Un Mundial más político que deportivo

Misceláneas de las primeras impresiones en Moscú, donde la sociedad rusa parece darle la espalda al Mundial, sin contar con la preparación suficiente en cuanto a idioma y trato con el turista. Comentarios de Putin que parece haber ganado su propia Copa.



Por Federico Jelic
Especial desde Moscú-Rusia 2018

La osca y escueta respuesta sin sonreír de una mujer de 60 años en el subte en la estación Lubyanka marca la tolerancia que tiene la sociedad rusa cuando alguien le habla en inglés. Por eso es preferible empezar el diálogo con el idioma español para llevarlos después al inglés, como para generar empatía en el primer contacto. Sin embargo, tampoco debe esforzarse mucho: todo es comunicación gestual porque nadie habla inglés. Solo ruso. Con esa preparación, con esa apertura al Mundial y al resto de los visitantes, Moscú recibe a la Copa del Mundo con indiferencia y sin ninguna planificación suprema. Carteles en cirílico, mapas en ruso y nada en otra lengua, es toda una aventura caminar por las calles sin tener una letra en común. Así, con ese contexto, la Rusia de Vladimir Putin extiende sus brazos al planeta para organizar el Mundial 2018, acción que a la luz de los resultados, luce más política que deportiva.
Es que el ruso no está capacitado o, para que no suene despectivo, no está preparado para ser anfitrión de una marea turística. Los supera. Pero a medida que van llegando paisanos, sobre todo argentinos, se entusiasman con sacar alguna foto o cuando comienzan a cantar los tradicionales gritos de tribuna con el “Vamos, vamos, Argentina” y el “Volveremos a ser campeones como en el ‘86”. De aspectos serios al principio, el ruso se suelta con el correr del diálogo. Pero de entrada, puede causar un fuerte impacto.
¿Está Moscú diseñada para recibir un mundial? El sistema de metro funciona a la perfección, con una puntualidad superior a la inglesa pero sus carteles figuran en su mayoría en el alfabeto local. Si uno se deja llevar por los números y colores puede llegar a destino sin inconvenientes pero debe agilizar su atención. Estos aspectos dejan en claro que no tuvieron un instructivo de cómo ser hospitalarios culturalmente. Esto se repite paradójicamente en los centros de prensa, donde ni siquiera los voluntarios o los jefes de prensa se esmeran en hablar en inglés. Mucho menos español.
Vale recordar que este Mundial y la designación de la sede en Rusia fue un movimiento más político que deportivo. El país-continente ubicado en Europa y Asia le ganó la pulseada a varias potencias para ser anfitriones, votaciones que dejaron al descubierto una gran red de corrupción y de coimas. Dicho sea de paso, el famoso FIFAGATE se originó por la comprobación de coimas a miembros del Comité Ejecutivo para asignar a Rusia y a Qatar las dos próximas copas de mundo sin siquiera haberse jugado Brasil 2014. Estados Unidos pareció tomar nota y actuó. El presidente Joseph Blatter fue obligado a renunciar y ahora la FIFA, con Giani Infantino, busca cambiar de imagen y para quedar bien con los denunciantes, esta semana se definirá la sede del Mundial 2026, donde compiten la organización tripartita entre México-Canadá y los norteamericanos contra la débil Marruecos. ¿Hay alguna duda de quién va a ganar?
Putín quería occidentalizar su fútbol, encaró la copa del mundo con responsabilidad e inversiones ante los ojos del mundo, como demostrando que si los rusos se proponen algo, van a redoblar esfuerzos para conseguirlo. En las calles hay más fanatismo por el hockey sobre hielo, el básquet, el boxeo, por ejemplo, y la fiebre futbolera parece haberse secado en tiempos de la ex Unión Soviética, cuando supo tener equipos protagonistas, con Lev Yashin como emblema y Oleg Blokhin. La “Araña Negra”, dicho sea de paso, ilustra todos los carteles de las propagandas mundialistas, pero sin duda más de la mitad de su población nunca lo pudo ver atajar, por eso hay indiferencia e ignorancia sobre su figura.

Tips para anotar
Con un dólar se pueden canjear 60 a 62 rublos. No más. Una cena o almuerzo no supera los 9 dólares pero hay menús más económicos. Borsch (sopa de remolacha), Kurnik (pastel dulce con carne, cebolla, hongos y arroz), Shashlik de pollo (una especie de brochet de carne), son algunos platos tradicionales por estas latitudes. De beber, vodka (significa “agüita” en ruso) y cervezas. Abundan las cartas de comidas en bares y restaurantes, aunque es más común de lo que parece que sirvan café o té en pubs o discotecas. Dormir en hostel es barato pero los precios subieron astronómicamente en las vísperas de la Copa. Las entradas se consiguen más por internet que en las calles. El duelo del 16 de junio en Spartak Stadium entre Argentina e Islandia es el que más rápido agotó sus localidades, por encima de la final. Insólito. Es decir, a pesar de la poca fiebre de fútbol, la expectativa de ver en cancha a Lionel Messi sigue generando pasión.
Uno de los consejos que habitualmente te dan los argentinos que residen en Moscú es no hablar de política con los rusos. Los incomoda. Son nacionalistas pero a la vez es como que tienen miedo de referirse a sus líderes políticos. Putin tiene una aprobación general de casi el 80 por ciento y a pesar de que manifestó que este será su último mandato, todos lo ponen en duda. No hay oposición. Y el anti-imperialismo no es muy marcado pero quedan resabios de los tiempos soviéticos y la Guerra Fría.
En Rusia no hay gremios y hay que pedir permiso al gobierno para manifestar. Una vez con autorización, no hay marchas: se cierran unas cuadras y los manifestantes no pueden cortar más el tránsito, so pena de represión y cárcel. Un obrero ruso gana de sueldo promedio 600 dólares, en otros cargos jerárquicos pueden aspirar a 800 o 900 de la misma moneda y, por ley, ningún trabajador puede percibir un salario menor a los 300 dólares, aunque con esa ínfima cantidad no se puede soñar con invertir en nada.
La Plaza Roja es el gran emblema y el Kremlin genera un respeto solemne a simple vista. En dicho reducto, solo se exhiben símbolos locales. La única bandera que puede flamear es la de la Federación Rusa. Menuda sorpresa se llevó un grupo de mexicanos que osó con posar su bandera para una foto al frente de la catedral de San Basilio: dos policías prácticamente corrieron a su alcance para “sugerir” que vuelvan a enrollar la bandera, no con los mejores modales… Con los rusos no se jode, diría Luis Juez.
Estas son algunas postales de la Rusia actual, modernizada con tecnología y grandes conexiones de wifi pero con un pensamiento no lejos de lo ortodoxo. Putin logró su cometido: organizar la Copa del Mundo ante los ojos de Estados Unidos. Nadie le tiene fe al equipo local pero eso es indistinto. La fiesta del fútbol está en casa y ellos, con eso, ya ganaron.



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