Las licencias de la literatura

Sobre el más que oportuno eje temático de “la realidad y la escritura” trabajó el curador de la edición 2018 de la Feria del Libro y el Conocimiento, José Heinz, en el diseño de una completísima grilla de actividades que comenzará a partir de mañana en la plaza San Martín y el Cabildo Histórico.

Por J.C. Maraddón
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libroAsí como la historia y el periodismo tuvieron un compromiso con la verdad, la literatura carece de ese tipo de ligazón y posee la libertad de imaginar todo tipo de historias ficticias y de inventar personajes a gusto y piacere. Por mucho que se les pueda reprochar la falta de apego a la realidad, hay autores que se jactan de tergiversar los sucesos, de agregar detalles inverosímiles o de cambiar la perspectiva desde la que se miran los acontecimientos, con el objetivo de poner en evidencia cómo varía el relato de acuerdo a quién sea el encargado de contar lo que ha pasado.
Sin embargo, ha habido etapas en que los historiadores también empezaron a cuestionarse hasta qué punto la verdad era unívoca y qué tan descabellada podía llegar a ser la idea de aceptar como válidas diversas perspectivas sobre determinado hecho trascendente. Los constantes revisionismos, que reubicaban a los protagonistas entre los malos o los buenos de acuerdo a la tendencia predominante en el presente, obligó a resignar la vieja costumbre de suponer que hay una sola manera de ver las cosas y que, por lo tanto, habría que apegarse a esa mirada si lo que se pretende es respetar la tradición científica.
También la práctica periodística cayó en esta nube de ambigüedad, sobre todo cuando los años sesenta depositaron en las redacciones a los cultores de la non-fiction, esa rama literaria que apuntaba a novelar los sucesos noticiosos, para presentarlos en un formato más atractivo a los lectores. Lo verdadero empezó a sucumbir ante las exigencias de un estilo que requería de, entre otras cosas, reproducir diálogos textuales de los que no había testigos. Parecía más provechoso elaborar un artículo creativo y apasionante, que uno cuya fidelidad a lo real lo envolviera en un ascetismo insoportable para el público.
La apabullante irrupción de las redes sociales, a mediados de la década pasada, sumó un nuevo discurso (entrecortado, arbitrario e impulsivo) que también servía para relatar lo que estaba pasando, desde la novedosa categoría del usuario. Sin las responsabilidades de historiadores ni periodistas, ni la pátina artística de la literatura, los responsables de estos posteos construyen a su antojo una especie de realidad paralela, virtual, que en su intersección con el antiguo concepto de verdad producen una cadena de chisporroteos espeluznantes, sobre todo en cuanto a las consecuencias que acarrean para aquellos que navegan los perfiles en busca de un saber revelado.
Estos fenómenos configuran un nuevo universo, llamado posverdad, donde millones de ciudadanos toman posición, discuten y se increpan, en torno a información que muchas veces no se ajusta a lo acontecido o que falsea las cosas con el claro objetivo de provocar una reacción en los usuarios más permeables a ese contenido. Un mecanismo que parecería una broma inocente, sino fuera porque, multiplicado alrededor del orbe, termina influyendo en la política, la economía y la convivencia planetaria, tal como han asegurado analistas sociales que se han atrevido a teorizar sobre estos procesos cuyas consecuencias todavía son difíciles de vaticinar.
En torno al eje de “la realidad y la escritura” trabajó el curador de la Feria del Libro y el Conocimiento 2018, José Heinz, en el diseño de una completísima grilla de actividades que comenzará a partir de mañana en la plaza San Martín y el Cabildo. Una más que oportuna senda de debate para tratar de entender cuánto ha cambiado nuestra utilización del lenguaje, en función de los recursos que se han incorporado en la última década. Y cuánto ha mutado nuestra concepción de verdad, entre las licencias de la literatura y los estrechos márgenes que antiguamente se imponían a la ciencia y al periodismo.



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