Vista a la temprana y fallida industria (Segunda Parte)

Prosigue el acercamiento a la producción local en 1894, en este caso con la visita a una fábrica de sombreros que funcionaba en la ciudad, por un reporter del diario La Patria.



Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com

Costureras en una fábrica de sombreros española, comienzos del siglo XX.

El diario La Patria, al hacer su aporte al conocimiento de las industrias activas en Córdoba a fines del siglo XIX -específicamente en 1894- relata la visita a una fábrica de sombreros. No especifica el diario desde cuándo funcionaba ese taller -aunque deja saber que había conocido etapas anteriores-, de dónde era natural su dueño, ni tampoco la ubicación del establecimiento. En compensación, la visita del repórter abre la puerta a detalles ricos del proceso de fabricación, al número de operarios y operarias que allí trabajaban (incluidos varios menores), así como a aspectos propios del mercado sombrerero local. Es de notar que, en 1898, el diario Los Principios, al denunciar un elemento nocivo para la continuidad de esa industria local: el impuestazo a los sombreros mencionaría “las tres fábricas que actualmente existen (y una ya no debe trabajar)”.
La fábrica visitada marchaba bien y su dueño era optimista, aunque en los hechos no todo se presentaba luminoso. Aparte del impuestazo sobre el que se extenderá Los Principios cuatro años más tarde, hay que considerar la competitividad de la producción, en el día a día de lucha por el equilibrio entre costos de fabricación y precio de venta, alcance de la distribución y capacidad de absorción por el mercado local. Ya que se trata de historia y no de literatura, se puede arruinar el final con una cita de Chimneys In The Desert: Industrialization in Argentina During the Export Boom Years, 1870-1930, de Fernando Rocchi, donde se señala que a finales de siglo y comienzos del XX, “la competencia de Buenos Aires mató la producción cordobesa de galletas, las industrias de sombreros y afectó seriamente la producción de muebles, carruajes, cuero, jabón, velas y cigarrillos”. Evidentemente, el mercado -como ocurriría con la producción harinera- quedaba para los industriales más fuertes y competitivos.
El siguiente texto contiene ciertas palabras desconocidas al describir el proceso de fabricación, difíciles de chequear. Puede haber errores de tipiado, pero es conveniente citarlas de forma literal. En cuanto al proceso, lo que lo dividía de la producción manual y artesanal aparece en las máquinas de coser y en la incorporación de máquinas y calderas de vapor para los procesos de cortado, lustrado, engomado del producto.

“Fábrica de sombreros
Invitados galantemente por el señor Bautista Cisneros hemos visitado ayer la fábrica de sombreros que existe en esta ciudad y de la que es propietario dicho señor.
Desde que uno entra en el establecimiento, ya siente su espíritu gratamente halagado, no por la riqueza ni lujo de las instalaciones, que no pueden ser más modestas, sino porque todo el aspecto de la fábrica revela que allí domina por completo el espíritu de orden y de trabajo.
Bajo de un espacioso galpón de material con techo de zinc se hallan instaladas todas las maquinarias y departamentos anexos de la fábrica; la máquina de preparar el pelo, en que se echa este y después de un ligero bataneo sale convertido en una tela gruesa y espesa; pasando enseguida al Departamento del embestido donde se le da la primera mano adaptando la tela a la forma que se quiere tenga el sombrero.
De allí se llevan al departamento del perlido donde se adapta el sombrero a una horma y se pule perfectamente toda su superficie, hasta dejarlo completamente liso,
En seguida pasan al departamento de la plancha, donde hay una estufa en la que se pueden calentar veintidós de aquellas a la vez, y en cuyo departamento son perfectamente planchados y enviados en seguida al repulido, que sirve para quitar al sombrero cualquier aspereza que haya podido quedar en su superficie.
Luego son pasados al departamento de costura de que hablaremos más abajo, donde se cosen las cintas que lleva cada sombrero, volviendo en seguida a la fábrica para entrar al departamento de la tinta, en donde los sombreros son echados en grandes tachos de obre que contienen tintas de diferentes colores.
Salidos de aquí, vuelven los sombreros a la costura, para que se les cosa la tira de cuero que llevan en su interior, y en seguida, ya concluidos, se traen al departamento de las cajas, en que son acondicionados perfectamente y enviados a las casas que los expenden al público.
Hemos visto los productos de esta fábrica, y podemos asegurar que ellos no desmerecen en nada sus similares extranjeros, teniendo a más la ventaja del bajo precio y de ser fabricados en el país.
Todas las máquinas son movidas a vapor, por medio de un motor de fuerza de diez y ocho caballos, sistema Componad triple expansión, en el cual se quema leña y carbón a la vez.
La fábrica produce diariamente cuatro docenas de sombreros de varias clases, los que tienen inmediata salida en esta plaza y en la campaña.
El señor Cisneros nos hablaba de las dificultades con que había tenido que luchar desde el principio, especialmente con la escasez de operarios competentes, que aquí no existían y que tenía que traerse desde la Capital, pagándoles sueldos crecidísimos; por la dificultad de conseguir la materia prima, que en su mayor parte se introduce del extranjero.
Pero todo ha sido vencido, y hoy la fábrica puede sostenerse sola, teniendo por delante de sí un brillante porvenir.
Cuando recién comenzó a funcionar la fábrica, el Sr. Cisneros, sabiendo que en el taller de la Sagrada Familia, se hallaban escasas de trabajo, ofrecióles proporcionarles el trabajo de la costura de sombreros, lo que fue aceptado, y hoy se ocupan en eso solamente diez mujeres por día.
La fábrica da trabajo actualmente a treinta y cinco operarios, esperándose poderlo proporcionar en breve a sesenta o más. De esos treinta y cinco operarios doce son mujeres y ocho muchachos menores de 15 años.
El capital de la fábrica actualmente alcanza a 27.000 pesos, sin que aquella tenga deuda alguna en su contra.
En suma, el establecimiento del señor Cisneros es un nuevo elemento de progreso y adelanto que viene a aumentar nuestra riqueza, y sobre el que llamamos la atención del público, el cual debe prestarle toda su protección, pues hace honor a Córdoba y a su industria.”



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