Los monstruos se alimentan de las dudas

La sucesión de eventos de ayer es, en última instancia, el resultado de la indecisión del gobierno, una anomia que termina alimentando a los monstruos que acechan a Macri y los suyos.

Por Javier Boher
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Foto: Paul Amiune

Cuando parece que nos encaminamos a la misma rutina y aburrimiento de siempre, la agenda te sacude con una tracalada de noticias que se amontonan unas con otras. Así es Argentina, con una dinámica impensada de sucesión de temas.
Mientras todos se preparaban para cubrir el cuarto paro general al gobierno nacional (con un nivel de adhesión gremial considerablemente alto) va Caputo y decide renunciar a la presidencia del Banco Central. La noticia dejó a los oradores sindicales con el micrófono en la mano mientras las cámaras se iban a buscar la noticia a otro lado.
Es que el malestar de los trabajadores siempre paga en una cobertura, salvo cuando se insinúa un malestar en los que pueden hacer que el dólar quiera volver a agarrar envión para pegar el salto. Ahí es como cuando tenés la hembra pero el otro pone el macho: nada le gana a los imprevistos en el equipo económico (que ha rotado mas nombres que Sampaoli en Rusia, con la misma lógica de la exploración para alcanzar la suerte del azar).
Tal vez los que mejor usufructuaron el tema del paro son los que decidieron adelantarse y arrancar el lunes. Hicieron la previa del general, tuvieron cobertura en la mañana de ayer y finalmente no tuvieron que dividir con la cobertura que se haga de los cambios en el Central.
En ese sentido Saillén y compañía quedaron como el que primero chamulla en el boliche, ese al que todos ven antes de que se arme el revuelo y nadie sepa cómo fue el fin de noche. Tiempistas accidentales.
Cómo será que la agenda se cargó de golpe que la noticia del desbaratamiento de un grupo paramilitar en Córdoba terminó pasando inadvertida. No es que nadie la haya levantado, pero otra vez la paranoia por la posible trayectoria del dólar le ganó a un tema que en tiempos menos convulsionados nos hubiese tenido discutiendo durante días, incluso con algún miembro como invitado al programa de Tinelli o al de Del Moro.
La situación de anomia que se vive en el país contribuye a la irrupción de estas noticias, que son todas caras de lo mismo. Cuando el Estado (y particularmente el gobierno) no logran encauzar la economía, el malestar social o las disputas políticas, las respuestas terminan excediendo los mismos límites bajo los cuales los conflictos pueden ser domesticados.
La errante marcha económica genera zozobra en la gente que ve la manera en la que el sueldo se le escurre entre los dedos por una inflación que no cede, situación que empeora por los titubeos del gobierno y los encargados de domar a la fiera.
Esa situación abre la puerta a que el sindicalismo (un actor profundamente deslegitimado entre los ciudadanos) salga a distribuir sus consignas antidemocráticas, poniendo plazos al gobierno o exigiendo cambios en el modelo económico.
No se puede desestimar la legitimidad de que la sociedad organizada le demande al gobierno por su inoperancia, pero sí se puede cuestionar las verdaderas motivaciones de una casta privilegiada que abusa de su encumbramiento oligárquico en organizaciones que no defienden a los trabajadores sino que los usan en su beneficio.
El accionar de sindicatos, partidos de izquierda y organizaciones piqueteras envalentona a los extemporáneos defensores de experiencias antidemocráticas que sienten que deben hacer por su cuenta aquello que el Estado omite, que no es otra cosa que imponer el orden a través del uso de la fuerza (entendida también como la capacidad de imponer el cumplimiento de la ley).
El ciudadano de a pie, el que elige seguir trabajando, el que no puede ahorrar en dólares o el que no repara en la democracia porque ya es un supuesto o una obviedad, difícilmente pueda procesar toda esta información que súbitamente entra en la agenda y lo abruma cuando se presenta como la inevitabilidad del caos.
Todo eso es, como siempre, responsabilidad de un gobierno que no logra revertir la anomia para llevar certezas a los votantes. Macri y los suyos se siguen perdiendo en un mar de dudas, esperando dar en la tecla para empezar a enderezar un barco que sigue a la deriva. El tiempo dirá si con estos cambios finalmente logran empezar a reducir esa incertidumbre que alimenta a los monstruos que acechan a la gestión.



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