Pintar una sonrisa

El lunes pasado, cuando trascendió la noticia de que el reconocido humorista gráfico Carlos Garaycochea había fallecido a los 90 años, lo primero que se me vino a la cabeza fueron aquellas noches del programa “Humor redondo” por televisión, que tanto me divirtieron en mi niñez.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Cuando la televisión abrió el juego en la Argentina, no existían ni conductores, ni actores, ni cómicos que contaran con experiencia en ese medio, por lo que se debió reclutar gente proveniente de otros ámbitos. Locutores radiales, intérpretes teatrales y hasta capocómicos del teatro de revistas se introdujeron en los estudios de TV para incrementar el contenido de una programación que poco a poco empezaba a seducir a las grandes audiencias, esas mismas que en un primer momento habían mirado con recelo en las vidrieras al nuevo aparato y que en apenas unos años lo adoptaron y lo empezaron a adorar como si fuera un tótem instalado en el living comedor.
De manera paulatina, la tele fue evolucionando hasta conformar su propia galería de famosos, que poblaban las páginas de las revistas “Antena” y “Radiolandia”, las mismas que antes habían pugnado por fotografiar y entrevistar a las figuras de la radio y que ahora, con más razón, exponían desde sus portadas a los astros de la TV. Y en ese devenir, el nuevo medio audiovisual fue incubando sus propios formatos, que en algunos casos tenían su antecedente radiofónico y que en otros ofrecían productos completamente originales, cuyo gancho consistía en estratagemas que hacían foco en la imagen antes que en el sonido.
Los programas ómnibus fueron una de las novedades más sobresalientes de esa etapa pionera de la televisión abierta en la Argentina, con envíos que solían salir al aire los fines de semana y que ocupaban todas las tardes y las noches del sábado y el domingo con entretenimientos de lo más diversos, aunque el eje pasara por lo musical. Esas maratones también servían para poner a prueba pequeños espacios que, si funcionaban bien entre el público, podían llegar a desprenderse luego como un programa con su propio horario dentro de la grilla semanal.
Y entre los ciclos que abrieron sendas diferentes en la programación de los canales, debe mencionarse el que se empezó a emitir en 1968 en Canal 11 y que presentó una manera distinta de comicidad. El programa se llamaba “Humor redondo” y estaba conducido por Héctor Larrea, quien era el encargado de moderar a un panel en que se sumaban los hermanos Jorge y Carlos Basurto, Juan Carlos Mesa, Aldo Cammarota y Carlos Garaycochea. La mecánica consistía en que el animador sacaba un papelito con un tema, sobre el que cada uno de los panelistas, en una ronda, debía contar un cuento.
Lo insólito de este planteo es que esos cuentistas no eran profesionales del stand up ni actores de comedia. Jorge Basurto, Juan Carlos Mesa y Aldo Cammarota eran en ese momento libretistas que habían trabajado(y lo seguirían haciendo luego) para los más grandes cómicos de la escena nacional. Por su parte, Carlos Basurto y Carlos Garaycochea eran humoristas gráficos de reconocida presencia en medios nacionales. Lo cierto es que “Humor redondo” fue un gran éxito, pese a que sus protagonistas carecían de experiencia delante de las cámaras, y tuvo luego varias temporadas en Canal 13, para volver fugazmente en 1988 a la pantalla de Canal 11.
El lunes pasado, cuando trascendió la noticia de que Carlos Garaycochea había fallecido a los 90 años, lo primero que se me vino a la cabeza fueron aquellas noches de “Humor redondo” que tanto me divirtieron en mi niñez. Y pese a que, dentro del humor gráfico argentino, el nombre de Garaycochea integra la selecta lista de los indiscutidos, él también aportó parte del colorido que tiñó esa época en la que se forjó una manera autóctona de hacer televisión, tarea en la que varios de los de la troupe de “Humor redondo” tuvieron mucho que ver.



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