Revolución hormonal para pensar el armado electoral

Los cambios de aire primaveral hacen que las alianzas políticas se desplacen de lo racional a lo carnal. Con las calenturas guiando la estrategia electoral, los corazones rotos no se podrán evitar.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

electoralSienta, amigo lector. La primavera está en el aire. Empiezan a florecer las plantas, los aromas nos invaden y el amor (o el nombre que se le da a esa voluntad fornicatoria desenfrenada del renacer hormonal) despierta tras las largas noches de invierno. La voluntad de la cópula política también brota con los nuevos aires de septiembre.
Esa necesidad sexual de parte de nuestra clase dirigente adopta diversas formas, que no necesariamente son excluyentes. Con la curiosidad y la impulsividad adolescente, aún los más experimentados dirigentes deciden explorar todos los rincones del manual de posiciones, lanzándose a un “touch and go” o flirteando con alguna cara nueva tratando de conseguir algo más perdurable.
A medida que va avanzando el año, se acorta el tiempo hasta la próxima elección y se acumulan temas, cuentas y preocupaciones, por lo que la sangre de nuestros dirigentes entra en ebullición y empiezan a mostrar que están vivos y no les falta voluntad política de tomar o mantener el poder.
En este lío de alianzas, pactos, contubernios, matufias, traiciones, revanchas, coaliciones y demás resoluciones, las lealtades e identidades partidarias se van diluyendo en un éxtasis adolescente de experimentación y liberación. Se sabe que con la llegada del calor hay menos ropa y más coqueteo.
Esta semana hemos visto y escuchado cosas que apuntalan esta teoría de que la libido de los políticos toma el control de sus actos. No hay otra forma de explicar todo lo que está pasando en el plano de las candidaturas de distintos niveles, desde la orgía nacional justicialista al kamasutrismo postural del cambiemismo cordobés.
El radicalismo mestrista está ensayando sus movimientos más sensuales para salir a la conquista de las señoritas despechadas por un schiarettismo que ha decidido sentar cabeza y tener una relación seria con el gobierno nacional.
El peronismo que adscribe al gobernador es el separado que tras un tiempo en las pistas se cansó del picoteo y dejó algunos corazones rotos. No se quiere casar de vuelta pero está buscando una relación estable, evitando desbalances por salir de joda los sábados y para poder dejar linda la casa en la que recibe las visitas de su nueva pareja.
El intendente capitalino le ha robado la agenda y ha empezado a llamar a quienes quedaron libres ahora que el galán de la campera roja privilegia esta relación que está construyendo con Gatricio. No son pocos los que sienten la necesidad de construir una alternativa y (pese a que ideológicamente están en las antípodas de Reimon Jr.) han decidido que es el momento de experimentar nuevos rumbos. Como decía un amigo mío, “probando nadie se empacha”.
Aunque algunos radicales estén embaladísimos con la idea de romper Cambiemos en Córdoba, eso se parece a esas calenturas de los adolescentes que llegan a Carlos Paz para el día de la primavera y sacan preservativos de cada puesto que los reparte. Después ninguno tiene suerte y la depresión es más grande que ir al super a fin de mes.
Es sabido que Miauri está en un fuerte bajón en su popularidad, pero eso solo no alcanza para que los cordobeses de su espacio decidan cambiar de candidato: por más que una vez te toque una coca sin gas, la próxima vez que vayas al kiosko no vas a ir a comprar manaos.
Mestre maneja el aparato partidario: es el dueño del fútbol y se lo quiere hacer saber al resto. No importa cómo se eligen los equipos o lo lindo que sea el uniforme que trajeron para vestirlos. Si la pelota es de él, se quiere asegurar de que no lo manden al arco, aunque se corra el riesgo de no ganar el partido porque no hay nadie que ataje.
La cosa se puede complejizar a medida que empiecen a votar los distintos municipios. Como en cada distrito hay distintas alianzas, todos van a reclamar su cuota de verdad en los resultados, asegurando que tal o cual relación es la verdadera y que las demás son falsas.
Lejos de entender que están ahí porque la gente quiere, van a creer que son ellos los que le dicen al electorado lo que debe votar. Después la realidad los golpea como al tándem Massa-De la Sota en 2015 y los deja más desorientados que a chino recién inmigrado.
Toda esta revolución hormonal los pone a experimentar nuevas combinaciones amatorias por los sinuosos caminos de las alianzas, reformulando los términos sobre los que construyeron los acuerdos previos. La carne es débil y la tentación es grande, así que todos están dispuestos a coquetear con esos a los que habitualmente ni miran.
Ya le digo, amigo lector, que de todos estos cruces de sexualidad liberada (con esos aires de personas maduras y superadas) no va a faltar la historia de los que prueben y se arrepientan. Porque la contracara de esa impulsividad hormonal primaveral es la del despecho, el arrepentimiento o la angustia de los que dejan que lo emocional le gane a lo carnal.



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