El regreso de la política tropical

Con la primavera vuelven las altas temperaturas y esa típica forma tropical de hacer política, con calor, transpiración y promesas populistas para disipar el mal humor. Aún así, no todos pierden la esperanza.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

políticaBuen día amigo lector. Qué cosa maravillosa la llegada de la primavera. El polen en el aire y los pañuelos en los bolsillos para atacar la congestión nasal. Vuelven el calor, transpirar hasta para hacerse el café con leche, los mosquitos a la noche y los cortes de luz de EPEC que te los disfrazan de programados pero son más imprevistos que el fallecimiento de De la Sota. Todo junto.
Algún cráneo del Conicet debería investigar la relación entre el clima y la agenda política. Durante el invierno, con el friazón que hizo este año, nadie se movió para quejarse porque el dólar pasó de $28 el primer día del invierno a $38 el primer día de la primavera. Todos más entumecidos que Maldonado después del chapuzón, con el gas a precio Arancurren.
Eso sí, pasar del frío de la civilización europea al calor tropical nos expone automáticamente al riesgo de convertirnos en un país centroamericano típico, todos sudados y en musculosa siguiendo al primer desvelado populista que nos promete el paraíso por menos que una coca en la cancha.
Empiezan los calores y todos están listos para explotar con más facilidad que la planta de Alta Córdoba: si el dólar vuelve a tocar los $42, le toman la Casa Rosada a Gatricio con más facilidad que si fuese el Pabellón Argentina.
Por eso parece que desde el gobierno andan con pocas ganas de innovar para el año que viene. Los rumores eran que querían suspender las PASO, pegar elecciones, poner voto electrónico y no sé cuántas cosa más. Algún desvelado habrá planteado incluso que querían suspender las elecciones y todo.
Usted permítame ponerme en contra de esta gente, pero me resulta muy poco creíble que pretendan cambiar hasta el color de la Casa de Gobierno cuando las cosas están más atadas con alambre que las canciones de Ignacio Copani (un especialista en el arte de hacer de cuenta que es artista).
Supongamos que usted finalmente descubrió que si le sirve chinchulines bien crocantes, su suegra lo ama. Desde ese momento la cosa más o menos marcha, aunque algunas veces se enoja porque le salen muy chiclosos, como la última vez. ¿Para arreglar las cosas le serviría pescado al roquefort o trataría de servirle unos chinchulines como dios manda?.
Con el sistema electoral es más o menos lo mismo. Con las PASO, elecciones desdobladas, boleta partidaria y menos estructura que puente tucumano ya ganaron dos elecciones nacionales. ¿Ahora que la economía genera más incomodidad que subir las escaleras con ganas de ir de cuerpo van a hacer que la gente tenga que aprender una nueva forma de votar?.
Esa era una práctica reactiva muy común dentro del kirchnerismo, la última identidad más o menos general que adoptó el justicialismo nacional. Con el peronismo más dividido que Yugoslavia, los analistas piensan a esa última identidad como la más fuerte, cuando esto claramente es un error más grande que olvidarse el resto en la comprobación de una división.
El peronismo se parece a aquel personaje de Terminator 2 que llega del futuro a asesinar al futuro líder de la resistencia. Es aquel que se rompe en miles de piezas cuando lo exponen al frío, pero se vuelve a unir cuando la temperatura aumenta, a la vez que es capaz de adoptar cualquier rostro y forma para lograr su objetivo.
Ahora que empezaron los calores de fin de año y pasó el frío, el “peroneitor” empieza a levantar temperatura para reagruparse. Sabe que si no se junta ahora y adopta alguna forma atractiva no va a poder superar el desafío electoral del año que viene, que lo puede exponer a una ventisca gélida que lo fragmente aún en más pedazos.
En estos tiempos de inflación informativa hay gente tratando de llenar páginas y buscando clicks y se largan con algunas fabulaciones maravillosas, más como un lastimero llamado a la unidad del peronismo que como un correcto análisis de los datos.
Todos le ponemos condimento a la interpretación de los hechos, pero al menos algunos tratamos de que éstos sigan siendo el principal ingrediente. Hay algunos periodistas que creen ver un nuevo optimismo en la gente, que va de la mano con la resignación.
En el centro de su análisis creen ver que los números de popularidad del gobierno, pese a que no son buenos, reflejan que la gente persiste en soportar una situación que hace 15 o 30 años hubiese significado helicóptero para Miauri y su pandilla.
La gente todavía confiaría en los CEOs (esos que pensaron que esto era tan fácil como fraguar una quiebra y después se dieron con que era tan difícil como hacer andar una empresa sin pagar coimas ni recibir subsidios y salvatajes), pese a la caída del salario real, la inflación acelerada y el freno de la economía.
Usted sabrá, amigo lector, cómo ve el futuro. Aproveche que todavía se puede elegir verlo negro y tormentoso -como los que han desistido de sostener a este gobierno- o si mantiene esa esperanza crítica, ese optimismo por descarte que creen ver otros analistas.
Yo, por lo pronto, inauguraré mi mal humor por el regreso del calor, los mosquitos y los cortes de luz. Espero que la fase de país tropical y centroamericano este año se nos pase rápido.



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