De diputados, mollejas y suspenso

El suspenso flota en el aire. Todavía no se sabe muy bien qué nos depara el futuro, así que por las dudas hoy debatimos si queremos más donantes y más diputados.

Por Javier Boher
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Ay, ay, ay amigo lector. ¡Qué difícil festejar un nuevo aniversario de la independencia!. Es como que todo el mundo se lo pasa por alto, feliz de que toca un dichoso lunes feriado que ayuda a que el regreso sea menos traumático. No es que a uno le brote la nostalgia nacionalista, pero las pocas banderas que se ven son las que sobraron de ver a los conducidos por Sampalobby.
No sé si ha notado que hace ya un tiempo que la cosa viene medio rara, como cuando te llega un mensaje inesperado que sí o sí esconde algún mangazo. Es como si todos estuviésemos pendientes de la llegada del anuncio de que vamos a tener que poner la tutuca porque los números no le cierran al columnista televisivo que interpreta el papel de ministro de economía.
Es que se anunció que el acuerdo con el FMI iba a traer una serie de ajustes y recortes que todavía siguen sin aparecer. Ese suspenso es lo que nos está matando, señora. ¡Anuncien de una buena vez por dónde va a pasar el cuchillo así sabemos más o menos cómo acomodarnos sin una pierna!.
Estamos como cuando uno se sube al tren fantasma, que va mirando para todos lados a la espera del susto que no llega. Hay que ver si cuando aparezca es sólo una sorpresa o si nos pasa para el otro lado de un infarto. No nos engañemos, que todos esperamos que cuando termine la vueltita sólo sea un fiasco como cada vez que nos subimos al del Super Park para acompañar a los chicos en las vacaciones de infierno.

Entregando las mollejas
Ahora, las más encumbradas voces conspirativas han dejado en claro que la Ley Justina -ésta de que todos somos donantes presuntos- es una exigencia del FMI para pagar la deuda con nuestra propia carne. Así escuché en la verdulería y estoy seguro de que tienen razón, porque mis vecinas viejas son las únicas capaces de desafiar la red de información personal que tiene facebook, porque no se les escapa ni un dato del barrio.
La verdad que es inadmisible que este gobierno de comunistas disfrazados de liberales alsogarayanos pretenda echarle mano a mis chinchulines sin que yo pueda opinar sobre el destino de mis arterias taponadas por la grasa del asado o mi hígado lastimado por la ingesta de bebidas alcohólicas. ¿A quién se le ocurre que el Estado puede decidir por mi cuerpo?.
No se asuste, que ése no soy yo. Está claro que así suenan los que después patalean y lloriquean cuando uno sale a defender la legalización del aborto. Gran cantidad de gente grande que después anda desaforada por los foros, hablando contra la ablación y el transplante, demostrando sin miramientos su extrema estrechez de pensamiento.
Ya sé que se hizo un nudo para leerlo, pero así suenan las justificaciones de los que se oponen a que entremos al siglo XXI.
No sé cuánto hay de altruismo y cuánto de oportunismo, pero está claro que (aunque necesaria) la ley ayuda a que por algún momento pensemos en nuestro futuro y no en el presente económico que tanto preocupa al gobierno.
Igual, para distraernos de la realidad no falta una nueva tanda de temas que seguro nos van a volcar a enfrentarnos entre todos, como corresponde a argentinos de ley.

Consiguiendo refuerzos
La Cámara Nacional Electoral le dio una oportunísima mano al gobierno al poner sobre la mesa el tema del número de diputados que debe representar a cada provincia. Quédese tranquilo, que no usó el neutro para obligarnos a decir diputades. Lejos de la burrada lingüística, esta vez nos dieron la derecha a los cordobeses.
Es que según la CNE, nos faltan un par de diputados (por lo menos tres). Ahora va a empezar el llanto de los de las provincias chicas que quedan con muy poco peso. Y sí, maestro: si tenes la misma cantidad de habitantes que podemos meter en el Kempes no podés tener un tercio de los diputados de Córdoba. Ainsory.
Lo bueno de ampliar el numero de representantes de nuestra provincia será que ahora les van a cerrar un poco más los números para establecer turnos en su cuadrilla medieval, esa con la que salen a cazar brujas y astrónomos que dicen que la tierra es redonda y gira alrededor del sol. Ahora no sólo se van a poder oponer a los proyectos más innovadores en el plano de derechos civiles, sino que van a estar más cerca de poder bloquearlos, ¡felicitaciones!.
Ya le digo, amigo lector, que toda esta mescolanza de temas, demandas y pataleos, esconde gran parte de incertidumbre. Nadie sabe qué pasa ni qué viene. Aunque todos pueden ver los datos, ninguno puede finalmente tomar decisiones y sacar ventajas. Eso es parte de lo lindo que tiene nuestro país y por lo que vale la pena celebrar la independencia: si todo fuese muy ordenado, también sería demasiado aburrido. Y no podemos permitirlo.



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