Nadie le puede poner el cascabel al gato

El gobierno se ha metido solo en una crisis que le cuesta resolver, y aunque muchos piden cambios, nadie está en condiciones de imponer.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector!. No desespere, que después del bolonqui de la semana pasada (con todos calientes por el pico que metió el dólar) el sábado amaneció con esa nevada que ayudó a aplacar los ánimos. Los 30° de la otra semana confundieron a algunos con que ya estábamos en diciembre y el reflejo de querer llevarse puesto a Gatricio les terminó ganando.
No hay dudas de que el gobierno se ha metido solito en aprietos, como cuando de chiquito te decían que no comieras chimichurri porque pica y a los diez minutos estabas llorando porque te ardían los ojos y la nariz como si hubieses metido la cabeza en la compotera. Lo peor es que los Miauri Boys saben que el malestar dura hasta que se expulsa el santo aliño del sistema.
La única verdad es la realidad, decía el General. Un gobierno de coalición, encabezado por un partido novato, se enfrenta a dilemas habituales en momentos de corrección económica. Hoy esos muchachos de la high society, que toman el té a las 5 mientras disfrutan de un partido de polo en una de sus estancias no entienden un cuerno de qué se trata esto de estabilizar un país.
La gente pide cambios. Pide flexibilidad. Pide hacer un pacto de gobernabilidad. Siente que ya no pueden hacerlo solos.
Habrá que ponérselos en contra, como cuando te dicen que no te cases y vas y lo hacés lo mismo. Y además tenés cinco chicos y cuando crecen invitás a todo el criaturaje a tu casa. Más o menos lo que hizo la Allanada del Calafate después de la crisis del campo, que redobló la apuesta y reeligió con 54% tres años después.
No sé si habrá escuchado los cambios de gabinete que se mencionan. Hablan de fusionar o degradar ministerios para volar a algunos de los muchachos. Capitán Call Center y Nico Dudovne estaban en la fila para salir, pero ninguno quiso saber nada (bah, el de economía tiene muchas ganas de volver a ser columnista de tele, que hacía lo mismo que ahora pero se podía tomar el whisky más tranquilo).
Sepa disculparme, amigo lector, pero acá me pongo en contra de todo el mundo. Yo a Peña lo dejo. Sí les cortaría la cabeza a Quintana y Lopetegui, básicamente porque nadie sabe quiénes son y no las reconocerían si las pongo juntas en una canasta. ¿Usted sacrificaría a su jugador más importante para complacer a los caníbales?. Sabiendo que van a volver a tener hambre, yo empezaría por darles la carne menos valiosa.
Con el tema del ministro panelista, dicen que quieren que lo reempalce el remisero armenio, Carlos Melconián, el herido que está esperando que lo pongan en economía para demostrar todo lo que se debería hacer y licuar lo poco que le queda de credibilidad al gobierno.
De nuevo, no es de contrera, pero yo no pondría a uno de los que dejaron en el camino. Se van a comprar al Cavallo del 2001, que llega inflando el pecho con unos bríos y una ínfulas desmedidas, pero que cuando todo vuele se va a dar clases en Harvard mientras acá cenamos estofado de laucha.
Le doy un dato de color, amigo lector. Todos los adultos sub 35 eramos sub 18 en 2001. Estamos a las puertas de lo que podría ser nuestra primera crisis política/económica/institucional. Trate de tenernos paciencia para transferirnos su sabiduría ancestral, así adquirimos el verdadero estatus de ciudadano argentino.

La sucesión
¿Se puso a pensar en lo que podría pasar si Gatricio renuncia? Lo primero sería que asumiera Gaby Michelin, pero todos imaginamos que ella lo acompañaría en la decisión y también picaría la llanta.
Ahí le tocaría al mejor presidente de los últimos 50 años, Federico Pinedo, que renunciaría tras un par de horas porque sólo está preparado para presidencias breves (como cuando el fallido traspaso de banda). Es como el especialista de 100m, que no puede correr 400m con vallas.
Ahí sería el turno de Emilio Monzó, que anunció que va a dejar la presidencia de Diputados, así que imaginamos que no se aguantaría una más dura, negociando con gremios, empresas, organismos internacionales o testigos de Jehová que tocan el timbre en Olivos y en la Rosada.
Recién ahora llegaría el primero de afuera del partido de gobierno, el presidente de la corte. Hace rato que Lorenzetti quiere la uno, pero está muy acostumbrado a la rosca del poder judicial y a que el estado siempre pone la tutuca para bancarles el presupuesto, así que en épocas de ajuste es otro a descartar.
Se reúne la Asamblea Legislativa para elegir entre los diputados, los senadores y los gobernadores. ¿A quién votan? ¿Pichetto? ¿Cristina? ¿Otra vez Rodrígez Saá? ¿Schiaretti? ¿Urtubey? ¿Scioli? Ya no parece tan sencillo que se puedan poner de acuerdo para elegir un sucesor, especialmente cuando el propio gobierno tiene la primera minoría en ambas cámaras.
No es tan fácil que los corran, por eso deberían pensar en serenarse un poco. Son primerizos y más que nunca deben poner la cabeza en frío. Es como ver a la que te gusta charlando con otro. Si no mantenés la calma, seguro que metes la pata y arruinás todas tus chances de levante.
Supongamos que antes de renunciar adelanta las elecciones y se presenta de nuevo como candidato. ¿Quiénes serían sus rivales? El peronismo está dividido al menos en tres, y no hay ningún outsider que quiera agarrar esto. Ya le digo, amigo lector, es más fácil pedir la salida de Gatricio que sentar a otro en el sillón de Rivadavia.
Todavía nadie le puede poner el casacabel al gato.



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