Desórdenes de 1898 en el Correo (Tercera Parte)

Una mentalidad todavía provinciana, una inepcia particular y retrógrada, unas prácticas cercanas a la corrupción fueron la causa del desmanejo que denunciaba el diario La Libertad de 1898, en el correo de Córdoba.



Por Vïctor Ramés
cordobers@gmail.com

La dinámica Oficina Central de Telégrafos de Londres, 1897.

Esta nota pone cierre a un episodio, no relata el fin de los malestares que produjo la mala administración de la oficina de Correos a fines del siglo XIX. Para completar el cuadro de situación, se transcribirá una carta que publicaba La Libertad -con evidente satisfacción- diez días después de su denuncia. La misma estaba dirigida “Al señor lnspector General. Buenos Aires”, y era dada a publicidad debido a que “el jefe del 6° Distrito ha negado la venia para que pase directamente a su destino”.En la nota se leeel pedido de los telegrafistas del correo a la autoridad nacional de trabajar estrictamente las horas que mandaba el reglamento, pues estaban rebasados por tener que compensar el incumplimiento de otros compañeros suyos. La imagen final que esboza el diario, la del Jefe del 6° Distrito mostrando acatar las recomendaciones y compromisos políticos,antes que las necesidades organizativas de la institución, es patética.
Al presentar la carta expresaba el reporter de La Libertad: “Nosotros, que en más de una ocasión hemos sido inexorables para pedir a los superiores que se obligue a empleados de esa repartición a cumplir con sus deberes de oficinistas, nos constituimos ahora en defensores de la justicia que los asiste, y esperamos confiadamente que el señor Jefe de Distrito y en última instancia el director general, han de acceder a su pedido”.
El siguiente es el texto de la nota:

«Correos y telégrafos Córdoba.
Al señor lnspector General. Buenos Aires.
Con el respeto y subordinación que todo subalterno tiene a su jefe y con previa venia; este personal de la repartición que Vd. con tanto acierto dirige, en vista de no tener más amparo que la rectitud del proceder de Vd., acude hoy a ella en la certeza de que el señor Inspector general querrá como en otros tantos casos ser justiciero en el presente, en que los abajo firmados se permiten molestar su atención comunicándole que, dado el escaso personal con que cuenta esta cabecera de distrito, puesto que algunos de nuestros colegas prestan servicio en la sección correos y otros son telegrafistas por su nombramiento, mas no por que sepan desempeñar el puesto para el cual el superior gobierno de la nación los designó; pues ignoran por completo el telégrafo. (Esto a pesar de lo dispuesto por esa inspección en el año 96 ordenando a los jefes de distrito sometiesen a un examen a los que sin ser telegrafistas tenían nombramiento de tales.)
¡Todo está como era entonces!
Por estas causas y por los muchos conductores que convergen a esta central, lo que implica una retransmisión que varía de 18 a 20 mil despachos mensuales; el personal docente viene siendo víctima de un recargo pesado, pues este a veces es de trece horas diarias. Dicho recargo viene desde hace mucho y siendo que ninguna esperanza tenemos de que este s nos pueda levantar algún día, por cuanto los encargados de servicio señores Miguel Bonifacio y Tobías Sosa dicen que no les es posible hacer servicio con doce empleados en cada turno habiéndoselo manifestado así al encargado titular señor Adolfo F. Pizarro quien no omite esfuerzos de ningún género para que no se entorpezca la buena marcha del servicio.
El número de telegrafistas diurnos es de 24, número insuficiente según los encargados de servicio, para poder responder a las exigencias del servicio sin un recargo permanente.
Esperamos del señor Inspector General que en vista de lo expuesto se digne tomar medidas tendentes a mejorarnos el horario. Nuestro pedido sólo se reduce a solicitar de Vd. que las horas de servicio sean las que marca el reglamento y las mismas que los demás colegas prestan en las distintas oficinas de la república, no las que actualmente tenemos, que hastían y desmoralizan a los que se les obliga a desempeñarlas, ni las de nuestros compañeros, cuyos nombres van a continuación, pues sería más que corto el horario; no pedimos tanto señor Inspector: sino que nuestros deseos se limitan a solicitar de Vd. simplemente una reorganización del mal distribuido personal.
Esto redundaría en pro de la celeridad telegráfica y de los pocos telegrafistas que prestamos actualmente servicio en el salón de aparatos, donde no está lejano el día en que se nos ordene vivir.
Tenemos entendido que su programa no es el de hostilizar a sus subalternos, sino obtener por medio de ellos la buena marcha del servicio. La que creemos no se consigue en la forma actual, puesto que el excesivo trabajo acarrea males a veces irreparables.
El señor Inspector teniendo ya conocimiento de todo, es que abrigamos la seguridad que quiera tener en cuenta nuestro justo pedido.
Le saludamos con nuestra mayor distinción y respeto. (Hay veinte firmas de telegrafistas).»

Y de este modo cerraba La Libertad:
“Los nombres a que hace alusión la nota son la de los siguientes telegrafistas que no prestan servicio en aparatos.
Luis Núñez, jefe de la oficina de reclamos, aprobado en examen; Horacio Centeno, empleado de la oficina de reclamos, id id; J. Moyano Ferrer, jefe sustituto del control, id id; José Cortez, jefe de mensajeros, id id; Cesario Pereyra, jefe de ventanilla, reprobado; J. Martínez Tagle, en la oficina de expedición, id; Arturo Senestrari, ventanillero sin examinar; Santiago Posada, jefe del depósito, sustituto; Indalecio Lami, en Jesús María, sustituto; M. Calle Rodríguez, empleado del control; Ángel Novillo, jefe del archivo; Román Cross, mecánico.
El encargado de turno señor Pizarro ha manifestado que con la mitad de los telegrafistas arriba mencionados, se atendería el más exigente servicio y quedaría así levantado el recargo que ya se ha hecho permanente, pues este data desde el 15 de Setiembre de 1897.
El mismo encargado señor Pizarro ha pedido varias veces al señor jefe del Distrito, reorganizar el personal, sin que con esto se perjudicara el servicio de ninguna oficina de la sección correos, pero esta indicación no fue atendida, basándose el señor jefe en que tal o cual empleado ha sido recomendado por don fulano, otros porque tenían que estudiar o por otras razones análogas a las anteriores.”



Dejar respuesta