las posibilidades de progreso en distintos campos de la sociedad por el significado de sus aportes al desarrollo, social, político y científico. De hecho, la práctica concreta debería revelarnos si la investigamos en profundidad, que tipo de construcción de valores surge de su práctica efectiva dentro del quehacer universitario. O sea: la coherencia entre su práctica y su misión!!
De la tradición Reformista, surge a nuestro juicio el enunciado del artículo segundo de los Estatutos de la UNC:
“La educación plena de la persona humana, la formación profesional y técnica, la promoción de la investigación científica, el elevado y libre desarrollo de la cultura y la efectiva integración del hombre en su comunidad, dentro de un régimen de autonomía y convivencia democrática entre profesores, estudiantes y graduados, la difusión del saber superior entre todas las capas de la población mediante adecuados programas de extensión cultural; promover la actuación del universitario en el seno del pueblo al que pertenece, destacando su sensibilidad para los problemas de su época y las soluciones a los mismos, proyectar su atención permanente sobre los grandes problemas y necesidades de la vida nacional, colaborando desinteresadamente en su esclarecimiento y solución” .
Resulta en consecuencia que la búsqueda de un marco apropiado para la consolidación de la Universidad Pública implica la búsqueda del permanente desarrollo del pensamiento crítico y la difusión de una cultura que expanda el acervo de sus educandos. Una cultura comprometida desde una concepción de la búsqueda de la verdad y por ello enemiga del fanatismo y sí, con una plena aceptación del concepto de falibilidad.
El pensamiento crítico responde al reconocimiento de la complejidad y a un método, pero también a una actitud reflexiva e inquisitiva. Pensar en contra de sus certezas, de sus propias verdades, es el no atarse, el no quedar atrapado. Pensar o buscar alternativas de significación a partir de lo que es o se descubre que es el objeto. Se parte de categorías pero no se desconocen sus múltiples significados posibles. La cultura del pensamiento crítico desarrolla aprendizajes para la acción según el problema a abordar. El cómo se ocupa la Universidad de desarrollar esta cultura hace a su finalidad.
En función de lo expuesto, y concordando con José Ortega y Gasset ( Misión de la Universidad. Revista de occidente) partimos de aceptar el hecho que la Universidad tiene como prescripción dentro del orden social vigente: Educar personas que contribuyan a regular y enriquecer la vida pública, mediante la aplicación de la capacidad desarrollada en su ámbito a través de conductas signadas por valores y una clara comprensión del sistema de ideas vivas, que encarnan la cultura de su tiempo.
Lo que propongo concretamente, es que reflexionemos sobre la coherencia del accionar de la Universidad Argentina respecto a los postulados Reformistas, a partir de considerar a los valores vigentes en nuestra sociedad, como fundamentales para comprender la trama que rige las conductas sociales. Esto porque en mi concepción la Universidad debería operar como fuente enriquecedora, al menos del comportamiento de la clase dirigente. Y atento estos comportamientos evaluar el cumplimiento de los objetivos de la institución.
Dicho de otra manera: evaluar el lugar que supuestamente la Intelligentzia Social, formada por la Universidad, puede o viene incidiendo efectivamente en el enriquecimiento cultural, político y tecnológico de la sociedad a partir de interpretar nuestra historia política y de la propia vida intra universitaria cómo campo de desarrollo de las ideas y de prácticas que deberían al menos, estar alineadas con lo que considero es la misión de la Universidad.
Dr. En Ciencia Política. Profesor de Pos Grado. Autor de 1918, Raíces y valores del Movimiento reformista. ( Libro seleccionado para conmemorar los 100 años de la Gesta Reformista).



1 Comentario

  1. Muy adecuado y atinado el articulo, el hecho que la universidad sea una institución tan representativa en nuestra sociedad refleja que la universidad publica se volvió parte de nuestra identidad como sujetos, ya que nos sentimos partes y pertenecientes activos en la universidad y el hecho que la reforma salga a colación es porque en cierto modo también forma parte de la subjetividad sobre todo de Córdoba y considero que dichas aprehensiones son no solo significativas, sino también fructíferas para cada uno.

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