La vida ganó una batalla, pero la guerra sigue

Entre los cientos de miles de personas que se movilizaron para frenar la ley, hay aparentemente una mayoría que había votado al presidente y que se sintió traicionada en una cuestión mucho más importante que la economía.



Por Daniel Gentile

Poco y nada puede decirse de las ideas de Mauricio Macri. Sería irrespetuoso afirmar que carece de ellas, pero parecería una exageración catalogar como tales a las arengas que de tanto en tanto verbaliza, que pertenecen al género de frases que puede pronunciar el capitán de un equipo de fútbol en la manga que conduce al campo de juego.
Todos sabemos que las acciones de Macri están dictadas por un habilísimo asesor de imagen que ha logrado primero convertirlo en político, y luego, por esas cosas de la vida y las circunstancias, llevarlo a la primera magistratura del país. Así, el presidente hace lo que su consejero profesional le dice que “la gente quiere”, o “a la gente le gusta”, con el cortísimo horizonte de los votos que podrá ganar o no perder en las próximas elecciones.
Pero hubo un tema muy grave en el que Macri tuvo en campaña una definición clarísima. Se declaró abiertamente contrario a la legalización del aborto. Sin embargo, parece que después alguien le dijo que caería muy bien entre los sectores progresistas pasar a la historia como el presidente que habilitó ese debate crucial, en el que más que ideas se juegan millones de vidas. Calcularon quizás –él y sus asesores- que ese gesto le permitiría sumar algunos votos “progre” a su caudal propio. Deben haber pensado también que para sus votantes genuinos la cosa no sería tan importante.
Es probable asimismo que sus consejeros le hayan asegurado al presidente que los niños por nacer no son potenciales votantes. Pero lo que aparentemente no fue debidamente medido en la estrategia gubernamental, fue la reacción de grandes sectores de la sociedad contra lo que consideran la legalización de una de las formas del homicidio. Entre los cientos de miles de personas que se movilizaron para frenar la ley, hay aparentemente una mayoría que había votado al presidente y que se sintió traicionada en una cuestión mucho más importante que le economía. Si para algo ha servido la “guerra del aborto” es para comprobar, tal vez inesperadamente, que hay en la Argentina muchísima gente que tiene muy claro que la vida es un valor que está por encima de cualquier otro.
Más sorprendente es el hecho de que quienes más enfáticamente han rechazado la legalización del aborto, son los sectores humildes, los de las “pobres pibas” que en sus proclamas dicen defender los abortistas. Las columnas de fanáticos que promovieron la ley están mayoritariamente integradas por gente de clase media y media-alta, sobre todo personas con formación universitaria. La gente pobre, simple, no necesitó que los “provida” les explicáramos que matar está mal. Tampoco necesitaron ninguna apelación a principios religiosos. Sencillamente saben, sienten, perciben que el valor vida está entre esas cosas esenciales que no requieren argumentos ni razonamientos para ser defendidas. Esa misma gente humilde es refractaria a los alambicados discursos abortistas. No es que no los entiendan, sino que instintivamente los rechazan.
Esa impensada reacción de quienes salieron a las calles a defender la vida , ha tenido el resultado de convencer a una mayoría de senadores de la inconveniencia de aprobar el proyecto. Fueron pues, lamentablemente, especulaciones electoralistas y no principistas las que determinaron el rechazo de la iniciativa.
Algunas cosas son seguras. Una, que esta victoria de la vida es sólo una batalla ganada. La guerra del aborto sigue, y en condiciones siempre ventajosas para los que promueven la legalización, pues cuentan con gran parte del aparato político y todos los medios de comunicación. La segunda, que, lanzado imprudentemente el tema por el Presidente, la violencia ya es imparable. El partido feminista transversal, que no se caracteriza precisamente por sus modales delicados, ejecutará los desbordes callejeros con la que ha venido amenazando.
Analizado el tema a la luz de los intereses del gobierno, que creyó que podía obtener algún rédito de su estrategia, puede decirse que en todos los casos el saldo es negativo. Ya han perdido irrevocablemente muchísimos votantes que se sintieron traicionados, y no ganarán ni un solo sufragio de la progresía genuina, que siempre considerará a Macri un enemigo. Y por lo pronto, le resultará muy difícil contener al feminismo enardecido que pretenderá imponer su voluntad a garrotazos.



3 Comentarios

  1. Modales delicados???? Eso es todo lo que alcanzas a pensar de las mujeres????? Qué flor de…..idiota….lo de los garrotazos si me encanta porque con los rebuscados y zainos(o ladinos) como vos, que serpentean con los argumentos para que no se note claramente su postura machista no queda otro remedio que el garrote

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