¿La única raíz?

Con un misterioso posteo en su cuenta de la red social Instagram, la cantante Ariana Grande abrió la posibilidad de que Madonna la acompañe en su próximo álbum, “Sweetener”, que saldrá a la venta el 17 de agosto; justamente, un día después de que la reina del pop cumpla 60 años.



Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

El próximo 16 de agosto, Madonna cumplirá 60 años. Ícono de la cultura pop de finales del siglo pasado, la cantante se las arregló muy bien para que su racha se prolongue en este nuevo milenio, aunque más no sea a través de largas giras y de lanzamientos discográficos cada vez más esporádicos. Por supuesto, no cabe esperar de ella a esta altura que se despache con una extravagancia tras otra, como solía hacer en sus años de ascenso y consagración. Sin embargo, cuesta pensar que una figura tan controvertida haya decidido dejar de lado su faceta más provocativa, por mucho que haya madurado.
En realidad, en la actualidad la presencia de Madonna en el campo de la música internacional podría decirse que es tácita: aunque no esté, sigue estando. La mayoría de las cantantes femeninas surgidas de un tiempo a esta parte tienen algo de ella, ya sea en su música o en su actitud sobre el escenario. Ha sido tan fuerte la impronta que marcó entre sus contemporáneas, que ese sello terminó impregnando a muchas de las que vinieron después, algunas de las cuales empezaron a competir por hacerse acreedoras a la bendición de la reina madre del pop.
Y es que, más allá del largo tiempo transcurrido desde su irrupción en la escena ochentosa, tampoco es que han ocurrido grandes novedades desde entonces en las estrategias para instalar entre el público a una nueva intérprete. Si bien la imagen de la mujer ha evolucionado de forma notoria, la conducta audaz y desenfadada que pueda mostrar una vocalista en la manera de abordar su carrera sigue siendo un mecanismo efectivo para llamar la atención, en un primer momento, y para sostener una postura coherente, después. En eso, Madonna ha sido el faro que supo iluminar el camino a seguir por varias de las aspirantes a sucederla (o acompañarla) en la cúspide.
Es imposible echar un vistazo al panorama musical de las intérpretes femeninas de moda, sin encontrar en ellas un denominador común, que en la mayoría de los casos es precisamente algún tic, algún gesto o algún ritual impuesto por Madonna en su momento, que hoy ya forma parte del bagaje cultural que perdura como sustrato de todo lo que vemos y escuchamos en el universo de la música. Quizá ya no sea posible identificar con claridad su origen, pero al indagar en lo profundo es natural encontrar allí el ADN de Louise Veronica Ciccone.
Quien más claro parece tener esto es Ariana Grande, que está a punto de sacar un nuevo disco y, para calentar los motores, publicó en Instagram una foto en la que se la ve junto a Madonna. La exchica Disney le da las gracias a su mentora y le transmite un sugestivo “vos sabés por qué”. La catarata de suposiciones que desató este posteo continúa dos días después y ha logrado, como quizás era su propósito, que en el inconsciente colectivo se refuerce el vínculo entre estas dos figuras musicales populares.
Al día siguiente de que Madonna sople las velitas de sus 60 años, estará en la calle “Sweetener”, el nuevo álbum de Ariana Grande que, según intuyen sus seguidores y la prensa especializada, podría contar con la participación estelar de la soberana del pop. Un dueto que podría redituarle con creces a la más joven y que, a la más madura, le posibilitará corroborar una vigencia irrestricta. Porque hasta las que reclutan adoradores en cantidades industriales, prefieren remitirse a ella al momento de reclamar un antecedente, dentro de un árbol genealógico que admite infinitas ramas, pero que desea confluir en una única raíz.



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