Carlotto: de indulgencias tácticas a discriminación

La sumisión de la líder de Abuelas con el kirchnerismo la lleva a protagonizar penosos episodios. Le extendió uno de sus perdones selectivos a Rodríguez Saá por su carta delatora a Massera.



Por María del Pilar Viqueira

Durante la era K, Abuelas de Plaza de Mayo se alineó con el Gobierno, un modus operandi cuestionable si se tiene en cuenta que el grupo existe para bregar por los DDHH y no por dirigentes de tuno.
Lo propio sucedió con organizaciones similares, que no conformes con promover encendidas defensas en favor de políticos (y políticas) y fustigar a minorías hicieron negocios irregulares con el Estado.
Pese a su explícito compromiso con el kirchnerismo, Estela de Carlotto manejó con cierto donaire su militancia. Sin embargo, en el 2013, cuando César Milani quedó al frente del Ejército, quedó claro que su aparente respaldo a Cristina Fernández de Kirchner era sumisión pura y dura.
El déficit de memoria es plaga entre los sectores que se auto definen como progresistas y se escandalizan cuando se resaltan las contradicciones de “Estela”. Por eso, es necesario recordar que cuando Milani quedó detenido, aunque la mujer negó haberlo defendido, sus declaraciones desde que la ex mandataria lo nombró son lapidarias. La verdad es que acató los deseos de su líder e ignoró las críticas que generó.
En una entrevista con radio La Red, en junio del 2013, dijo que “no le correspondía” pedir la renuncia a Milani. Un mes después, ante El Tribuno de Salta, espetó: “Hay miles de personas que están nombradas en el Nunca Más de La Rioja y no todas son genocidas”. No se quedó ahí y aseguró: “Milani tuvo un discurso de mucho alineamiento con este Gobierno, que nosotras reivindicamos”.
A fines de diciembre del 2014 pidió “no hacer alharaca” porque “desestabilizaba”. Inmersa en su negacionismo, llegó a asegurar que las denuncias de los familiares de las presuntas víctimas del militar y los reclamos del entonces arco opositor y de algunos organismos de DDHH eran “cosas a propósito” para dividir.
La dirigente que no le dio el beneficio de la duda a personas como Ernestina Herrera de Noble, valoró sobre Milani: “Es muy feo juzgar previamente”.
También traficó indulgencias para el ex juez de la Corte y gurú del abolicionismo, Eugenio Zaffaroni, quien actuó como magistrado penal nombrado por dos dictaduras militares, por cuyos estatutos juró, y que jamás otorgó hábeas corpus. ¿Que son algunos papeles que hubieran permitido salvar a muchas almas en comparación con las razones ideológicas de la abuela que se arrogó la potestad de explicarnos que solo hubo un demonio y que ella y sus seguidores nos dirían quién fue y en qué casos valen las excepciones?
A fines de julio, hubo olvido y perdón táctico y unilateral para el actual gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, quien en 1978 le envió una misiva a Emilio Massera acusando al ex diputado radical Arturo Negri y a otros funcionarios del Gobierno democrático derrocado de tener relaciones con Montoneros, reclamando un “castigo ejemplar”.
Según Carlotto, la carta delatora forma parte del pasado y “la oportunidad del cambio hay que dársela a todos”. La magnanimidad de Estela es estratégica y su “todos”, claro está, no incluye a los ancianos enfermos alojados en penales de todo el país que claman por arresto domiciliario ni a los ex militares detenidos que exigen algo básico como igualdad ante la ley.
Mediante una nota, el ex rector de la UNSL y actual diputado nacional, José Riccardo; el intendente de San Luis, Enrique Ponce; familiares de Pedro Ledesma (desaparecido) y la docente y ex presa política Silvia Lacreu, entre otros, expresaron: “Consideramos, Estela, que todos los honores acumulados en su vida no la habilitan para que en una actitud superadora venga a la provincia a perdonar en nombre de los puntanos”.
Asimismo, le advirtieron que está siendo usada para “una de las tantas aventuras electorales de los hermanos Rodríguez Saá”. Estela lo sabe perfectamente, pero para la abuela todo vale si se trata de sumar voluntades para vencer a Mauricio Macri y a su Administración de “derecha”.
Esta semana, protagonizó otro penoso episodio al opinar sobre la megacausa por sobornos que involucra al ex matrimonio presidencial, a altos mandos de sus tres gestiones y a empresarios. Ensayando una defensa para los involucrados, atacó a Oscar Centeno por su oficio y emitió conceptos discriminatorios.
La defensora de la educación pública sostuvo que desconfía de la investigación a cargo del juez Claudio Bonadio y del fiscal Carlos Stornelli porque no cree que “un chofer” pueda haber escrito de manera “perfecta” en los cuadernos que analiza la Justicia.
“No había faltas de ortografía”, acotó. Pero no se quedó ahí. “Es una persona que habla a medias”, agregó en referencia al ex empleado de uno de los tantos recaudadores K.
En tanto, al igual que la tropa de fanáticos que integra, apeló al argumento más burdo y repetido de los últimos años y adujo que la avalancha de revelaciones que surgieron de la pesquisa configura “una persecución ideológica”.
Ayer, Yamil Santoro, integrante de Cambiemos, la denunció ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) por “discriminar a los choferes en particular y a las personas de menores ingresos o de menor grado de formación en general”.
Al difundir la noticia en las redes sociales, Santoro -que es hijo de un fletero- dijo que espera que el INADI “cumpla con su trabajo”.
Además, el dirigente liberal manifestó que espera que Carlotto “sea sensibilizada acerca de que los choferes pueden escribir bien”.



1 Comentario

  1. 15 de Marso- Lo bi al lisenziado con un monton de bolzos, parecia un equeco y lo yevamo a olibo, donde el nestor estava perando.
    20 de otubre – Un otario cogotudo que ace rutas le dio al lisenziado un paquete de berdes. Depue lo llevamo a la casa de la cris, pero atendía muños-
    ¿Así deberían haber sido los textos en los cuadernos para que Carlotto les adjudicara veracidad?

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