El candidato de la nostalgia

Una vez más el ex presidente Duhalde postuló a Roberto Lavagna como candidato de unidad para el peronismo en 2019, quizás por la nostagia respecto a los años de bonanza del primer kirchnerato.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Hay una conocida frase de Bertolt Brecht en la que afirma que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Tan metafórica que asombra por lo concreto de algunos ejemplos que podemos encontrar en la política nacional.
Por la inestabilidad económica de los últimos tiempos, una vez más salió el ex presidente Duhalde a ofrecer a su jugador estrella, Roberto Lavagna, para encabezar la reconstrucción del peronismo de cara a 2019.
Como si aquella jugada de ungir a Néstor Kirchner como su protegido en 2003 hubiese dado sus frutos (más allá del triunfo que, hay que admitir, logró) sigue convencido de que él es quien sabe lo que hay que hacer para salvar al país.
Este pronunciamiento público no ha sido respondido por un Lavagna que, seguramente, necesita mucho más que el deseo de su ex jefe para decidir subirse a una campaña con 76 años. Más allá de que pueda medir bien en las encuestas y en la consideración de algunos referentes del peronismo, hoy por hoy hay otros interesados en ocupar ese lugar.
Según Duhalde, Lavagna es el candidato que puede garantizar la unidad del movimiento. Eso significa que el resto debería contener sus ambiciones personales para favorecer a un dirigente que no cuenta con un aparato territorial de peso, sino que posee un capital político que reside especialmente en su nombre.
Si esto ocurriera, las dos vertientes principales que hoy muestra el peronismo deberían volver a verse las caras, pese a la cantidad de cosas que se han dicho entre medio. No es imposible, por aquella máxima de que el peronismo perdona una traición pero nunca una derrota, pero suena muy optimista pensar que exista algún beneficio común que motive a todos a pensar en el conjunto antes que en su quintita.
La alta consideración que tiene Lavagna viene de los tiempos en los que administró una economía en la que el grueso del ajuste ya había sido puesto en marcha previamente (con la delicadeza de un carnicero) por Jorge Remes Lenicov.
Aquel congelamiento de jubilaciones en un contexto de elevada devaluación logró que mientras los pasivos sufrían para llegar a fin de mes, los activos empezaban a ver que la economía se reactivaba y podían volver al consumo. Si a esa jugada de ajuste fuerte con recorte en el gasto social le sumamos el impacto de la suba de la soja, la cosa casi que se administraba sola.
Pero fue cuando volvió la política y se creyeron que esa bonanza era eterna que Lavagna terminó afuera, denunciando la corrupción de De Vido y los manejos oscuros de la administración nestorista.
Lo que le siguió a ese momento fue un camino que lo llevó a ser el candidato presidencial de un radicalismo que todavía buscaba su identidad, alejado del brillo de otras épocas. Lo acompañaba en la fórmula Gerardo Morales, hoy gobernador de Jujuy por el oficialismo.
Después de aquel traspié electoral (en el que igual logró una nada despreciable suma de votos) volvió a las filas del justicialismo en una de las tantas elecciones dedocráticas con las que se redefinen los cargos partidarios.
La crisis del peronismo ha logrado que haya decenas de anotados, aunque pocos lo expresen públicamente (a excepción de los que se saben fuera de antemano). La realidad es que si la unidad o las chances de victoria estuviesen cerca, ya sabríamos si existe un verdadero candidato, algo que todavía no se avizora.
Lavagna representa esa memoria selectiva respecto a los primeros años de bonanza del nestorato, que la gente recuerda como los de la recuperación del consumo. Allí radica la fortaleza que ve Duhalde, la idea de que se puede vender un modelo económico kirchnerista sin la pata política, como si fuesen escindibles.
En medio de la confusión, la nebulosa justicialista se sigue moviendo. Víctima de los tironeos entre los que no terminan de hacerse a un lado y los que aún no tienen la suficiente fuerza para desplazarlos, el peronismo sigue buscando a un candidato que todavía no se decide a aparecer.



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