La Córdoba de los gallos rojos

Una serie de ocho capítulos realizada en Córdoba en 2015, recorre historias poco conocidas sobre huelgas ferrocarrileras, fábricas y obreros, sindicatos y luchas, triunfos y derrotas de la izquierda en la primera mitad del siglo XX. Ya se puede ver en la plataforma Cine.ar.

Por Gabriel Abalos
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Elementos ficcionales para contar historias documentales, en “El Gallo Rojo”, producida por El Calefón Cine.

Se puede -e incluso se debe, por qué no– desde hace muy poco ver en la plataforma del Instituto Nacional de Cinematografía Cine.ar la serie Gallos Rojos, producida por El Calefón Cine, un producto audiovisual genuinamente cordobés y con vocación de contar historias al país y al mundo, haga falta o no haga falta (aunque por supuesto sí que hace).
Organizada en ocho capítulos, Gallos Rojos es un documental-ficcional cuyo núcleo es la historia misma: la de aquellas apariciones de actitudes, movimientos y luchas por un sociedad más justa, más democrática e inclusiva, durante la primera mitad del siglo XX en diversas localidades del interior cordobés. Y a los datos que aporta la historia -una investigación del periodista y escritor Alexis Oliva- sobre los hechos, Gallos Rojos le agrega la otra historia, es decir el arte de narrar esos hechos, con los elementos disponibles para hacerlo.
El guion original de Ana Apontes (también codirectora de la serie), trabajado en conjunto con Alexis Oliva, Leandro Naranjo e Ignacio Tamagno, se ocupó de imaginar la hilación de los capítulos, de darles un pretexto argumental y un movimiento narrativo a la serie de testimonios y crónicas que paso a paso van presentando los hechos históricos, los documentos y las imágenes -originalmente tan pocas- con que esa historia podía ser mostrada y darse a conocer.
Todo parte de un fuerte elemento simbólico como es el bello gallo rojo Doblevé, que representa la lucha entre aquel gallo revolucionario y el gallo negro del fascismo que se cantaba durante la República Española, una canción que en los años ‘70 difundieron Los Olimareños en estos pagos. Un abuelo inmigrante y de izquierda les deja al morir a sus dos nietos, como herencia, un puñado de fotografías en las que siempre aparece metido un misterioso gallo, y además les lega el propio gallo, en una caja, con la indicación de ir en busca por medio de esas claves de una historia que necesita ser revelada. Así es que Enrico y Orson Bolten, los nietos, salen a desmadejar una sucesión de historias en diversas épocas y escenarios.
Las historias recorren la primera huelga ferroviaria del Central Norte en Cruz del Eje, en 1917 y en esos mismos años, en Villa María, la revolucionaria experiencia de educación rural que desarrollan los socialistas Nicolás Repetto y Fennia Chertkoff. O se cuenta cómo en 1928, en la Estación Cañada Verde (hoy Villa Huidobro) triunfa en las elecciones municipales el candidato del bloque obrero-campesino José Olmedo, y al año siguiente, en San Francisco, en los talleres metalúrgicos Miretti y las fábricas alimenticias Molinos Meteoro y Tampieri, sus dirigentes crean el “primer soviet del continente”. Por otra parte, el momento en que en Córdoba capital, en 1933 y durante un acto político, cae asesinado un legislador provincial socialista bajo las balas de una banda fascista. Y de vuelta a Cruz del Eje, en 1934 el tornero y militante anarquista Segundo Agustín Aguirre mata a tiros al capataz alemán del taller ferroviario José Zeller para cortar con sus abusos de autoridad. Por su parte, en 1942, un anarquista español funda el pueblo Cerro Negro, que funcionará como una comuna libertaria, y en Brinkmann, en 1958, gana las elecciones municipales el candidato del Partido Comunista Félix Stradella.
Tales son los escenarios y las historias que la voluntad audiovisual trae a la memoria actual, mediante una serie de estrategias visuales que echan mano a la dramatización, al registro documental, a imágenes tomadas de fuentes diversas que resuelven y van uniendo el sentido de las crónicas narradas; se recurre también a entrevistas, a animaciones, a un teatrito de títeres, a un trabajo, en fin, creativo y eficiente puesto al servicio de contar estas historias desnudas y arduas de ser reconstruidas, debido a la pobreza de registros originales. El equilibrio entre el relato de los hechos, y el que se hace de la búsqueda y articulación de los datos, más todos los elementos visuales puestos en juego, está resuelto con mucho profesionalismo y permite a espectadores y espectadoras tomar conciencia de esos acontecimientos históricos de los que la mayoría nunca oímos hablar. En su conjunto, la producción va develando otras caras de una Córdoba que tantas -demasiadas- veces jugó roles conservadores, dogmáticos, corporativos y represivos en la historia reciente. Como en la canción de los gallos, los colores pueden ser irreconciliables, pero siempre deja la historia enseñanzas para que no predomine tanto el color más oscuro. A alumbrar un poco más el pasado aspira esta producción local.
Realizada en 2015 en su casi totalidad, con aspectos de postproducción en 2016, la serie entró en el freezer del desinterés de los canales locales, durante dos años y medio. Su estreno en Cine.ar muestra que la espera, pese a todo, valió la pena porque se trata de material que no vence.
La dirección fue compartida entre Ana Apontes y Ezequiel Salinas, con asistencia de Lea Naranjo. La fotografía y el color son del propio Salinas, así como el manejo de cámaras junto a Matías Herrera Córdoba. Las actuaciones de los personajes estuvieron a cargo de Rafael Rodríguez, Leopoldo Cáceres y, por supuesto, de Doblevé. La producción ejecutiva de Juan Maristany, la música de Atilio Sánchez, y los demás roles técnicos y de producción garantizaron una eficiencia encomiable al producto.
Para disfrutar, para aprender y para pensar, y para acercarse más a la identidad cordobesa, vale la pena acercarse a la historia de esos Gallos Rojos, disponibles gratuitamente en: https://play.cine.ar/INCAA/produccion/5119



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