Flan para la señora

El acting de Alfredo Casero dividió las aguas por una metáfora que no todos alcanzaron a entender o que reinterpretaron hasta el ridículo. Lo importante: ¿le gustará el flan a Cristina?

Por Javier Boher
[email protected]

Pipón, pipón, amigo lector. Este fin de semana no importa cuánto se comió, el lugar ni los ingredientes: el postre fue flan. Más de uno se tomó el trabajo de meditar sobre el último plato tras lo que dijo el ex Batman del conurbano en el programa de Fantino.
Básicamente, para los desprevenidos, Alfredo Casero hizo un acting demoledor durante la entrevista, dejando en evidencia el mecanismo de oposición que usa el kirchnerismo residual, como 12 hijos que le piden flan al padre después de que se quemó la casa y no queda nada.
Aunque algo exagerado en sus formas, la cabeza de la que salió Cha cha cha salió con una representación magistral sobre el funcionamiento de las demandas que hoy le hacen al gobierno de Gatricio.
Hay que hacer una aclaración que vale para todo el humor. Sólo es gracioso cuando el que se quiere reír está ridiculizando a los poderosos. Lo otro es bullying, como lo que hacían los bufones de nuestros Bonnie & Clyde santacruceños durante la década desperdiciada cuando alguien los cuestionaba. Acá en Córdoba conocemos a algunos bastante bien.
Cómo será que el kirchnerismo está dolido por todo el intríngulis en el que se ha metido la exmandataria que salió a pedir un foul inexistente. Todos ofendidos y con sesudas interpretaciones sobre el flan: que no alcanza para todos, que la soja desplaza a la caña de azúcar, que huevos tenía Néstor por bajar unos cuadros o cosas que no tienen nada que ver con lo que pretendía el delirante humorista.
Peor para los que no pueden entender la humorada (pero que le festejaban los chistes a la Emperatriz del Calafate con la sinceridad del nene gordo que le hace la fiesta al flaco que lleva merienda doble) Miauri subió una foto comiendo flan, lo que disparó la viralización del tema. El hombre tiene la sangre más fría que sicario de serie de TV y lo demuestra porque el pataleo opositor le importa menos que lo que le pase al hijo de Marley.
El tema es que con los cuadernos le dieron un envión muy difícil de parar. Por eso es que, ante la avanzada del oficialismo en el plano judicial (porque en lo económico viene haciendo más agua que bolsa de hielo al sol) los opositores ya salen a tirarse flores para ver si se pueden juntar y arañar algo del fondo de la olla.
Si no, no se puede explicar esto de William Brown diciendo que Pichetto es el candidato de unidad del peronismo, el Cóndor Gioja abriendo las puertas del partido a todos o el Chivo Rossi diciendo que van a recibir a los que quieran ganar. Están tan sucios que abajo de esa tierra ya no distinguen si son blancos o negros.
Encima ahora, por lo bajo, insisten con que al gobierno le sirve una Cristina en libertad. Los grandes intérpretes de la voluntad del pueblo no parecen leer que, mientras le hacen el aguante a la arquitecta egipcia en el Senado, por otro lado le siguen haciendo el favor a Don Gato y su pandilla.
¿Si no va presa le sirve? Si. ¿Si va presa le sirve? Si. ¿El gobierno suma ante las dudas del peronismo? Si. A diferencia de los equipos de Córdoba, contra ese rival gana en todas las canchas.
Para colmo de males opositores, lo que pasó con los cuadernos es más grande que Pelé. Muchos empresarios (los más gordos, esos que arriesgan poco y ganan mucho, que arreglan con gremios y políticos) están con ganas de soltar la lengua. No quieren que se les caigan los contratos, los mismos que el gobierno quiere sostener para no frenar la obra pública, lo único que todavía parece seguir funcionando en una economía que se mueve menos que policía de escritorio.
Con todos los números de los que hablan, por ahí nos perdemos en la magnitud del robo del que fuimos testigos. En 2007 nos asustamos por los 60.000 dólares de los bolsos de la ex ministra Felisa Miceli. En 2016 nos espantamos por los nueve palos que revoleó López a terreno sagrado. Según algunos cálculos, sólo las migajas por los retornos con el negocio de los subsidios a los trenes habrían representado unos 344 millones de dólares durante el kirchnerato.
Según la revista Mercado, Pepsico invirtió 176 millones en 10 años para ser uno de los principales productores de alimentos del país. Casi la mitad de los retornos. Nissan planea producir 70.000 vehículos anuales en Córdoba con una inversión de un poco menos del doble, 600 millones. In-cre-í-ble.
Qué quiere que le diga, amigo lector. Pensar en esos números da poco de bronca. Pero después uno se puede poner a pensar en que mientras sigan cayendo arrepentidos, algún día finalmente los que ya están adentro y los que todavía no los acompañaron, agarrados a los barrotes de la celda, le van a gritar al guardiacárcel “¡queremos flan!”, porque va a ser lo único que les dé algo de felicidad mientras dure su estadía en el penal. Crucemos los dedos porque a Cristina le guste.