Cuidando las monedas del contribuyente

Los movimientos que apuntan a mejorar el presentismo o a elevar lo que tributan ciertos sectores públicos nos acercan un poco más a la equidad en la distribución de las cargas dentro de la sociedad.

Por Javier Boher
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El mundo de la política argentina corre en una dimensión paralela a la realidad. Cada rama del sector público tiene un mundo especial, con reglas, prácticas y costumbres absolutamente diferentes a las del común de los mortales que deben ganarse el pan en el sector privado.
Las discusiones son varias, con numerosas justificaciones para cada postura, básicamente porque nadie quiere perder los privilegios adquiridos cuando siendo acunados entre los senos del Estado. En un lánguido contexto nacional en el que hay que hacer cerrar los números, empiezan a cobrar un poco de notoriedad ciertas cuestiones que en época de vacas gordas se pasan por alto.
No es ninguna novedad que el interés de la gente disminuye a medida que descendemos de nivel de gobierno y desde los cargos ejecutivos al judicial. En esa matriz, mientras el Ejecutivo nacional se roba toda la atención (lo que quedó en claro la semana pasada), el judicial municipal ocupa menos espacio en los medios que el regreso de Tinelli a la televisión.
Pegado al mismo, en el desinterés absoluto de la ciudadanía que no puede ver el vínculo de representación, el Concejo Deliberante, organismo de mayorías automáticas que le restan toda posibilidad de debate serio, constructivo y entretenido.
En ese sentido, el proyecto de modificación de su reglamento interno presentado por Victoria Flores insiste en la polémica que los tiene tan ocupados en el último tiempo. Básicamente pretende ajustar las tuercas respecto a las inasistencias de los ediles a las sesiones, reuniones de comisión o audiencias públicas.
Hay que aplaudir el gesto por poner en discusión la asistencia al lugar de trabajo con una penalización por no cumplir sus obligaciones, en contraste con la gente común que se queda sin trabajo si se registra que llega tarde todos los días. Debe haber alguna justificación como la que usan para los fueros sobre el por qué a los miembros del poder legislativo no se los puede obligar a trabajar. Y si no existe, seguro la van a encontrar.
Es raro que aún no la hayan encontrado los diputados, que hace dos meses que no sesionan en el recinto. Por supuesto que hay un montón de tareas que se hacen afuera, pero no hace mucho hubo una presidenta que acusó a los docentes de vagos por tener tres meses de vacaciones y trabajar medio día. Tal vez fue el trajín de un junio complicado lo que los dejó extenuados para reunirse a hacer aquello por lo que la gente les paga el sueldo con impuestos como los que el ejecutivo decidió subir ahora que se le escapan las monedas.
Ahora que los números no cierran, desde el Ejecutivo aprovechan para tratar de conseguir un guiño de la gente. Con las medidas anunciadas tienen que poner a través de impuestos casi todos. Sólo falta ese bastión de la resistencia tributaria que han levantado los jueces hace más de 20 años. Guardianes de las leyes, han aprovechado su posición para estar eximidos del pago del impuesto a las ganancias.
En un país en el que la Constitución establece la igualdad ante la ley, frente a las cargas públicas y los impuestos, tenemos jueces y funcionarios que están exentos del pago de un tributo que alcanza a muchos argentinos que están lejos de tener el nivel de ingresos de los jerarcas y acomodados del Poder Judicial. Afortunadamente ya hay algunos indicios de que desde el Ejecutivo empezarán a presionar a nuestros abanderados del derecho para que depongan las armas que alzaron contra el sentido común.
Sobre los privilegios que tienen en general los políticos de los diversos niveles y poderes, lo que hace a la remuneración es quizás lo más injusto. Salarios que multiplican más de diez veces al salario mínimo y cuadruplican al salario promedio con menores obligaciones respecto al tiempo , la productividad, las deducciones o las normas a cumplir.
No hace falta levantar el dedo de la ética pública para pedirles el ascetismo nórdico de los que fueron capaces de echar a alguien por comprar un chocolate con fondos puestos por los contribuyentes. Es tan sólo una observación sobre la falta de equidad en la distribución de las cargas y responsabilidades que hoy dividen a los que sostienen toda una caja negra de gasto permanente de los que están adentro de la caja disfrutando los beneficios del esfuerzo de la gente.



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