El Panal hará de Luz y Fuerza el “slogan” del ajuste

Córdoba será, ineludiblemente, parte del ajuste de las cuentas fiscales. Schiaretti, que espera servirse de un ambicioso plan de obra pública como principal trampolín hacia su reelección, no reducirá gastos en ese apartado. En este contexto, Luz y Fuerza aparece como un “enemigo cómodo” para la Provincia, al que convertir en el “slogan” su ajuste.

El acuerdo rubricado entre el gobierno nacional y el Fondo Monetario Internacional exige un ajuste en las cuentas fiscales que, aún de ser asumido principalmente por la Nación, deberán soportar también las provincias, y entre ellas Córdoba. Esto es un hecho.
Juan Schiaretti hace gala de ser, antes que nada, un buen administrador. Y como tal, ha decidido “asfaltar” su camino hacia la reelección con un ambicioso plan de obra pública al que no renunciará, sin importar cuánto -desde Balcarce 50- hagan llamados a la “austeridad”.
Por eso es que la reestructuración de Epec y, principalmente, la renegociación del convenio colectivo de Luz y Fuerza, tienen un valor agregado para el Centro Cívico. Significan, para la administración liderada Schiaretti, acertar el camino por el cual materializar el ajuste, dirigiéndolo en contra de un gremio altamente impopular que en el imaginario de muchos representa todo aquello que tiene que ver con la ineficiencia y usurpación de prebendas injustificadas.
Claro está que el ajuste no terminará en Luz y Fuerza, y que, como muchos agoreros profetizan, continuará. Incluso en otros capítulos más sensibles del presupuesto. Pero de ser inevitable, habrá iniciado por donde debería. O, al menos, por donde muchos piensan que debería. Y en política, eso es un acierto.
Así las cosas, si El Panal logra pactar un convenio colectivo más sensato con el gremio capitaneado por Gabriel Suárez, habrá logrado -además de una victoria política que rentabilizar en las urnas- una forma de “vender” el ajuste, señalando que éste se lleva a cabo no adonde resulta necesario, sino, mejor aún, adonde resulta justo.
Estas negociaciones ya tienen fecha y lugar para su comienzo: el miércoles 1 de agosto ante el Ministerio de Trabajo de la Nación. Y no parece que vayan a resultar nada sencillas.
Desde la empresa estatal aseguran que mantendrán una posición firme y no cederán ante las presiones del gremio, exigiendo que se modifiquen todos los puntos del convenio que resulten exorbitantes, demandando erogaciones desmedidas para la compañía.
En el sindicato, durante las últimas asambleas se habría escuchado decir a Suárez que “ahora empieza la lucha”, presagiando una mayor conflictividad y una escalada en la intensidad de los reclamos. Fuentes cercanas al gremio informaron que algunos de sus representantes ya se habrían entrevistado con dos estudios jurídicos en Buenos Aires, para que los asesoren durante la renegociación del acuerdo ante la cartera conducida por Jorge Triaca.
También ha trascendido que, desgastada por el prolongado conflicto que hace más de tres meses sostiene con Epec y la Provincia, Luz y Fuerza no sólo ha sufrido la fractura de su frente gremial (la regional Villa María capituló antes en los reclamos por la reincorporación de Héctor Tosco a la Gerencia de Tecnología y Comunicaciones), sino que también empieza a experimentar el desencanto de sus bases. Incluso el desbande, con reclamos que no siempre son orquestados por la conducción del sindicato, sino que, en algunas ocasiones, son decididos inorgánicamente por grupos “autosuficientes”.
La Provincia, por otro lado, difícilmente decida ahora reblandecer su postura. Ha logrado una victoria parcial sobre el gremio con la recuperación de las claves de acceso al sistema informático, recuperó el control de la empresa para el directorio, contuvo los reclamos del sindicato con la implementación de la Ley de Servicios Esenciales, y ya ve reflejadas en las cuentas de Epec el ahorró que ha significado una reglamentación más estricta para el reparto de horas extra, la tercerización de las tomas de estado y el plan de pasividad anticipada.
Con las tres puntas de la negociación firmes en sus pretensiones, las tratativas no serán sencillas. Por el contrario, prometen ser complejas y prolongadas.