La suba de precios de alimentos se ralentizaría por la caída de consumo

También pesan otros factores como los costos no dolarizados; el “colchón” existente previamente. Otro tema a tener en cuenta es la oferta disponible; este año pesa mucho el impacto de la sequía.



De subir al 2,2% mensual promedio en el primer trimestre del año, los precios de los alimentos pasaron al 3,2% mensual en el segundo según datos de Indec, lo que revela un impacto parcial de la devaluación sobre este tipo de productos. Sin embargo, los especialistas proyectan que algunos factores actúen como barrera de contención de las subas y faciliten el control de la inflación a corto plazo.
En julio, según Indec, el alza de ese ítem alcanzo el 4% (la inflación general fue de 3,1%). Un informe de Juan Manuel Garzón y Nicolás Torre del Ieral señala que para dos grupos importantes quedaron fuera de la aceleración de precios: carnes, donde el costo de una canasta de referencia se mantuvo a una tasa del 2,6% mensual en ambos trimestres (aunque con matices) y lácteos, donde los precios, de crecer al 0,6% mensual pasaron a hacerlo al 2,3%. De todos modos, en ese rubro, la inflación del semestre fue del 9% (canasta de productos).
El costo de adquirir una canasta de carne que aproxima el consumo de carnes per cápita promedio (58 kilos de carne bovina res con hueso, 42 kilos de pollo y 14 kilos de carne de cerdo) subió a un ritmo estable del 2,6% promedio mensual tanto en el primer trimestre como en el segundo. No hay una aceleración a nivel del costo de la canasta total.
En julio el precio de esta canasta aumentó sólo un 1,5%. Se trata de una tasa reducida considerando los promedios mensuales antes referidos, pero particularmente la variación de junio que había sido muy fuerte (+6%). En los primeros siete meses del año la suba fue del 19%, una variación que se encuentra levemente por debajo de la inflación medida por Indec.
Considerando que en estos meses el dólar subió un 57%, sólo un tercio de la depreciación pasó a precios de carnes al menos hasta julio. Hay matices en las dinámicas que muestran los precios de las tres carnes que integran la canasta. Los cortes de carne bovina y el pollo subieron 22% en lo que va del año, mientras que la carne de cerdo quedó muy atrás, con un ajuste de precios al mostrador de sólo el 6%.
Hay cuatro cuestiones que debieran actuar como barrera de contención, dos de tipo estructurales y dos de tipo coyunturales. En lo que respecta a los factores estructurales, por un lado, la baja relevancia que tiene hoy la demanda externa en muchas producciones y, por el otro, la presencia de un colchón (más fino o más grueso según los casos) de costos “no dolarizados”, fundamentalmente asociados a eslabones de intermediación y de servicios (distribución, comercio, profesionales) que existe en todas las cadenas y que puede amortiguar el impacto sobre el precio final de los bienes de una suba del tipo de cambio.
En cuanto a los factores más de tipo coyunturales, se encuentran el notable y casi excepcional crecimiento de la oferta que se observa este año en varias de estas actividades y, a contramano del anterior, el ciclo económico, la debilidad de una demanda interna que opera en una economía que está entrando en fase recesiva.
Con respecto a la importancia de las exportaciones como destino de la producción, las exportaciones representan cerca del 15% de la producción en carne bovina, del 17% en lechería, en carne aviar su peso es muy bajo (8%), mientras que en carne de cerdo no hay prácticamente envíos al exterior y las importaciones son relativamente poco relevantes .En carne bovina, si bien las exportaciones vienen batiendo récords, no son todavía la polea principal del mercado, que sigue descansando en el elevado consumo interno.
La producción está creciendo fuerte en casi todas estas actividades, a un ritmo que excede el crecimiento normal de un mercado maduro como el argentino y que es una anestesia para los precios. Por ejemplo, la producción de carne bovina está creciendo a un acumulado del 10% interanual, la de cerdo al 8%, la de leche cruda al 8% y sólo la de pollos muestra un ajuste de volúmenes (-6%).
El otro aspecto es la cuestión del ciclo económico: la actividad está entrando en fase recesiva, con caída de ingresos en términos reales, fundamentalmente de segmentos asalariados (informales, de baja productividad), dejando poco espacio para absorber volúmenes adicionales de producción sin tener que resignar precios.



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