No buscar a la mujer

Con la antiquísima y misógina premisa del “cherchez la femme”, no fueron pocos los que opinaron que Ariana Grande, la cantante que fue novia de Mac Miller hasta principios de este año, era la causante de la muerte del rapero, por haberlo “abandonado” en el momento en que él más la necesitaba.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

MillerGéneros como el folklore y la música bailantera veneran en la Argentina a un panteón de músicos que murieron jóvenes en circunstancias vinculadas a accidentes de tránsito. Y es algo lógico para esos estilos en los que la agenda de actuaciones es extensa y vertiginosa. Varias presentaciones en distintos escenarios en una misma noche y largas giras por pueblos y ciudades de todo el país, transforman a esa profesión en una tarea de alto riesgo, sobre todo cuando el intérprete atraviesa una etapa consagratoria y debe aprovechar el momento para satisfacer la demanda del público que quiere asistir a sus actuaciones en directo.

En el caso del rock, también se ha transformado en objeto de culto (en este caso, a escala mundial) esa casta maldita de ídolos que han fallecido en plena juventud, cuando todavía se esperaba que dieran lo mejor de su carrera. Si bien también se anotan tragedias en la carretera, las razones que engrosan esa triste lista parecieran estar ligadas a los excesos que caracterizan al modo de vida rockero, desde aquellos lejanos tiempos en que ese movimiento musical desafiaba lo establecido, rompía las reglas e incitaba a una existencia vital y desprejuiciada.

Sobredosis de drogas pesadas, borracheras mortales, ingesta exagerada de somníferos y otras causales similares figuran en los últimos renglones de la biografía de estos héroes del rocanrol que perecieron en el ejercicio de su tarea como astros de la canción. Algunos de estos decesos se produjeron de manera involuntaria y otros ocurrieron producto de las tendencias suicidas del artista o de la desidia de quienes debían preocuparse por su salud y su bienestar, llámense managers, novios, esposos, padres o amigos. Sobre ellos recaería luego la culpabilidad, especialmente a partir de la condena mediática y de los juicios de valor que con tanta liviandad se publican en las redes sociales.

Se podría decir que muy pocas veces se señala como responsable de estos dramas a un esquema de producción de objetos de consumo cultural que raramente se compadece de las estrellas que le generan ingresos; y que es proclive a descartarlas, ante la probabilidad de que por cada una que caiga, broten miles dispuestas a reemplazarla. Frente a una industria que exige dedicación full time a cambio de fama y dinero, las carencias afectivas o psicológicas que afectan a las celebridades de la música pasan a ser apenas un detalle insignificante.

Hasta que, como sucedió el viernes pasado, la noticia de que ha muerto un joven músico en circunstancias extrañas vuelve a sacudir al planeta. En este caso, el destino fatal lo alcanzó a Mac Miller, un rapero estadounidnese de 26 años que fue hallado sin vida en su casa de California. En un principio, se informó que su muerte se habría producido por una sobredosis, pero ni en la autopsia ni en el allanamiento policial se han encontrado, hasta el momento, pruebas que refrenden esa hipótesis. Aunque su carrera no había dado aún el gran salto global, Mac Miller había obtenido gran reconocimiento por sus creaciones.

Con la antiquísima y misógina premisa del “cherchez la femme”, no fueron pocos los que opinaron que Ariana Grande, la cantante que fue novia de Mac Miller hasta principios de este año, era la causante de este epílogo, por haberlo “abandonado” en el momento en que él más la necesitaba. Más fácil, sería, en todo caso, sospechar que lo vorágine del negocio de la música tuvo algo que ver en esta tragedia, al haber convertido en un artista célebre a un chico que desde su adolescencia arrastraba problemas con el alcohol y las drogas, sin haberle brindado la contención imprescindible para tan traumática transición.



Dejar respuesta