Enroque en la UNC

En la Ciudad Universitaria impera la democracia directa. No así en la Daspu, que sigue eligiendo presidente en forma indirecta y, además, su empleador, la Universidad, le designa dos representantes en el Consejo Directivo. Tropiezos del ministro Finocchiaro en su paso por Córdoba, que por hacerse el Voltaire lo criticaron sin concesiones.



Por Gabriel Osman

Sistema electoral anacrónico de la Daspu
El viernes la UNC celebró el centenario de la Reforma de 1918. Es decir, la canonización de los concursos como sistema de ingreso a la cátedra, más autonomía y democracia en la universidad pública. Habría que repasar (y primero conseguir!) el porcentaje de cargos docentes concursados en la casa de estudios, previo desagregado de los que permanecen en la cátedra por el sistema de “control de gestión”, sucedáneo sancionado por la ex rectora Carolina Scotto para reemplazar a los concursos, que consiste en controles internos inter pares. Son secretos que, por algo, están guardados bajo siete llaves.
La autonomía y el cogobierno (con participación estudiantil) es la democracia en términos universitarios, que lleva desde la reinstitucionalización del país, en 1983, su ciclo más prolongado sin interrupciones.
Más todavía. El rector Hugo Juri perfeccionó la democracia en la UNC al consagrar elecciones directas para las principales autoridades: rector y decanos (ya existía este mecanismo para los representantes de los cuatro claustros en los órganos colegiados de gobierno). Sin embargo, existe un rincón en la Ciudad Universitaria impenetrable para la democracia, aunque las autoridades de la UNC no tengan responsabilidades en esta anomalía. Se trata de la obra social (Daspu) de docentes, no docentes y jubilados, cuyo presidente es designado por representantes de estos tres estamentos y que, precisamente, en el Centenario de la Reforma del ’18 se apresta a renovar su Consejo Directivo. Sigue en la Daspu persistiendo un sistema de democracia indirecta, perfectible en la misma dirección que le dio Juri a la elección de decanos y rector. Pero mucho más perfectible si se tiene en cuenta una injerencia, más impresentable todavía, del Consejo Superior. Es que sólo siete de los nueve consejeros son elegidos por docentes, no docentes y jubilados; los otros dos los designa el Consejo Superior, a propuesta del rector. Es como si en la obra social que administra cualquier gremio, dos representantes en la administración de su obra social los designara su empleador. En estos tiempos es una rémora inexplicable consagrada en la ley nacional de obras sociales universitarias, la 24.741, sancionada en noviembre de 1996.

El ministro Finocchiaro y Voltaire
Al ministro de Educación de Macri, Alejandro Finocchiaro, no le fue del todo bien en su paso por Córdoba, primero para participar de la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES) y después del centenario de la Reforma del ’18. Este aspirante a intendente de La Matanza (plaza fuerte de CFK) en el conurbano bonaerense, llegó a la cartera educativa luego de que Esteban Bullrich saltara a una banca en el Senado nacional. Vino el lunes pasado a Córdoba para la apertura de la CRES y fue fuertemente abucheado en el Orfeo Superdomo, donde se hizo el acto central de esta conferencia. No se quedó callado ante los abucheos y hasta parafraseo a Raúl Alfonsín al calificar de “fascistas” a los que no dejan hablar a sus adversarios. El viernes volvió a pisar Córdoba, esta vez para sumarse a los actos del Centenario de la Reforma. En vista de los sucesos en el Orfeo, tomó sus precauciones y en vez de hablar en la Sala de Las Américas, lo hizo en el Salón de Actos, también en el Pabellón Argentina, pero mucho más chico. Siguió con su cautela y evitó el acto masivo y central celebrado en el remate de la avenida Bulevar de la Reforma (ex Enrique Barros). Aunque ausente, igual fue mencionado. Allí se escucho de cabo a rabo el discurso del secretario general de la FUC, el bisagrista Luca Miani, quien hizo uso de la palabra porque lo había convencido el propio ministro. El estudiante de filosofía dijo haber tomado como un exhorto el discurso matutino de Finocchiaro, al mejor estilo Voltaire (“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”) y se despachó con críticas implacables a la gestión del bonaerense en frente del Ministerio de Educación.



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