Mujeres asesinadas el otro fin de siglo (Segunda Parte)

En relación con la violencia contra las mujeres se refiere un caso de 1894 en que, si bien el agresor no consigue acabar con la vida de su esposa, dispara sobre ella hiriéndola y matando en cambio a su suegro durante el episodio.

Por Víctor Ramés
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Disparos para segar la vida de una mujer en 1894.

El hecho mismo se puede reconstruir en base a una primera información que narra lo sucedido a fines de febrero de 1894, publicada en el diario La Patria. Una segunda publicación del mismo diario remonta la historia a sus orígenes, y de allí se extraen datos para introducir el episodio en que la víctima fatal acabará siendo un hombre mayor que se interpone entre el asesino y su hija, luego de que ésta recibiese un disparo. Al ventilarse más información sobre lo ocurrido en el seno de la pareja protagonista de este hecho de violencia, se perciben en el diario algunos elementos que sutilmente condenan el proceder de la mujer, Emilia González, quien le habría sido infiel al marido y había huido de su lado, como preludio al intento de asesinato.
Lo que relata La Patria en nota posterior a la narración del hecho es que Esteban Heredia había contraído matrimonio con Emilia en el año 1887 y que ambos se mudaron en julio de 1892 a La Calera, donde Heredia se desempeñó como Jefe de Estación. En esa misma época “Heredia empezó a comprender que su esposa no le guardaba la fidelidad debida, notando en ella cierta indiferencia que en nada le satisfacía”. Sin brindar detalles sobre los métodos empleados por el marido, refiere el diario que éste “trataba por todos los medios posibles de hacer entender a Emilia los deberes que le incumbían como esposa, haciéndole ver las consecuencias que pudieran acarrear a ambos sus infidelidades”. Al proseguir la mujer “observando un proceder incorrecto, llegando hasta fugarse del lado de su esposo, Heredia resolvió trasladarse a esta ciudad (la de Córdoba) y solicitar a la autoridad el auxilio necesario para aprehenderla, pidiendo al mismo tiempo que Emilia fuera enviada al Asilo del Buen Pastor mientras él entablaba las correspondientes acciones de divorcio.”
Efectivamente, Emilia fue detenida en el Buen Pastor, y Heredia continuó con las diligencias dirigidas a concretar la separación legal entre ambos, hasta que el lunes anterior al hecho trágico, Heredia “se encontró con que Emilia había sido puesta en libertad esa misma tarde.” A partir de allí se desencadena la tragedia. Lo que sigue es la primera crónica publicada por La Patria, parcialmente reproducida, versión que muestra contradicciones con lo que luego revelaría el diario, ya que el cronista presente en el lugar del hecho ignoraba los antecedentes y la detención de Emilia en el Buen Pastor.
“El crimen de hoy
A continuación publicamos todos los detalles del hecho sangriento que ha tenido lugar hoy en la calle Salta, núm. 75, entre Lima y 24 de Setiembre, tomados ligeramente por uno de nuestros cronistas en el mismo sitio del suceso:
Esteban Heredia esposo de Emilia González, llegó anoche de la Villa de Cruz del Eje, donde había estado tomando una temporada de campo, y hasta hoy a las doce no se había presentado a ver a su consorte.
Emilia vivía con su padre Feliciano González, sin que ningún incidente perturbara la tranquilidad de aquel hogar.
Pero, hoy a las doce y cuarto más o menos, cuando la familia se encontraba almorzando alrededor de una pequeña mesa, Heredia se presentó en la puerta del comedor, causando la sorpresa consiguiente, puesto que no era esperado a esa hora.
Una vez en la puerta, Heredia, sin querer penetrar al interior de la pieza, interpeló a su esposa, preguntándole en tono enfurecido que hacia sentada allí; Emilia le contestó que estaba almorzando como él lo veía, diciéndole que entrara a participar de aquella reunión.
Heredia no quiso escuchar estas palabras de su esposa y le dijo que marchara a la policía. Manifestándose Emilia sorprendida de tan extraña como intempestiva resolución, trató de averiguar el porqué se pretendía semejante cosa, cuando ella no había dado motivo alguno para que la condujeran presa.
Pero todo fue inútil. Heredia, sin explicar su proceder, sacó precipitadamente su revólver descerrajando dos tiros sobre Emilia, que uno de ellos la hirió de alguna gravedad.
El padre de Emilia, al ver que se atentaba de ese modo contra la vida de su hija, levantóse de su asiento para tomar a Heredia e impedir que consumara su intento, pero al llegar a donde éste se encontraba, cayó de repente, herido de un balazo mortal en el ojo derecho. González al caer hacia adelante dio con la cabeza en el cuerpo de Heredia que aun permanecía firme contemplando su obra.
La desesperación se apoderó de aquellas pobres gentes y Heredia, viéndose entre los clamores de sus víctimas y entre las lágrimas de aquellas dos hijas que veían al padre herido mortalmente, emprendió la fuga, llevando en su mano derecha el arma con que había intentado quitar la vida de su esposa.
Al llegar a la puerta de calle fue sorprendido por el Sub Comisario de Policía señor Isauro Carranza, que en ese momento acudía al sitio del suceso, y lo hizo conducir al Departamento Central de Policía.
Carranza penetró a las piezas donde estaban los heridos, haciendo llamar acto continuo a los médicos necesarios y ordenando se buscara al señor Juez de Instrucción para que concurriera a levantar el correspondiente sumario.
La herida de González es en el mismo ojo derecho, habiendo atravesado la bala todo su trayecto deteniéndose en la parte superior de la cabeza bajo el cuero cabelludo.
Emilia no está herida de tanta gravedad, pero el proyectil ha penetrado oblicuamente en la parte posterior del hombro derecho.
A la hora en que escribimos estas líneas, González habrá dejado de existir, pues los médicos a pesar de los auxilios oportunos que le prestaron, se creían impotentes para salvarlo.
Estos son los detalles que ligeramente hemos apuntado en el mismo sitio donde tuvo lugar el crimen y entre la confusión que reinaba en aquellos momentos.
Respecto a las causas que han inducido a Heredia a cometer el crimen, son varias las que se enuncian, siendo los celos, el principal motivo que ha tenido el heridor para intentar contra la vida de su esposa.
Luego haremos conocer los demás pormenores del suceso.”



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