Esperando el milagro

Parece que Gatricio no entendió que al que le pedían los cambios era a Sampalobby. Ahora vamos a tener que esperar para ver qué pasa, así sabemos si están haciendo jugar a los amigos o a los mejores.



Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Yo ya no entiendo nada, amigo lector. Entre la media sanción que Diputados le dio al aborto y los resultados del Mundial, uno ya no puede andar opinando tranquilo de cualquier cosa como se espera que haga un argentino de ley.
La lógica de las cortinas de humo no estaría funcionando, porque a esta altura, y con la cantidad de temas que hay dando vueltas, ya no se puede saber qué está para tapar qué cosa. Cómo será de complicado todo, que un paro nacional de camioneros terminó opacado por frases en esa neolengua neutra que se impone entre la juventud progre.
No me diga que usted esperaba que lo del aborto saliera de taquito, porque no le creo. En un país con la larga y pesada tradición religiosa del nuestro, lo que hicieron los diputados fue como el triunfo de México a Alemania, con camiseta verde y todo.
Aunque el señor que se viste de blanco después asimiló el aborto al nazismo, terminó como los que jugaron de blanco, yendo a buscar la pelota al fondo del arco.
Si bien Pancho demoró en responder, todos saben que no le gustó nada que la sociedad argentina haya sido puesta al borde del colapso por el plan eugenésico diseñado por las potencias y el FMI para controlar la natalidad de nuestras clases combativas, o algo así según pude entender desde el bando de los que no les gustó el proyecto.
Resulta que, encima, para ajustar un poco más la relación con la Iglesia, en su redescubierto laicismo los radicales quieren presentar algunos proyectos para que el Estado deje de pagar los sueldos de los obispos y sus secuaces, algo que otros que suelen ondear banderas rojas como el color que identifica a los muchachos del comité vienen reclamando hace rato.
Ya sé que algunos me van a venir a correr con la constitución y que sostenemos el culto católico y toda esa perorata conservadora. La Carta Magna ya lo decía en 1853, pero nos tenemos que comer ese gasto por un Videla que no es el negro ídolo del pueblo cordobés. Dios te da, Dios te quita.
Aunque ese primer tiempo victorioso del sector pro-legalización se tiene que definir en la cámara de los gerontes, fue una sorpresa que le pone presión a los que llegaron al partido con banca. Hay que ver qué pasa ahora, porque si los senadores lo bloquean, vamos a quedar todos con el mismo gusto a poco que nos dejó el empate de la Selección con 11 vikingos que desayunan y almuerzan hielo.
El resultado imprevisto alteró algunos planes. En ese sentido, habrían hecho bien los comunicadores en seguir los consejos de Sampalobby respecto a la planificación, porque siguieron a rajatabla lo estipulado cuando llenaban el prode: “a las 12 goleamos a Islandia, si metemos más cambios de gabinete nadie se da cuenta”.
Confiados en que iban a estar todos hablando de cómo se ata los cordones Messi para ser el mejor del mundo, armaron el horario para tirar la información a la tarde. Con el resultado puesto, todos estaban viendo cómo iban a hacer para sacarle los cordones a los botines de Messi para dejar a Biglia atado en el hotel antes del partido de Croacia.
En medio de esas fantasías salen y anuncian que dejaban sus funciones dos leales. Con menos timing que los centrales argentinos, los entregan a la picadora de las redes.
Eso nos tiene que convencer de que si son el mejor equipo de los últimos 50 años es porque los otros eran como los equipos que juegan el mundial paralelo en Inglaterra, todo con naciones inexistentes.
Ahora, usted debe saber más de esto que yo, amigo lector: estos cambios del gabinete económico dan para ponerse a pensar. No queda claro si venimos fenómeno y les dan licencia, si venimos mal y los castigan, si no saben si venimos o si vamos (y por las dudas ponen a otros), o si solamente se trata de rodearse de amigos por las dudas.
Así como al pelado de chupines le cuesta armar el equipo para rodear a Messi, parece que acá tampoco terminan de dar en la tecla con quiénes deben acompañar a Dujovne, que en realidad no sería como la Pulga sino como esos que se venden bien en los medios pero en la cancha hacen bastante poco.
Voy a tratar de ser precavido, amigo lector, pero cuando uno llama a los amigos es porque se mandó alguna de la que no se deben enterar los padres. Ahora nos esperan semanas de que todo va a estar bien, que no hay que preocuparse, que esto se hace para que no explote la bomba.
La cosa es que hay que seguirlos de cerca, porque después vienen las estatizaciones de deuda privada, los salvatajes, los chocoarroces y la mar en coche, para que los amigos queden bien parados mientras el resto fetea los granos de arroz para que parezca que come más, con una bomba que termina por explotar lo mismo.
En esto me imagino que vamos para el mismo lado, estimado. Si en algún momento tiene que explotar, que sea ahora, que todavía estamos en fase de grupos. Si hacen todo el circo este de que están por salvar a la patria del peronismo antropófago, pero sólo para que después nos terminemos comiendo entre nosotros, salgamos a prepararnos para lo que viene.
Aunque seguro en estos días de suba del dólar usó la calculadora más que hincha de Belgrano, lo ayudo con la cuenta: de las elecciones hasta acá, comprar un verde subió $10, más del 50%. Yo de economía entiendo más bien poco, pero a las cosas las pago con aumento como todo el mundo, desde el analfabeto hasta el doctorado.
Aunque Sampalobby se empecina en hacernos sentir derrotados, vamos a resistir esperando salir campeones. Porque a esta altura, parece que lo único que nos queda es esperar un milagro.



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