Yorio, del Decanato a la cátedra de Semiología

Después que expire su mandato, en dos semanas, Yorio volverá a su cátedra de Semiología, desde donde ha desarrollado durante 35 años la parte principal de su trayectoria docente. Su paso por el Decanato será entonces un intermezzo de su magisterio o un paso rasante por la política universitaria, dicho sea esto en el año centenario de la Reforma del 18.



Por Gabriel Osman

Marcelo Yorio, decano de Ciencias Médicas de la UNC.

Cuando Carolina Scotto impulsó y luego puso en vigencia la limitación de mandatos para los cargos unipersonales – una de sus mejores decisiones- todos intentaron estrujar esta restricción hasta sus confines. Como este límite permite dos mandatos consecutivos y un tercero pero alternado con un ciclo fuera del cargo, los decanos buscaron colocar como sucesor al vice de su segundo mandato, para que inmediatamente quedara inhibido y ellos en aptitud, con la presunción de que su capital electoral estaba más o menos intacto.
Estos planes y expectativas no se verificaron nunca: cuando Daniel di Giusto (Agropecuarias) colocó a su vice Daniel Peiretti, porque éste testó a favor de su secretario general, Marcelo Conrero; tampoco con Gabriel Tavella (Ingeniería), que puso a segundo, Roberto Terzariol, para este menester, y el actual secretario general de la UNC hizo lo propio impulsando a Pablo Recabarren; ni con Gustavo Irico (Médicas), que ayudó a sentar en ese sillón de decano de “mandato intermedio” al vice de su segundo período, Marcelo Yorio, que también optó por otra alternativa, impulsando a Rogelio Pizzi, que ganó con comodidad y que debe asumir el 1 de agosto.
Todos estos vicedecanos convertidos en decanos sintieron el síndrome del “pato rengo” (expresión acuñada por el periodismo norteamericano para aquellos políticos que tienen poder a plazo fijo) que, al margen de lo que cada uno viviera como experiencia subjetiva, decidiera desempeñar su rol con ese complejo o en plenitud, como es el caso de Yorio.
Después que expire su mandato, en dos semanas, Yorio volverá a su cátedra de Semiología, desde donde ha desarrollado durante 35 años la parte principal de su trayectoria docente. Su paso por el Decanato será entonces un intermezzo de su magisterio o un paso rasante por la política universitaria, dicho sea esto en el año centenario de la Reforma del 18. Algo muy cercano al concepto de poder en el ideario reformista y en las antípodas de lo que hoy es en la UNC y, en general, en la universidad pública.
Debe observarse y contraponerse esta experiencia con el poder. Ciencias Médicas es la Facultad más grande de la UNC. De hecho, la “provincia de Buenos Aires” de la ciudad Universitaria en términos de potencia electoral. De esta unidad académica salió dos veces hacia el segundo piso del Pabellón Argentina quien es hoy rector, Hugo Juri. Esta Facultad también cobijó la búsqueda de poder de los dos decanos que precedieron a Yorio: José María Willington y Gustavo Irico, los únicos de filiación peronista manifiesta que ha tenido Médicas en su historia.
Esta Facultad tuvo un protagonismo excluyente en las sesiones de la Asamblea Universitaria que eligieron a Francisco Tamarit y a Hugo Juri: en el primer caso, una vuelta de campana promovida de Irico torció el resultado y colocó al físico de Famaf como rector; en la segunda, su Consejo Directivo impulsó decisivamente a Juri y quebró las aspiraciones reeleccionistas.
Ese rol electoral decisivo que ha tenido Ciencias Médicas durante décadas le permitió a Irico aquella pirueta y, también, la contraprestación en obras y equipamiento que Irico acordó para la Facultad, en especial para el Hospital Clínicas, que luego Yorio ejecutó con diligencia y bajísimo perfil. No puso su foto en actos o inauguraciones. Tal vez para no endosar ninguno de los dos términos del acuerdo, aunque él define de “impecable” su relación con su antecesor.



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