Vista a la temprana y fallida industria (Tercera Parte)



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Ilustración que muestra una fábrica de zapatos en Estados Unidos, avanzado el siglo XIX.

Quedó por comentar, referido a la fábrica de sombreros antes descripta, la presencia de menores de edad entre los trabajadores y trabajadoras en el establecimiento. Esto, sin duda chocante para la mentalidad actual, se explica por la carencia de una ley que regulase el trabajo infantil. Dicha conquista, tras algunos antecedentes válidos, sólo se lograría concretamente en 1906 con la ley 5.291 que, a instancias del diputado socialista Alfredo Palacios, prohibiría el trabajo a menores de diez años.
Para concluir las citas del diario La Patria en 1894 que enriquecen el conocimiento de las industrias del fin de siglo cordobés, se transcribirá su visita a una de las producciones cordobesas más significativas a fines del siglo XIX, la del calzado, que llegaba en alza al fin de siglo. Carlos Luque Colombres, al historiar la Bolsa de Comercio de Córdoba, afirma que “había en 1900 cinco fábricas de calzados en la ciudad capital, y una de ellas, la más importante, era la de Farga Hermanos”. Bialet Massé, por su parte, ratificaba en 1904 que las fábricas de calzado constituían “una de las industrias de exportación más poderosas” de Córdoba. Y el trabajo -ya citado- Chimneys In The Desert: Industrialization in Argentina During the Export Boom Years, 1870-1930, de Fernando Rocchi, afirma que la industria zapatera de Córdoba empleaba a unos mil trabajadores al comenzar el siglo XX. El mismo libro -que toma datos del autor Waldo Ansaldi- informa que las cinco fábricas existentes a fines del mil ochocientos noventa vendían la mitad de su producción en otras provincias argentinas, y que debían luchar tenazmente contra la competencia del litoral, en especial la de Buenos Aires.
La fábrica visitada por La Patria en febrero de 1894, según surge de la propia crónica, eran los calzados “El Águila”, establecimiento de propiedad de los señores Granados y Hombrabella, cuyos apellidos también aparecen citados en el trabajo de Jorge Di Fiore (Precursores de la Industria Argentina Siglo XVII al XIX) en un listado de industriales cordobeses, como responsables de una fábrica de calzados a vapor en el año 1889. Al repasar los datos de la fábrica de calzados “El Águila” provistos por el cronista de La Patria en 1984, se lee que éste era un establecimiento “de reciente fundación”, por lo cual se puede conjeturar que los mismos socios habrían tenido un taller cinco años antes, el cual habría sido refundado o refuncionalizado. Es muy probable que al menos el Sr. Hombrabella estuviese estrechamente ligado al sector curtiembre, y a la exportación de cueros a España. Al menos, en el diario español La Vanguardia de febrero de 1881 se menciona el arribo desde el puerto de Rosario de Santa Fe de una remesa de “14.000 cueros y 22 pipas sebo a E. Estasen”, remitida por un tal Hombrabella. Una mención sobre esta fábrica, años después, se encuentra en el libro Origen, desarrollo y transformación de la manufactura del calzado en la Argentina (1870-1920), de Marina Rieznik y Pablo Kabat, donde se indica que en 1909 la fábrica cordobesa de Ombravella Hnos. y Cía. (sic) producía 200 pares de calzado diarios para hombres y mujeres, empleando maquinaria de origen estadounidense y en el tipo de producción indica “Cosido McKay y clavado”.
Esto aporta La Patria sobre esa fábrica

La Patria, 16 de febrero de 1894
Córdoba Industrial
Fábrica de calzado “El Águila”
Consuela, en medio de la tremenda crisis porque pasa nuestro país, -consuela decíamos el espectáculo que presentan los establecimientos industriales que se levantan con la chimenea clásica, como si en ella el genio del trabajo quisiera otro ambiente mas puro y un espacio más dilatado.
Hemos visitado ayer la fábrica cuyo nombre está al frente de estas líneas, establecimiento que, de reciente fundación, ha adquirido ya, sin embargo, un desarrollo increíble.
Ocupa la fábrica un espacioso y cómodo local, en la calle 27 de Abril 129. Entrando, y en el primer zaguán, a la derecha, está la Dirección que comunica con todo el resto del edificio por medio de una serie de piezas, siendo la primera destinada a las hormas, luego otra para el cortador, una más para la preparación del calzado, o lo que se llama apronte, y por fin, para cuadrar un patio, despejado y amplio, un salón con capacidad para treinta o más personas que se ocupan en dar los últimos toques. Por que el calzado se confecciona casi en su totalidad en máquinas que, a no dudarlo, son de los más perfeccionados que han fabricado. Un motor de fuerza de seis caballos mueve las instalaciones y allí, se desvira, se clava, se corta la suela y apenas si sale con defectos pequeños, que se encargan de subsanar los operarios a que anteriormente hacíamos referencia, quienes a su vez, lo pasan al departamento de las cajas hechas en el mismo establecimiento.
Actualmente se ocupan en la fábrica «El Águila», unos sesenta operarios que ganan por término medio, un jornal diario de $ 2.50. A más trabajan varias mujeres, en el apronte, y en la costura, y puede calcularse que ganan 1.25 a 1.50 diario, con un trabajo que no excede de ocho horas.
Se fabrican actualmente 150, y hasta 200 pares de botines, pero esta cantidad puede elevarse en cualquier momento hasta 500 pares que encuentran fácil salida en el Rosario y Provincias del Interior, como así mismo en nuestros departamentos de campaña.
Hace tres meses recién a que se ha establecido esta fábrica, contando con un capital de $ 40.000, sin incluir en él el costo de las máquinas, que alcanzará, sobre poco más o menos, a unos 8.000 pesos de nuestra moneda. A pesar del poco tiempo que tiene de instalación, ha conseguido abrirse camino debido sin duda a la bondad del artículo que ofrece, se puede competir con sus similares extranjeros. Todos los materiales que se emplean son del país y se procura que los trabajadores sean también criollos.
Los señores Granado y Hombrabella, propietarios de este establecimiento, no hace mucho a que pidieron exoneración de los derechos fiscales por el término de diez años, y ya se ha expedido favorablemente el fiscal.”



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