No es fácil ser progre



Por Daniel Gentile

Donald Trump, al que la prensa dominante se esfuerza en presentar como un monstruo, es uno de los poquísimos líderes mundiales que defiende la vida y enfrenta al lobby abortista. Por eso, entre otras cosas, lo odian.

Los medios hegemónicos juegan un rol muy importante en la difusión de la doctrina que ha colonizado a Occidente. Feminismo, abortismo, ideología de género (que son capítulos del primero), victimismo, “diversidad”, etc.
Fueron activísimos en la reciente “guerra del aborto”. En verdad “dejaron todo en la cancha”, hicieron un esfuerzo casi sobrehumano para lograr la sanción de la ley, demostrando una identificación casi absoluta con los que promovían la despenalización. Más no puede pedírseles. Sólo fueron derrotados al final por la reacción impensada de muchísimas personas que poblaron las calles movidas por convicciones muy fuertes a favor de la vida. El aborto definitivamente no es una cuestión religiosa, pero es indiscutible que el “no matarás”, como imperativo moral, pesó mucho en quienes salieron a ponerles presión a los senadores.
Nuestros legisladores fueron “relojeando” a la ciudadanía. Hasta la sanción en Diputados, la gente parecía más o menos indiferente al tema, lo que permitió que la iniciativa superara esa instancia. Luego, cuando multitudinarias manifestaciones formularon la grave advertencia “con aborto no te voto”, muchos senadores tomaron nota de la amenaza, y terminaron rechazando el proyecto más por motivos electoralistas que principistas.
Los grandes medios previsiblemente lamentaron en medulosos editoriales la derrota abortista, y curiosamente nos han hecho saber que en la última semana han cambiado drásticamente las causas de la mortalidad femenina. En estos últimos días, las mujeres ya no mueren por “femicidios”, sino por abortos clandestinos.
Pero hacer periodismo “militante” tiene sus riesgos. Uno de ellos es no considerar a la coherencia como una virtud.
Puede ocurrir entonces –y ocurre- que en un pequeño recuadro en la página de información científica, estos periodistas se alegren, y den justificada rienda suelta a su alborozo, porque en Munich nació felizmente un bebé con medio corazón, al que los médicos pudieron realizarle con éxito una complicadísima operación que le permitirá tener una vida feliz, luego de que los pronósticos prenatales auguraran ínfimas posibilidades de que sobreviviera al parto.
En el rubro “diversidad”, nos cuentan la hermosa historia de una adolescente dawn, que ha conseguido terminar sus estudios secundarios y cursar una carrera universitaria, lo que le permitirá insertarse en el mundo laboral.
Se olvidaron estos individuos de que unas hojas antes, al deplorar lacrimosamente la oportunidad perdida por la Argentina por no sancionar el aborto libre, habían condenado a muerte a ese bebé y a esa joven, que hubieran sido víctimas de esa legislación por no ser “viables”.
Donald Trump, al que la prensa dominante se esfuerza en presentar como un monstruo, es uno de los poquísimos líderes mundiales que defiende la vida y enfrenta al lobby abortista. Por eso, entre otras cosas, lo odian.
Sin nombrarlo, le dedican un recuadrito que parece inocente, recordándonos que hace cincuenta y siete años se construyó el ominoso muro de Berlín. Terminan el comentario diciendo que “lamentablemente también hoy hay muros; y no hay muros malos y muros buenos; sólo muros”.
Aún no compartiendo todos los aspectos del gobierno de Trump, hay que ser en verdad muy tendencioso para poner en un pie de igualdad moral al felizmente derribado muro de la muerte con una política migratoria discutible.
No, no es fácil elaborar un medio “progre”. Requiere, entre otras cosas, imprimir juntos discursos que se aporrean entre sí.
Pero tengo la percepción de que los individuos que escriben y hablan en estas usinas de información, viven plácidamente sin tomar nota de sus permanentes contradicciones.



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