En un escenario alterado y revuelto se negocia el presupuesto 2019

En las conversaciones entre Nación y provincias no hubo grandes avances. Schiaretti y Urtubey confían en que la mayoría de los gobernadores apoyará un acuerdo. El contexto local y la crisis de los emergentes dispararon el riesgo país y el dólar.



Por Gabriela Origlia

Siguen las negociaciones entre Nación y provincias por el ajuste. El marcha atrás en la eliminación del “diferencial” de las asignaciones familiares -quedó en suspenso por un mes- reencausó las conversaciones sobre los diferentes puntos que integran el menú de opciones que propone la Casa Rosada.
En el medio, salió el decreto que respalda el corte de giros a las cajas previsionales no transferidas. Neuquén, Misiones, Santa Cruz, Chaco, Corrientes y Chubut ya no cobraron las transferencias del último mes. Lo que no está listo todavía es el dinero para aquellas que sí cumplieron con el trámite y que esperaban tener ya una definición por parte de Anses.
El salteño Juan Urtubey –quien el viernes almorzó con los empresarios de la Bolsa de Comercio de Córdoba y después se reunió con Juan Schiaretti- entiende que el presupuesto 2019 saldrá con el apoyo de la “mayoría” de los mandatarios. Hay coincidiencia con el cordobés quien también cree que hay voluntad de llegar a buen puerto con las negociaciones.
Hay puntos más conflictivos como el que apunta a recortar la coparticipación del IVA en cinco puntos para destinar ese dinero –unos $28.500 millones anuales- a financiar Anses. Para sumar voluntades aseguran que sería una medida “por un tiempo”. Probablemente hasta que salga la reforma previsional de fondo que, aunque prevista para el año que viene, podría demorar un poco más.
“La coparticipación no debe cambiar sin una ley; lo que se achicarán serán las transferencias”, graficó Urtubey, quien también dijo que hay una “patología centralista” también a la hora de plantear los recortes. “Insisten en que no habrá obras públicas en las provincias. ¿Si no las hacen en las provincias, dónde la van a hacer? ¿En Marte?”, ironizó ante los empresarios.
En ese marco planteó que no hay que diseñar el ajuste como “un castigo a los que hacen las cosas bien” y afirmó que deberían, por ejemplo, dejar de subsidiarse empresas del Estado o bancos estatales para no perder electores. “La Nación exige a los otros lo que no hace ella; después de dos años sigue el problema de los empleados públicos que es lo que critican a las provincias”.
Por ahora las conversaciones siguen siendo en grupos reducidos o individuales. No se avanzó en una convocatoria a los gobernadores. Entre los aspectos en los que no se logró acuerdo es la propuesta de Nación de cortar el Fondo Sojero (con la baja gradual de las retenciones-esos recursos tenderán a desaparecer) y tampoco hay respuesta al planteo de incluir los $40.000 millones de subsidios a los ferrocarriles y los $20.000 millones a la Sube en las partidas de transporte que deben empezar a transferirse a María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.
El escándalo de los cuadernos de las coimas complejizó la situación económica. Lo admiten las calificadoras internacionales, como Fitch. Su director, James McCormack, opinó que la economía se verá “afectada negativamente” por el tema. “Esperemos que Argentina acelere el ajuste fiscal, que hasta ahora había ido por el carril lento por una serie de razones políticas”, dijo y agregó que cuando “los negocios se interrumpen, incluso si no son prácticas de negocios respetuosas de la ley, hay consecuencias para la economía. Es difícil concluir que el impacto para el crecimiento económico será otro que negativo”.
La crisis de los emergentes y el contexto local determinaron que el dólar cerrara la semana con un salto y que también el riesgo país se disparara. Además, el Gobierno dispuso ampliar el déficit presupuestado en más de $ 7000 millones, al asignar partidas adicionales para cancelar deudas previsionales, servicios de la deuda pública y asistir a distintos ministerios.
En ese contexto turbulento es en el que sigue el debate por el ajuste. Con todos los partidos –unos más, otros menos- golpeados y con las elecciones a la vuelta de la esquina pero que, por la virulencia del tsunami desatado, salieron del centro de la agenda.



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