Zaffaroni: gira mediática con rifa de restos de prestigio

El juez de la CIDH continúa desautorizando públicamente la dramática lucha contra la corrupción que se lleva a cabo en el país. Confeso detractor del Gobierno, sigue inmiscuyéndose a asuntos de política interna.

Por María Viqueira

La bochornosa trama de corrupción plasmada en los cuadernos que escribió durante años el ex chofer del hombre del confianza de Julio De Vido motivó nuevas declaraciones del ex juez de la Corte, Eugenio Zaffaroni.
El jurista, confeso detractor del actual Gobierno, está de gira mediática desde principios de mes y se presentará hoy en el marco de las denominadas “Veladas patrióticas”, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para declamar -según promocionan los organizadores del evento- sobre el “creciente deterioro del Estado de Derecho”.
No obstante, apenas empezaron a concretarse medidas en el marco de la instrucción que comandan el juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli habló de la causa.
Ante la gravedad de los hechos y la avalancha de revelaciones que generaron, el integrante de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fue relativamente moderado al referirse a las pruebas. Así, aseguró que las fotocopias de los diarios que escribió Oscar Centeno pueden ser indicios, aunque aclaró que son vulnerables porque se pueden falsificar y son difíciles de peritar.
Sin embargo, fue lapidario con la figura del arrepentido y adujo que le resulta “repugnante” porque “siempre premia al más perverso”.
Paralelamente, se despachó con sus críticas de rigor hacia la Administración de Mauricio Macri.
Al igual que la tropa disciplinada que comparte sus extravagantes lecturas de los sucesos de la vida nacional, vinculó las novedades de la mega pesquisa por coimas con la intención del Gobierno de “tapar algo”.
En esa linea, rifando el escaso prestigio que le queda, entre otras frases absurdas espetó: “Están pasando cosas graves, como la muerte de la directora de la escuela por la explosión de gas”.
Días después, de paso por Rosario, adujo que la asociación ilícita bajo investigación es “un absurdo”.
También se refirió a la supuesta polaridad que instaló el Gobierno con la ex presidenta y dijo: “Siempre ha habido más o menos operadores políticos, quizá el que menos ha tenido fue el de Cristina Fernández”. Además, opinó que “cuánto más la victimicen va a crecer su imagen y va a lograr más votos”.
El gurú de Justicia Legítima sigue inmiscuyéndose en asuntos de política interna y desplegando una intensa actividad partidaria y militante.
En enero, a poco menos de un año de decir que si el fiscal Alberto Nisman estuviera vivo lo ahorcaría “por obligarlo a leer su denuncia”, propaló que el actual Gobierno no llega al 2019.
No conforme, manifestó su “deseo personal” de que se vaya “lo antes posible”.
Asimismo, pronosticó que el futuro de la actual gestión dependerá “de la rapidez con que entre en crisis el programa económico”.
La desmesura de Zaffaroni tuvo repercusiones. Sin medias tintas, el ministro de Justicia Germán Garavano se refirió a sus afirmaciones como desafortunadas y antidemocráticas y estimó que debería renunciar a la CIDH.
Por su parte, el diputado nacional por la UCR y titular del interbloque de Cambiemos en la Cámara Baja, Mario Negri, consideró que no hay distancia entre desear que el Gobierno no termine su mandato e invitar a que lo desestabilicen.
El Colegio Público de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires también tomó partido. Histórico detractor de Zaffaroni -en el 2003 impugnó su candidatura a la Corte Suprema y lo cuestionó con dureza por su grosera aseveración sobre Nisman- argumentó que los dichos del juez excedieron el ámbito de la libertad de expresión y opinión y constituyeron un mensaje contrario a la democracia y a los valores republicanos.
A su vez, al igual que la ONG Usina de Justicia, juzgó que el proceder del magistrado va en franca contradicción con las cualidades de independencia e imparcialidad que el sistema interamericano de derechos humanos exige a sus miembros. Por eso, reclamó que el organismo lo remueva si no da un paso al costado.
A medida que pasa el tiempo, los sucesivos exabruptos de Zaffaroni le dan mayor sustento al punto de vista de la Asociación Civil Usina de Justicia, que en julio del 2016 impugnó su cargo ante la CIDH.
La ONG fundada por la filósofa Diana Cohen Agrest, quien perdió a su hijo en un robo, recordó que la Convención Interamericana de Derechos Humanos y el estatuto del Tribunal regional establecen que sus miembros no pueden hacer manifestaciones que afecten su independencia e imparcialidad y aseguró que Zaffaroni violó sistemáticamente esas disposiciones desde que asumió.
Con las firmas de Cohen Agrest y César Mayer, Usina de Justicia incluyó en la nota que presentó ante la CIDH una extensa enumeración de las actividades irregulares del penalista.
Entre otras conductas reñidas con el decoro que le impone su función, citó que descalifica constantemente los procesos políticos que se desarrollan en Argentina; que actúa en forma ostensible como asesor legal particular de la ex mandataria en los expedientes criminales que la involucran; que emite opiniones críticas acerca de causas en las que se investigan delitos de otros ex funcionarios y dirigentes; que descalifica a Macri y denosta su elección democrática y que desautoriza públicamente la dramática lucha contra la corrupción que se lleva a cabo en el país.
En esa línea, consideró que la violación de los requisitos de independencia, imparcialidad y dignidad del vocal afectan a la CIDH y le solicitó que le recomiende a la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos su exclusión.
Hasta ahora, la ONG no obtuvo respuestas.



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