Surfista de las crisis

Después de haber atravesado airosamente los terremotos de la política argentina que en tres ocasiones podrían haberlo arrastrado y que, por el contrario, potenciaron su éxito, cabe pensar que otra vez Tinelli sabrá cómo capitalizar la catástrofe que se cierne sobre los hogares donde todavía se ve tele.

Por J.C. Maraddón
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Cuando Raúl Alfonsín se vio obligado a anticipar la entrega del poder a Carlos Menem, en julio de 1989, con un país en llamas por la crisis económica, Marcelo Tinelli todavía era un relator deportivo de poca monta cuyo pico de fama había consistido en participar del programa “Badía y Compañía”. Con Menem llegó la privatización de las señales porteñas de televisión abierta y Canal 11 paso a llamarse Telefé, una empresa que contaba entre sus accionistas a la entonces poderosa editorial Atlántida. A comienzos de 1990, se sumó a la flamante programación de Telefé un resumen de deportes a la medianoche conducido por Tinelli: “Videomatch”.
Si bien los vaivenes de la economía que habían acortado el mandato de Alfonsín tardaron bastante en sosegarse, al futuro campeón del rating le empezó a ir muy bien a pocos meses de iniciado el ciclo, cuando acentuó el contenido humorístico de “Videomatch” y le incorporó la emisión de videos con bloopers. Y así, a ese país hiperinflacionario que ponía proa hacia la convertibilidad, le vino como anillo al dedo el estilo de ese conductor siempre sonriente, que ya para 1991 había iniciado la construcción de su propio imperio mediático al conducir “Ritmo de la noche” en el horario nocturno central de los domingos.
En 2001, cuando la Argentina se aprestaba a atravesar otro eslabón de su cadena de crisis, Tinelli ya era uno de los grandes astros de la pantalla nacional y seguía ocupando la pantalla de Telefé, aunque ahora al frente de “El Show de Videomatch”, que iba los lunes y los jueves de 21 a 23. Con aportes de Yayo Guridi y José María Listorti, entre otros, los gags constituían el eje de un programa que el año anterior había llevado el humor político al extremo, al explotar una absurda situación que vivió en el estudio el por entonces presidente de la Nación, Fernando de la Rúa.
En el apogeo del “que se vayan todos”, Tinelli sacó de la galera en 2001 una parodia del reality show “Gran Hermano”, llamada “Gran Cuñado”, donde los humoristas imitaban a la clase dirigente y la ponían en ridículo. Y así como funcionó esa fórmula en el momento del estallido social que se llevó puesto a De la Rúa, también fue un enorme acierto la edición 2009 de “Gran Cuñado” (pocos meses después de la “Crisis del Campo”), como parte del programa que ahora se llamaba “ShowMatch” e iba por Canal 13. No pocos analistas aseguran que a ese reality en broma le debió su triunfo Francisco de Narváez, quien renovó su banca de diputado derrotando en Buenos Aires nada menos que a Néstor Kirchner.
Y en este 2018, cuando la marea de la malaria nos vuelve a amenazar, el retorno del ciclo de Marcelo Tinelli estuvo a punto de quedar en suspenso, tal como ya ocurrió en 2013. A él mismo lo ha afectado el vendaval financiero, tras la polémica venta de su productora Ideas del Sur y el desparramo de su antigua troupe, a la que logró reunir otra vez en torno a su nueva empresa, LaFlia. Sin embargo, con desmesurados anuncios y fanfarria de trompetas, El Trece anuncia para hoy el comienzo de una nueva temporada de “ShowMatch”.
Después de haber surcado airosamente los terremotos de la política argentina que en tres ocasiones podrían haberlo arrastrado y que, por el contrario, potenciaron su éxito, cabe pensar que esta vez Tinelli sabrá cómo capitalizar la catástrofe que se cierne sobre los hogares donde todavía se ve tele. Aunque también cabe pensar que ni la tele abierta, ni la audiencia ni la Argentina son lo que eran antes. Y que tampoco estamos seguros de que él sea el mismo, casi 30 años después de aquel lejano “Videomatch”.



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