La escuela de Jaime: extravagancias de presos K

Desde su cuenta de Facebook, De Vido sostiene que vulneran sus derechos humanos porque en Marcos Paz no se transmiten deportes. Boudou debutó como columnista de radio y fustiga al Gobierno desde Ezeiza. Los supuestos perseguidos políticos siguen la línea del cordobés y dan la nota.

En la cárcel, los ex funcionarios kirchneristas siguen la escuela de Ricardo Jaime.
Además de las declamaciones sobre supuestas persecuciones políticas, las extravagancias dentro de los penales están a la orden del día.
El cordobés -el primer cuadro importante del kirchnerismo que perdió la libertad por su nutrido prontuario y el primero en ser condenado por coimero- impuso su estilo y en octubre del año pasado Julio De Vido inauguró su etapa como presidiario imitando al pionero.
Así, optó por entregarse, al igual que el ex secretario de Transporte, quien cuando se anotició de la orden de captura en su contra, en abril del 2016, por la compra de trenes inservibles, tomó un taxi y se apersonó en la sede policial federal del barrio Nueva Córdoba.
Una vez alojado en Ezeiza, De Vido comenzó con las exigencias. Su defensor, Maximiliano Rusconi, solicitó que no fuera alojado con Lázaro Báez; probablemente, para evitar que se asociara a su asistido con los moradores del pabellón destinado a personas con poder económico o influencia sobre voluntades, mientras aun aspiraba a sacar a la calle a su cliente.
Además del dueño de Austral Construcciones -el hombre a quien el otrora planificador habría beneficiado con obras por ocho mil millones de pesos- en el elenco de indeseables con los que no quiso socializar figuran el ex jefe del Ejército de Cristina Fernández de Kirchner, César Milani, y José López, su ex ladero.
Días después, De Vido se unió a los internos K del Penal de Marcos Paz, en el marco del programa de “Reducción de Índices de Corruptibilidad” (IRIC).
La semana previa a su encarcelamiento, se sentaba en su banca del Congreso sin mayores dificultades y tenía mucha actividad, pero su letrado reclamó la domiciliaria alegando que es diabético insulino dependiente.
Jaime intentó acceder al beneficio sin éxito varias veces argumentando que es hipertenso, pero se le denegó porque se determinó que puede tratarse dentro del penal, ya que no es una enfermedad incurable en período terminal o una patología que no pueda ser atendida en el establecimiento. La misma suerte corrieron los pedidos de De Vido.
Desde su confinamiento, mientras se acumulan las actuaciones en su contra por variados hechos de corrupción, el ex planificador suele lanzar manifiestos de repudio a medidas del actual Gobierno o mostrar apoyo a sus compañeros “perseguidos”.
La semana pasada se aplicó a un tema personal. Publicó una carta en su cuenta de Facebook dirigida al titular de la cartera de Justicia, Germán Garavano.
En la misiva, exigió que los partidos de la selección argentina de fútbol, de la Superliga y los torneos de otros deportes se transmitan en Marcos Paz.
Citando el principio de igualdad ante la ley, pidió que cese lo que definió como una “discriminación, injusta, inhumana y arbitraria” que, según su interpretación, vulnera tratados de derechos humanos.
Incluso, adelantó que si Garavano no accede a su pretensión iniciará una demanda en forma colectiva.
El ex ministro podría estar atravesando un cuadro de ciclotimia carcelaria similar al que sufrió Jaime.
Cabe recordar que cuando dimensionó la gravedad del panorama judicial que enfrentaba, el cordobés desistió de denunciar persecuciones ideológicas y se inscribió para estudiar la carrera de Derecho a distancia, en una universidad privada, aunque era renuente a recibir atención médica en Ezeiza y se negaba a alimentarse correctamente.
Sin embargo, hace un año, en la previa del juicio por la Tragedia Ferroviaria de Once en contra de su consorte procesal en otras causas, reiteró su solicitud para acogerse al arresto domiciliario, un planteo que generó indignación ente los familiares de las víctimas.
Unos días antes, el hombre que, según aseguró ante la Justicia su ex asesor, Manuel Vázquez, “no hacía nada sin una orden directa” del fallecido ex presidente Néstor Kirchner, dando señales de que sus planes incluían un encierro prolongado, le había solicitado al Servicio Penitenciario disponer en su celda de una bicicleta fija, de una notebook, de un tensiómetro y de una heladera con freezer, para guardar la comida que le provee su familia. El ex secretario de Transporte informó que dejó de ingerir el menú que se cocina en el penal porque encontró una cucaracha.
Como la administración sólo permitió el ingreso de la bici, su letrado presentó un habeas corpus cuestionando las condiciones de encierro.
Otro penado K que sigue la escuela de Jaime es el ex vice presidente Amado Boudou.
Desde el teléfono público del penal de Ezeiza, en donde purga su sanción por Ciccone, debutó como columnista de radial en MAK (Mesa de Autoayuda Kirchnerista).
Durante los 15 minutos que le permitieron salir al aire, participó del ciclo “Defendiendo la grieta”.
En su debut, el dirigente llamó a armar una alternativa para 2019, pronosticó una inflación del 50 por ciento para este año y aseguró que los argentinos “somos mendigos atrás el FMI”.
“Los problemas empezaron cuando este Gobierno fue a rendirse ante los fondos buitre”, analizó desde Ezeiza.



Dejar respuesta