Maravillosa

Después de largos años de padecimiento, Aretha Franklin, la cantante coronada como “la reina del soul”, falleció ayer a los 76 años en su casa de de Detroit a consecuencia de un cáncer de páncreas. Los homenajes en las redes conformaron una espontánea cadena mundial de agradecimiento póstumo.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

Hacia mediados de los años setenta, el fenómeno de la música disco absorbió gran parte de la corriente sonora afroamericana que había poblado el panorama de vocalistas talentosos, la mayoría de ellos cultores del género soul y fichados por los sellos Motown y Atlantic. Grandes intérpretes se vieron obligados a adecuarse a los nuevos tiempos, que le imprimían un mayor ritmo a las canciones, porque el material estaba dirigido a las pistas de baile y se requería de temas que contagiaran energía y que acompañaran el clima de fiesta y desborde que empezaba a gestarse bajo las bolas de espejos.
Mientras que desde el Continente Europeo se descolgaban figuras prefabricadas dentro de los estudios de grabación, como Donna Summer, en los Estados Unidos se desató un proceso de conversión de las antiguas estrellas del soul para que, bajo un barniz discotequero, prolongaran su éxito como partícipes de la flamante tendencia que empezaba a imponerse en las principales ciudades del mundo. Voces como las de Diana Ross, Gloria Gaynor, Thelma Houston o Roberta Flack, se sometieron a esa transición y consiguieron alcanzar un dignísimo suceso como parte de una camada que asumía el liderazgo dentro de la música bailable de su época.
Para quienes nos incorporamos al consumo musical por esos mismos años, resultaba difícil distinguir entre aquellos artistas que habían sido conspicuos representantes del soul en los años sesenta, y las jóvenes promesas como Amii Stewart o Tina Charles, que se estaban estrenando sobre los escenarios. Todos estos nombres formaban parte del mismo combo, que sonaba al unísono tanto en las radios como en los boliches y en los cumpleaños. Y estamos hablando de un tiempo en el que era muy complicado encontrar información sobre los cantantes de moda, más allá de lo que decían los presentadores de radio sobre ellos.
Entre tanta luminaria, ingresaba dentro de nuestra consideración Aretha Franklin, una intérprete que, para nuestro modesto entender, era una más de las tantas referentes de la música disco, que cada tanto metía algún tema que se difundía en los programas juveniles. Por entonces, no teníamos ni idea de que ella supo ser la reina del soul, y que en 1974 viró su perfil hacia un estilo bolichero, asociada con el productor Curtis Mayfield, un golpe de timón que la depositó a las puertas de la decadencia más absoluta. Muchas de sus colegas sostenían su vigencia, pero ella parecía no dar pie con bola.
Hasta que, en 1980, cuando la fiebre disco empezaba a declinar, Aretha Franklin fue convocada junto a otros músicos ilustres para formar parte del elenco del filme “The Blues Brothers”, una comedia musical protagonizada por John Belushi y Dan Aykroyd. En el papel de la señora Murphy, Aretha obtenía allí un espacio trascendente en la memorable escena donde interpreta “Think”. Recién cuando la vimos ahí, en esa película que en Argentina se conoció como “Los hermanos caradura”, nos dimos cuenta de que no se trataba de una cantante más, sino de una incomparable vocalista que sobrepasaba los límites de los géneros.
Después de largos años de padecimiento, Aretha Franklin falleció ayer a los 76 años en su casa de de Detroit a consecuencia de un cáncer de páncreas, y los homenajes en las redes conformaron una espontánea cadena mundial de agradecimiento póstumo. Todos han destacado su prodigioso talento artístico y su compromiso político en defensa de los derechos de las minorías raciales y de las mujeres. Y quienes la adoptamos entre nuestras favoritas después de ver “The Blues Brothers”, llevaremos eternamente en nuestros oídos la más maravillosa música, que es su interpretación de “Think”.



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