El imprevisto Hak mirando hacia 2019

La irrupción del escándalo del ex secretario de seguridad en la política local complica el panorama para un peronismo que -por primera vez en mucho tiempo- ve peligrar su hegemonía.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Los imprevistos obligan a reformular estrategias. No importa de qué orden de la vida se trate, las eventualidades que pueden surgir ponen a prueba nuestra capacidad y creatividad para resolver esos entuertos y retomar el camino.
El caso del ahora ex secretario de Seguridad Diego Hak tal vez termine representando una piedra en el zapato problema para el oficialismo cordobés en vista de las elecciones del año próximo. Aunque otras veces en el tiempo estuvo cerca de abandonar la conducción provincial (en aquella noche en la que Luis Juez denunció fraude pero quedó como defensor pidiendo el offside porque no pudo probarse nada), esta vez se suma un desgaste de dos décadas al frente de la Provincia.
Las fuerzas de los que destronaron al radicalismo ya no son las mismas, mientras que la generación que sigue no demuestra la misma ambición que sus predecesores. Estos tienen las mañas de los hijos que se criaron en la abundancia, lejos de la necesidad de tener que sacarle agua a las piedras, algo que cierta oposición aprendió luego de vagar tantos años por el desierto.
Tampoco es la primera vez que estalla algún escándalo que con sus esquirlas daña la fachada del gobierno. Tal como ocurrió con el narcoescándalo denunciado por el hoy concejal Méndez, otra vez se mezcla la connivencia política con el narcotráfico, la noche y los negocios oscuros.
Aquella vez era más fácil ubicar al contendiente, un Méndez dispuesto a proyectarse a la política pero que todavía no se decidía a hacerlo. A diferencia de entonces, hoy parece existir una mano oculta que pretende cobrar algún desaire, por alguna interna con la Policía de la Provincia por el aumento de la delincuencia y la inseguridad. Siempre es más fácil defenderse cuando sabemos contra qué -o quién- lo hacemos.
Esos dos elementos plantean un desafío para los estrategas del gobierno, que deben aislar y minimizar el problema para evitar que se convierta en un problema mayor. Hasta ahora están obrando según los manuales: Hak denuncia al padre, luego renuncia, le dan el respaldo público y reafirman su compromiso a favor de la lucha contra el narcotráfico.
El tema es cuando el manual se queda sin respuestas. La oposición provincial, aunque atomizada, puede encontrar un consenso respecto a la ventana de oportunidad que se le presenta. Esto, además de poner en riesgo la hegemonía peronista en la provincia, hace de la capital un territorio aún más difícil de recuperar. De alguna manera, la ciudad gobernada por Ramón Mestre ha decidido darle la espalda a los sucesivos candidatos a intendente por Unión por Córdoba, no por una elevada adhesión al proyecto radical, sino más bien por el ingrato recuerdo de la gestión del primer vicegobernador de De la Sota, Germán Kammerath.
El peronismo capitalino se encuentra dividido y golpeado. Esa fragilidad es una mala señal para un Schiaretti que -por más buena relación que tenga con la Casa Rosada- no puede ser, al menos formalmente, el candidato de Macri.
Aunque la danza de las fechas se mantenga, la certeza para el gobierno provincial es que no se pueden descuidar respecto a lo que pase en la elección a intendente de la capital. Aunque Schiaretti es un candidato sólido, una mala performance de su partido en Capital puede complicar sus aspiraciones.
Toda la maquinaria peronista se ha puesto a trabajar para aislar rápidamente a Hak, ya que este sainete puede significar mucho más que un funcionario eyectado por el gobierno.



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