¿Qué quiere el gobierno con el aborto?

Si bien es lícito dudar sobre hasta dónde una cuestión de convicciones podría afectar la decisión del voto (una expresión generalmente pragmática), no hay antecedentes en la Argentina de una campaña estructurada en torno hacia un único asunto que, para complicar las cosas, se presenta como transversal a las principales fuerzas políticas.



Por Pablo Esteban Dávila

Mauricio Macri sostuvo, al habilitar el debate parlamentario sobre la despenalización del aborto, que él “estaba a favor de la vida”. En consecuencia, resultó lícito suponer que celebraría la decisión del Senado de rechazar el proyecto con media sanción en Diputados.Pero no lo hizo, al menos en público. La ambigüedadparece haber ganado otra vez los mensajes del gobierno.
Esto es lo que puede concluirse tras advertir las definiciones que surgieron desde la propia Casa Rosada ayer mismo. Se aseguró que, tras el fracaso de la ley, se avanzará en una especie de despenalización de factodentro del proyecto de Código Penal que el Poder Ejecutivo planea enviar al Congreso.Aunque el aborto seguiría siendo un delito, no habría imputabilidad para las mujeres que decidiesen practicarlo.
Es un camino espinoso. De acuerdo a la redacción que termine de consensuarse, la decisión final podría recaer en un Juez o, sin culparse a la mujer, podría tener consecuencias para los profesionales que llevaran adelante las prácticasnecesarias. Además, no debería descartarse que, en la discusión técnica de la reforma del Código, se cuele otra vez el debate que acaba de clausurarse. Los números tan ajustados a favor y en contra del proyecto no auguran otra cosa que reabrir la discusión tan pronto aparezca la hendija correcta.
Esta perspectiva no es sólo teórica. Ya hay fecha para comenzar a trabajar sobre elborradorconsensuado por un grupo de juristas particularmente calificados. El jefe de gabinete de ministros, Marcos Peña, se propone presentarlo ante el Congreso el 21 de agosto. En los hechos será como volver a fojas cero. Los verdes tendrán una nueva oportunidad.
¿Estaba en los planes del gobierno esta situación? No es fácil asegurarlo. Los mentideros indicaban que a Macri se le había asegurado que la iniciativa no pasaría de Diputados y que, debido a tal certeza, dio luz verde a su discusión. Tras la media sanción de mediados de junio, el panorama pasó a ser más complicado.Algunos funcionarios comenzaron a preguntarse si el tema no impactaba en la propia base política de Cambiemos y si había sido, en definitiva, impulsarlo.El rechazo senatorial bien podría haber terminado con aquella duda (en definitiva, nada ha cambiado respecto de la situación anterior) pero, no obstante, se sugiere desde el propio oficialismoque habrá un segundo round para continuar el debate.
El aparente contrasentido sugiere que no existe plan alguno para amortiguar (o aprovechar) el vendaval desatado por el presidente. Si el debate por el aborto se traslada al próximo año, Cambiemos tendría más que perder que de ganar. Inclusive dentro de la coalición coexisten posiciones diametralmente opuestas, tal como quedó evidenciado en los últimos meses. Aunque se trata, claramente, de una cuestión de conciencia, es seguro que diferentes grupos de presión -entre los cuales deben contarse a Iglesia Católica y los credos evangelistas, entre otros- harán del asunto un ariete para forzar decisiones en medio de la campaña electoral. Si se juzgan las pasiones que el aborto despierta en la sociedad, no es una quimera pensar que podría permear la estrategia general de las próximas presidenciales.
Si bien es lícito dudar sobre hasta dónde una cuestión de convicciones podría afectar la decisión del voto (una expresión generalmente pragmática), no hay antecedentes en la Argentina de una campaña estructurada en torno hacia un único asunto que, para complicar las cosas, se presenta como transversal a las principales fuerzas políticas.
Los conspiradores podrían sospechar que, detrás de todo esto, se encuentra el titiritero Durán Barba con sus piolines electorales. Si efectivamente fuera así sería un alivio pues, al menos, habría alguna racionalidad en prolongar lasexpectativas. Sin embargo, no se entiende exactamente que beneficios podría traer en lo inmediato esta vigilia que promete recomenzar.
Puede suponerse que la base electoral del macrismo se divide entre en un 60/40 entre quienes rechazan y quienes apoyan el aborto legal. Es una preocupación. Pero de lo que sí puede estarse seguro es que, en los sectores progresistas, esta proporción es de un 20/80, y que ninguna de esas fracciones apoyaría la reelección del presidente, por más liberal que se haya mostrado y pese al hecho que el kirchnerismo, durante su larga hegemonía, nunca permitió que se debatiera.
La conclusión parece bastante evidente. Es probable que, de entremeterse el aborto en la próxima campaña, Cambiemos tenga más que perder que de ganar. Es un gran riesgo en un escenario que augura, apenas, un tercio de los votos para Macri en la primera vuelta.
Una solución sería que el Congreso aprobase el nuevo Código Penal antes de fin de año y que, tras las movilizaciones de rigor, el tema se zanjara en uno u otro sentido.Esto dejaría un tiempo prudencial para que la campaña comenzar con vectores políticos más familiares para los candidatos y sus electores. Pero, aun así, subsistiría la duda sobre lo que realmente quiso hacer el gobierno y si efectivamente ponderó los pros y contras desde la perspectiva de su permanencia en el poder.
Podría, en definitiva, tratarse de un impulso muy humano de romper con los moldes. Pese a los desastres seriales de la izquierda, quienes no pertenecen a ese espacio consideran que flirtear con algunas de sus consignas es una forma de certificarsu propio progresismo.Es un criterio generalmente vano, que no conlleva reciprocidad desde el otro lado y que, mal administrado, puede alejar de sus bases a quien lo adopte. Macri podría encajar en esta tentación porque, a su modo, es un transgresor del tipo light, que disfruta asumir desafíos por fuera del pensamiento convencional. El asunto es si, puesto a jugar con fuego, ha previstocontar con alguna protección a mano o, a tono con el Dr. Albino, considera que todas son superfluas y que el riesgo bien vale una llaga,aunque le termine por doler horriblemente.



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